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Un tal Sr. Gary

El relato está planteado como una investigación sobre la desaparición de un personaje de ‘La promesa del alba’

Un tal Sr. Gary

Un tal Sr. Gary

La editorial Cabaret Voltaire ha tenido el acierto de publicar en castellano Un tal Sr. Piekielny, la última novela del joven escritor francés François-Henri Désérable. El relato está planteado como una investigación literaria sobre la desaparición de un judío de Vilna llamado Piekielny, personaje episódico, pero no accesorio, de La promesa del alba, obra maestra de Romain Gary de 1960.

Cuatro años antes, con Las raíces del cielo, Gary había ganado por primera vez el Goncourt, el premio más prestigioso de las letras francesas. al que nadie se presenta, que es irrenunciable y que solo puede otorgarse una vez a cada escritor. En 1974, un tal Émile Ajar irrumpía con éxito en el panorama literario con Gros-Câlin. Una parte de la crítica opuso la frescura de Ajar a la caduca prosa de Gary. Ajar ganaría el Goncourt al año siguiente con La vida ante sí. La Academia Goncourt no aceptó la renuncia al premio y Gary hizo que un sobrino se atribuyera el pseudónimo y asumiera la autoría. No desveló la superchería hasta su muerte, después de dispararse un tiro en la boca en 1980 y dejar escrito que su inmolación nada tenía que ver con el suicidio un año antes de su ex-mujer, Jean Seberg, la inolvidable actriz de Bonjour Tristesse (Otto Preminger, 1958) y À bout de souffle (Jean-Luc Godard, 1960).

Gary no solo es uno de los grandes escritores franceses del siglo XX (su obra acaba de publicarse en la Bibliothèque de la Pléiade), sino que, además, tuvo una vida de novela que él mismo se encargó de mitificar. Convencido de que allí donde hay relectura hay literatura, Désérable hace una aproximación a Gary un poco oblicua, pero muy sugerente, tanto para los amantes de su obra como para aquellos que sin conocerla quieran aproximarse al personaje.

Para ello viaja a Vilna en busca del rastro de Pieckielny y en la capital lituana verá que una ciudad no es solo lo que muestra, sino también lo que esconde, algo que también podría decirse de la escritura, como va descubriendo el lector en los acercamientos que hace a diversos episodios de la vida de Gary. Algunos se corresponden fielmente con lo que conocemos de la biografía del escritor y otros han sido objeto de «pequeños arreglos con la verdad», como la divertida recreación del encuentro que, en 1963, tuvieron Gary y Jean Seberg con Jackie y John F. Kennedy en la Casa Blanca. Unos «pequeños arreglos» que tantas veces practicó ese gran mistificador que fue Gary. A fin de cuentas, como dejó escrito el poeta y pintor Max Jacob, que como Piekielny acabó sus días en un campo de concentración, una obra sincera es la que tiene fuerza para dar realidad a una ilusión.

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