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Mario Méndez | cantante de ópera

«Es un sueño formar parte de un proyecto nuevo del Teatro Real»

El tenor Mario Méndez en Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria.

El tenor Mario Méndez en Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria. José Carlos Guerra

¿Cuándo comienza su afición por la música?

Más que afición lo llamaría amor por la música. Empecé a los siete años cuando mis padres me apuntaron en música y movimiento en la OFGC. Digamos que es la primera toma de contacto que tienen los niños con la música: aprender a escuchar y sentir la música en el cuerpo e irlo convirtiendo en algo orgánico. A los nueve años empecé con lenguaje musical y piano y, justo al siguiente año, entré en el coro preparatorio de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. A partir de entonces, mi amor por el canto fue en aumento y hasta hoy.

Mi primera maestra de canto fue Marcela Garrón. Fue de las primeras en transmitirme auténtica pasión por la música y, sin duda, fueron unos años maravillosos junto a muchos de los que hoy son grandes amigos y compañeros de profesión. A los 15 años ya empezó a cambiarme la voz y tuve que pasar al coro juvenil que dirigía, en aquel entonces, Amaya Añúa, una maravillosa profesional que, desde el primer momento que me escuchó, confió en mis aptitudes para el canto y me animó a prepararme las pruebas del conservatorio. Después de muchos meses de trabajo duro junto a ella, me presenté a las pruebas y logré entrar. Siempre le estaré agradecido por ello.

¿Había algún antecedente en tu familia?

La verdad es que tanto mi familia por parte de padre como de madre adoran la música. Siempre hemos hecho quedadas, desde pequeño, con mis primos, mis tíos y ponernos a cantar y bailar al son de la guitarra y timple durante horas. Mis padres cantan muy bien, aunque nunca se decidieran a estudiar música. Mi madre me ponía en el coche discos de Gloria Estefan y la verdad que era nuestro momento favorito del día, ya que nos pegábamos cantando sus canciones todo el trayecto. En el caso de mi padre, sí tuvo formación en lenguaje musical y estuvo muchos años siendo miembro de la Coral Haderech de Ingenio, donde tuve la suerte de ir a muchos conciertos desde pequeño y sentir eso que nos hace la música a los artistas: mucha felicidad. Además toca la guitarra y es un gran intérprete de todo nuestro folklore. Nieves Saavedra Valencia y Mario Méndez Brito, mis padres, me han apoyado siempre en cada decisión, cada momento, malo o bueno, y son mis referentes de vida. Mi mayor suerte, sin duda, es tenerlos a ellos como padres.

¿Qué formación ha tenido?

Es a los 15 años cuando comienza mi etapa de tenor y de estudios en el Conservatorio Profesional de Las Palmas de Gran Canaria junto al contratenor Mario Guerra y el repertorista Ricardo Francia.

Fue justo a los 18 cuando decidí empezar mis estudios en Administración y Dirección de Empresas junto a mi carrera de música. La decisión duro poco, ya que mis profesores del Conservatorio me reunieron y dijeron que tenía posibilidades de hacer una buena carrera en el canto, pero que llevando dos a la vez, no iba a ser lo mismo. Así que fue en este momento cuando me pregunté si sería feliz sin la música. Y la respuesta fue clara. A partir de entonces y centrándome solamente en la música, pude acabar mis seis años de grado medio en cuatro, una especie de diplomatura, sacar matrículas de honor y ganar premios que me permitieron ir a estudiar la carrera a Madrid.

A los 19 empiezo mi carrera en la Escuela Superior de Canto de Madrid. En estos cuatro años en Madrid ya logré trabajar bastante y hacer varias audiciones que me permitieron trabajar, entre otros lugares, en el Teatro de La Zarzuela. Fue en el 2017 cuando me presenté a las pruebas para realizar el Máster en Interpretación Operística en el Conservatorio Joaquín Rodrigo de Valencia y logré entrar, ya que solo seleccionan a ocho cantantes. Ese año fue maravilloso y su programa de Máster me permitió trabajar con grandes directores de orquesta, pianistas, cantantes y demás profesionales internacionales, abriéndome vías de trabajo en teatros como el Palau de la Música o el Palau de les Arts.

