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Arte

El último deseo de Martín Chirino

El monumento funerario ‘Jano’ forma parte desde ayer de la lápida del escultor grancanario | La obra fue un encargo del artista a su ayudante Rafael Monagas

El último deseo de Martín Chirino | EFE / F. M. C.

El último deseo de Martín Chirino | EFE / F. M. C.

Pensando en cómo sería su lugar de reposo, el escultor grancanario Martín Chirino diseñó un monumento funerario con el objetivo de que, tras su fallecimiento, formara parte de su lápida en el cementerio de Vegueta. Se trataba de una escultura inspirada en el dios de la mitología romana, Jano Quirino, que velaba por la paz de los ciudadanos y que era honrado en la antigua colina del Quirinal.

La obra, que pertenece a la serie Cabezas. Crónica del siglo XX y que tiene un pedestal realizado con piedra azul de Arucas Rosa Silva sin pulir, fue reproducida a gran escala por su ayudante Rafael Monagas y por Daniel Pop, en su taller en Rumanía, con el añadido de una cruz tau. Pero ayer, por fin, tras más de dos años del fallecimiento del artista el 11 de marzo de 2019, y un mes después de que depositasen sus cenizas en el Cementerio de Vegueta, la obra ya forma parte de la lápida situada en el panteón de grancanarios ilustres junto a Alfredo Kraus.

La hija del escultor, Marta Chirino, leyó unas notas de recuerdo en la que destacó la importancia de que se cumpla «la ilusión de mi padre de estar en este lugar del cementerio y de esta manera». Marta Chirino señaló que «fue un deseo de mi padre poder reposar junto a su amigo Alfredo Kraus, del cual precisamente ayer fue el vigésimo segundo aniversario de su partida». Y recordó que Jano fue reproducida en los talleres Faurar art, partiendo de Baia Mare hasta Madrid para luego llegar a Las Palmas. La hija también leyó uno de los primeros textos del artista titulado La reja y el arado y publicado en Papeles de Son Armadans, en 1959, una creación de cuando el escultor era joven y sobre la que Marta Chirino señaló que «aunque fuera escrito en el contexto del franquismo, de alguna forma vaticina en algunas cosas cómo va a ser posteriormente su carrera artística» comentó.

Marta Chirino leyó uno de los primeros textos del escultor del año 1959 titulado ‘La reja y el arado’

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La familia eligió estas letras porque representan «esa vuelta al origen» y un texto, a su vez «muy significativo en su faceta creativa y también psicológica». Antes y después de la intervención de Marta Chirino, el maestro Ángel Luis Quintana interpretó dos obras de Bach, uno de los compositores admirados por el escultor, al violonchelo. Quintana, que es solista de la Orquesta Nacional, comenzó con una Sarabanda de la Primera suite y concluyó con el Preludio de la suite número 1 en Sol Mayor.

Al acto acudieron el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo; la concejala de Cultura, Encarna Galván; la portavoz municipal del PP, Pepa Luzardo; el concejal de Cementerios, Luis Zamorano; la consejera grancanaria de Cultura, Guacimara Medina, el cronista de Las Palmas, Juan José Laforet, así como el director de la Fundación Martín Chirino, Jesús Castaño, el escultor Rafael Monagas, amigos, familiares, artistas y miembros del patronato que lleva el nombre del artista.

Lápida

Poco después, Marta Chirino, que acudió acompañada de su marido Eduardo Rodríguez, y de la nieta del artista Inés Rodríguez Chirino, realizó junto a esta una ofrenda floral sobre la lápida del artista en la cual reza la inscripción Aquí descansa el gran herrero fabulador, forjador de símbolos. Desde el origen hasta el universo. Palabras que representan una de las máximas que Chirino mantuvo.

Jesús Castaño indicó, posteriormente, que Jano es una cabeza de dos caras con una pequeña cruz en la parte de atrás, y que forma parte de esa serie de obras de Chirino en las que las cabezas aparecen en forma de reflexión. «La fundición se ha hecho en unos talleres de confianza donde había trabajado en los últimos años». El director de la Fundación añadió que se ha hecho una especie de columbario donde están depositadas las cenizas debajo de la lápida que «lleva un epitafio que era una de las máximas que llevaba por todo el mundo». De esta manera, según Castaño, el artista «vuelve a la tierra de donde partió, como Ulises volvió a Ítaca y se cierra esa espiral que empezó a forjar, que lo convirtió en un embajador universal cuyo único deseo era volver a estar en su tierra».

La obra, que tiene un pedestal con piedra azul, forma parte de la serie ‘Cabezas. Crónicas del siglo XX’

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También era muy importante recoger las impresiones del que fuera su ayudante durante más de cuarenta años, Rafael Monagas, que describió a este Juno como una escultura que copia el modelo original de hierro, realizado en 2002, como una de sus muchas cabezas, pero que, para ponerla al aire libre, está hecha en bronce de mayor dimensiones. «Martín me pidió que le pusiera una cruz detrás porque era muy creyente», señaló. «Y para mí fue muy complicado», pero «él había hecho la procesión de las cruces en Burgos y yo me fijé en una que era una tau e intenté hacerlo lo más simple posible». Monagas subrayó que «la copia grande la hizo Daniel Pop que tiene una fundición en Rumanía que se encargaba de realizar los procesos en dorado con oro alemán». El escultor también recordó cómo conoció a Chirino. «Yo me marchaba tras terminar Bellas Artes y lo acompañé en un viaje a Roma en el año 1976 en el que trabajamos muy bien», recuerda. Posteriormente, «en una manifestación pro-amnistía, vendimos todos los dibujos que tenía». Luego «lo acompañé en el taller y, aunque yo sólo sabía de carpintería, a Martín le gustó mi manera de trabajar, me dijo que tenía oficio».

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