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Crítica | 54º Temporada de Ópera

‘La Cenerentola’ de Rossini, feliz apología del gorgorito

Para los amantes del estilo más cacareado de Rossini, esta producción es una gozada, un auténtico caramelo. El belcantismo melismático atiborrado de ornamentos, parece en ocasiones un método de agilidad para estudiantes de canto. Puede ser gracioso, o insufrible por monótono y exhibicionista. El gran Rossini del Barbero desaparece aquí en la voluntad social de complacer a quienes gustan de los alardes por encima de la buena música. Experto en autoimitarse, escribió Rossini en pocos años un montón de óperas iguales, hasta agotar la mina, aburrirse y repudiar el género. Aún en edad creativa, ya era rico…

Dicho lo cual, el público adicto tiene ocasión de pasarlo en grande, porque los Amigos Canarios de la Ópera, han reunido un reparto muy digno, con belcantistas limpios y seguros en las agotadoras vocalizaciones, tantas veces emborronadas por intérpretes menos pundonorosos.

El centro vocal y más difícil está, naturalmente, en la protagonista, la mezzo lírica rusa Victoria Yarovaya, con un gratísimo color vocal y evidente gusto por la interpretación teatral en todas las escenas en que Rossini le deja individualizar su parte dentro del casi permanente concertato de una versión recortada. Las circunstancias imponen condiciones horarias (dignas de gratitud en el operismo romántico), y esta joven cantante, que resiste muy bien las escenas de virtuosismo, llega cómodamente a la culminación del cacareo con un excelente Nacqui all’affano y su espectacular cabaletta. Gran ovación para ella.

El tenor lírico vasco Xavier Anduaga, con partitura menos adornado, estuvo muy bien en el rol del Príncipe por el color, la belleza y consistencia del timbre vocal, con un brillante y poderoso agudo justamente celebrado por el público.

El resto de los personajes, todos bufos, brillaron notablemente en lo musical y lo teatral. El barítono Misha Kiria en un Don Magnífico que hace honor al nombre en toda su parte; el también barítono tinerfeño Fernando Campero, generoso de voz en Sandini, es un caricato de ricos recursos; y la mezzo Cristina Barrio, junto a la soprano Sofía Esparza, están brillantes de voz, expresión y juego escénico en las dos hermanastras envidiosas. Un pequeño grupo de voces masculinas del coro ACO completa con discreción el efectivo canoro de este montaje

Lorenzo Passerini dirige la función al frente de la Orquesta de Gran Canaria, en un trabajo de precisión muy estimable. La orquestación de Rossini es más sustancial que la de otros belcantistas, desde la tópica y larguísima obertura hasta que cae el telón. Los problemas de ajuste con los cantantes que no emiten notas exentas sino decoradas con mil rodeos, son aceptablemente salvadas por la entrega y atención del joven batuta.

Por compromisos de programación en el Auditorio Alfredo Kraus, esta Cenicienta se está haciendo en el Teatro Pérez Galdós, cuyo foso, la escena ampliada hace años, la ingeniería teatral y las posibilidades lumínicas propician escenografías y decorados inviables en el otro espacio. La decoración y transiciones ausentes en lo que va de temporada no quedaron compensadas con el regreso al Teatro, por ser casi tan precarias como las precedentes. Esta pobreza repetitiva permitió, sin embargo, un movimiento escénico mucho más vivo y expresivo, gracias al director Raúl Vázquez.

Excelente noticia es la del recital del extraordinario tenor polaco Piotr Beczala, uno de los más solicitados de la actualidad, desde el Met a Bayureuth, que ofrecerá ACO a los fidelísimos socios. Hace pocos años cantó Beczala en el Galdós y tuvo que dar seis bises.

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