¿Cómo acaba fuera de su ciudad natal?

Tenía claro que, después de terminar los estudios profesionales aquí, quería hacer la carrera fuera. No solo por el consejo de mis profesores, sino porque ya el campo de acción en Canarias se me estaba haciendo corto. Las islas tienen un gran patrimonio cultural y, con lo que tenemos, siempre hacemos mucho, pero la oferta fuera es mayor y más variada, dado que salimos de los límites propios de una isla. Es por ello que he estudiado mi carrera y másteres fuera y me he establecido en Madrid, por ahora.

¿Es importante salir fuera para desarrollar una carrera profesional?

¡Muy importante! Sea de la especialidad que sea, pero tratándose de la música, es casi obligatorio. Aunque en España mucha gente aún no la vea así, la música es una carrera de élite donde los músicos estamos estudiando toda la vida. Solo en estudios oficiales son, mínimo, once años. El hecho de salir fuera hace que tu visión aumente, aprendas de una competencia real y más dura, pero en realidad lo que está haciendo es aumentar tus capacidades. Todos los cambios son duros, pero siempre harán una versión mejorada de ti. En mi caso, llevo casi ocho años fuera y, aunque soy canario hasta la médula y añoro mucho mi tierra, creo que ha sido la mejor decisión que he tomado. Y le digo más: hay que aspirar a irnos fuera de España. Yo ya he tenido la suerte de trabajar en países de Europa, como Alemania, y esto te produce dar un giro más de tuerca. En el caso de los cantantes es casi obligatorio, ya que un día te puede tocar una producción en París y al otro en Milán, así que mejor ir haciendo el cuerpo cuanto antes. Por razones de trabajo sigo en Madrid, pero ya mi agencia está concertando audiciones de nuevo en Alemania y otros maravillosos países de los que, sin duda, tengo ganas de aprender muchísimo.

¿Qué ha aprendido fuera de su zona de confort?

Qué he aprendido y sigo aprendiendo. El camino del aprendizaje debe estar con nosotros toda la vida. Mis primeros años fuera de Canarias fueron muy duros: adaptarte a un nuevo clima, nueva forma de vivir, de gestionar el tiempo, de madurar y enfrentarme a las responsabilidades de un adulto… muchas veces queremos desligar lo personal de lo profesional, pero no es así. Para sacar tu máximo potencial en lo profesional, tu inteligencia emocional y el propio conocimiento de ti mismo, tienen que estar bien atendidos y cuidados. Por eso para ser cantante solista, concertista o intérprete, debemos dominar muchas cosas.

El talento es un mínimo porcentaje, luego hay que entrenarlo muchísimo y alimentarlo bien. Sigo trabajándome día a día, por dentro y por fuera, para lograr siempre mi mejor versión. Cuando eres consciente de esto, cada reto y cada paso adelante es maravilloso, porque le sacas todo el jugo. Digamos que salir fuera de tu zona de confort es aceptar tus limitaciones, entrenar tus aptitudes para disimularlas, y entender que la incertidumbre y los nervios siempre van a estar contigo. Sin duda, uno de los lugares donde me siento más seguro es sobre un escenario. Merece la pena luchar por los sueños siempre.

¿Cómo definiría su estilo?

¡Pues buena pregunta! Porque justo ahora estoy en un proceso muy rico de crecimiento en muchas cosas, pero si tuviera que describirlo, lo haría diciendo que me considero una persona muy emocional, pasional y honesta con lo que hago. En la ópera me ha ayudado muchísimo estudiar el cuerpo y la interpretación. Ahora estoy formándome en el método Meisner y con él estoy haciendo un descubrimiento de mí mismo impresionante: trabajo mis emociones, las llevo a mis acciones en escena y todo, al mismo tiempo con imaginación. Es un mundo fascinante el de la interpretación.

Esto ha hecho que, junto con el trabajo técnico, los personajes que interpreto en ópera sean mucho más reales y le dan un plus muy bueno. También hace varios años empecé a estudiar técnicas vocales más funcionales, como las que enseñan en Estados Unidos, para entender anatómicamente, que estoy haciendo en cada momento. Esto ha sido un antes y un después en mi como artista, y he podido abarcar nuevos géneros como el Teatro Musical y la Música Moderna. Asimismo, me formo en danza y más disciplinas. Uno de mis grandes sueños sería producir mi propio espectáculo con compañía propia, fusionando estilos por todos los lados. Tiempo al tiempo…

¿Con qué repertorio se siente más cómodo?

En ópera, ahora mismo, canto mucho Mozart. Justo vengo ahora de hacer unos conciertos en Fitur representando al Teatro Real y me eligieron, de todo el repertorio que llevaba, las dos Arias de Don Octavio de la ópera Don Giovanni del propio Mozart y llevaba tiempo sin cantarlas. La voz evoluciona y todo va sentándose, por lo que ahora sí me siento bastante cómodo en los papeles mozartianos. Todo el repertorio de mi tipo de voz, lírico-ligero, voy construyéndolo poco a poco y con paciencia. Estoy compaginándolo también con musicales más clásicos, como Miserables, Fantasma de la Ópera o West Side Story, aunque tuve una época en la que hacía funciones del famoso Carmina Burana, de Carl Orff, y funciones de un musical aquí, en el Pérez Galdós, donde cantaba temas, entre otros, de Freddie Mercury… Me vine un poco arriba, la verdad, pero pude con esa locura. Me gusta la ópera contemporánea y me gustaría trabajar más en ella. Por supuesto, me encanta la zarzuela y la música española.

¿Qué tal su experiencia en el proyecto Crescendo del Teatro Real?

Pues estoy realmente impresionado. Digamos que al principio fue un poco shock, tanto por el hecho de estar cuatro meses trabajando en el Teatro Real, el más importante del mundo, como por todo el equipo que está involucrado en este proyecto: por un lado la Fundación Amigos del Teatro Real, que son los creadores del mismo, e impulsado por Fonds de Dotation Porosus y Edmond de Rothschild Foundations. Todo el equipo nos ha tratado estupendamente y nos han hecho sentir súper importantes y afortunados desde el principio. Hemos tenido clases magistrales de escena, expresión corporal, nos han dirigido algunas escenas de óperas que se estaban haciendo en ese momento en el Teatro Real, hemos conocido a todo el equipo directivo del teatro, también hemos recibido encuentros con cantantes de sus producciones… Todo esto más las tres audiciones que nos han permitido hacernos ver a numerosas personalidades del mundo de la ópera. Si no recuerdo mal, en la última audición había unas 15 personas, desde directores de teatros hasta directores de escena, cantantes, periodistas… Todo un sueño, la verdad.

Tuve la suerte de recibir unos premios en forma de conciertos en FITUR representando al Teatro Real junto a otros compañeros y, en principio, también quieren seguir dándonos oportunidades laborales en el futuro. Ser la primera generación de un proyecto nuevo siempre es especial y la verdad es que me he sentido así. Tener en el currículum que has trabajado y representado al Teatro Real, no es cualquier cosa. Me siento súper agradecido.

¿En qué consiste?

Es un proyecto internacional que pretende complementar nuestra formación artística con la creación de oportunidades laborales que nos lleven a impulsar nuestra carrera profesional. Nos eligieron a 20 de entre muchos cantantes de todo el mundo y bueno, a través de toda la formación y contacto con el propio Teatro, hemos podido superar varias audiciones que nos ha permitido trabajar para el Teatro e iniciar una relación con ellos. Digamos que es una especie de Academia, Ópera Estudio o, incluso, Agencia de Mecenazgo. Es increíble la de contactos que me ha aportado esta oportunidad y, sinceramente, para mi consiste un poco en todo esto. Si a eso le sumamos la gran labor de los patrocinadores que nombré en la pregunta anterior, que se encargan de apoyar y promover carreras de jóvenes talentos, tanto del ámbito artístico como deportivo… un sueño y una oportunidad.

¿Es importante que se apoye a vuestra generación artística?

Mucho. En primer lugar, porque nuestra generación ya tiene un nivel de competencia brutal. Las artes escénicas están en pleno apogeo y desarrollo de todas sus capacidades, por lo que la exigencia y la preparación son enormes. Es una carrera muy cara y hay muy pocas ayudas para los estudiantes y los artistas jóvenes como yo. Tenga en cuenta que tenemos que pagar por todo, desde la inscripción a un concurso hasta los viajes para cursos, dietas, etcétera. Presentarte a un concurso pasando solo a rondas semifinales, te puede llevar, en solo cuatro días, a gastar hasta 400 euros. Si ganas algo bien y, si no, para tu casa. El tema de concursos y todo esto daría para un gran debate, pero me parece fatal que te hagan pagar tasas de inscripción para una cosa que es súper subjetiva. Uno va a un concurso para ganar, pero no para perder dinero. Creo que esto deberían tenerlo en cuenta. No todos los jóvenes músicos trabajan o tienen apoyo económico para poder presentarse a este tipo de cosas.

Por otro lado, somos la generación de las grandes crisis: primero la del 2008 y ahora esta pandemia. Hemos tenido que aprender, reaprender y reconstruirnos constantemente. Tengo muchísimos amigos y compañeros que han tenido que tirar la toalla por falta de trabajo y apoyo económico. Somos una generación súper preparada que necesitamos oportunidades y apoyo, tanto de los teatros como de las instituciones públicas. ¿Por qué en Alemania hay Ensembles y Óperas Estudio en cada teatro y en España no? Simplemente porque no hay ganas de invertir ni de hacer, porque dinero hay. Nunca hay que olvidar que, hasta los más grandes, han tenido una primera oportunidad y es importante que nuestras instituciones apoyen a sus artistas. Parece que en esto la pandemia ha abierto los ojos. Espero de corazón que así sea.

¿Qué proyectos tienes?

Pues, afortunadamente, bastantes y van en crescendo. Tengo gira por España este verano con un grupo de otros tres cantantes con los que trabajo; en octubre vengo a la Temporada de Los Amigos Canarios de la Zarzuela, concretamente a Luisa Fernanda, donde debutaré el rol de Aníbal; tengo también varios proyectos de musicales que aún no puedo decir porque están por cerrarse; comienzo gira con una compañía por los principales cruceros del mundo y presentaré también algún proyecto mío. Todo esto con audiciones de por medio y el pan de cada día del cantante. Estoy feliz y seguro de que vendrán cosas muy muy buenas.

¿Ha actuado ya en Gran Canaria? ¿Qué tal la experiencia?

He hecho recitales tanto en salas de la Fundación Mapfre como en el Teatro Pérez Galdós, en el ciclo de jóvenes intérpretes y el Gabinete Literario; también estrené una ópera canaria, Candelaria, compuesta para el bicentenario de la villa de Ingenio; he trabajado en varias temporadas de los Amigos Canarios de La Zarzuela y con la compañía Zalakadula en mi primera incursión en musicales, gracias al apoyo y confianza del gran Luifer Rodríguez… Y ojalá sean muchas más, porque no hay nada mejor que trabajar en casa, en tu tierra y con tu gente. Me encantaría trabajar en la Ópera de Las Palmas, sería todo un sueño cumplido. En Tenerife ya he de trabajado en tres óperas, la última en noviembre del año pasado, Lucrezia Borgia, y siempre me han tratado maravillosamente. Me siento como en casa.

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