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Música
Carlos Núñez Músico

"Beethoven vio modernidad en la música celta, fuera del sistema clásico"

El canario tiene algo de druida, algo dentro que le permite oler, sentir los lugares, cada playa...»

El músico Carlos Núñez

El gaitero gallego Carlos Núñez es uno de los grandes protagonistas que se darán cita hoy en el Auditorio Alfredo Kraus dentro del festival Clásicos en Colores y, en concreto, de la Beethoven Experience con ‘Celtic Beethoven’. Interpretará obras compuestas por el compositor germano, en base a melodías irlandesas, escocesas o galesas. El genio, en sus últimos años de vida, creó hasta 200 temas de este género.

¿Cuál será su mensaje, su repertorio y su innovación para el Festival Clásicos en colores?

Vamos a traer la parte más desconocida y, creo que sorprendente, de Beethoven, su música celta. La mayor parte del número de obras del compositor, de Opus, son músicas celtas. El mundo lo desconoce. Se trata de casi 200 obras a las que dedicó muchísimo esfuerzo, con las que se apasionó y que ha compuesto en sus mejores años, los últimos 15, cuando estaba en paralelo preparando la Séptima Sinfonía. Estuvo componiendo con músicas tradicionales de Irlanda, Escocia, Gales, incluso de España. En estas melodías vio modernidad, que se salen fuera del sistema conocido de la música clásica. Observó que era un reto y gracias a estas músicas tradicionales aprendió aspectos nuevos. Se las pasaban de los arpistas ciegos, los gaiteros, los violinistas ambulantes, de gente muy humilde de todas las músicas atlánticas. Con todas ellas innovó y lo aplicó a su Séptima Sinfonía. 

¿Qué elementos de las músicas celtas se incluyeron, entonces, en la Séptima Sinfonía?

Por ejemplo, el ritmo de jig, igual al de la muñeira gallega y que aparece de arriba a abajo. Seguro que hay algún ritmo canario parecido. Otros recursos de la música celta son los bordones de la gaita, que utiliza de forma recurrente en la Sinfonía. De hecho, la melodía con que termina la Séptima es tradicional irlandesa. Beethoven la modificó y binarizó, pero se trata de la misma melodía que había estado practicando en paralelo con estas músicas celtas. Lo que más me sorprende es que el público va a poder disfrutar con este repertorio, de la unión, de este poderío de Beethoven, junto con un increíble mestizaje cultural imaginado por este genio, quien ideó una mezcla de civilizaciones en que una representaba Europa y la música clásica porque él era el rey de la armonía, de la orquesta, de toda esa ingeniería. 

¿Qué fue lo que hizo?

Juntó esto con ese lado irracional, misterioso y caprichoso de las músicas celtas y atlánticas porque trabajó muchas. Se adelantó 100 años a cosas que después pasarían en América, tales como las que vemos en el rock, en la bosa nova, en el jazz o en el blues. De pronto encontramos blue notes, como las del blues, también backbeat, como en el rock. Ese tipo de ritmos Beethoven ya los estaba manejando con las cuerdas. Aparecen también los de la música country, cosas que pensamos americanas del siglo XX, pero ya en 1800 el compositor estaba juntando esos dos mundos y el resultado fue algo que nos han vendido desde América que es propio cuando no lo es.

¿Cómo sería esa parte española que dice que está en su música?

Desde piezas españolas con las que trabajó, tradicionales, también alguna de Portugal, pero, sobre todo, elementos en común que nos tocan a todos los atlánticos, ese tipo de melodías tradicionales con esos ritmos que tenemos en Galicia y estoy seguro de que también hay en Canarias y existen en Irlanda, el hecho de trabajar con los tempos. Recuerdo a Paco de Lucía cuando le criticaban por tocar el concierto de Aranjuez con guitarra flamenca y pensaba que «los flamencos aportamos al concierto algo que los clásicos no tienen, el tempo, el ritmo». Él aplicó estos tempos de la música tradicional. Al emplearlos en la música de Beethoven, de pronto te das cuenta de que el piano es muy virtuoso. He preguntado a expertos en el autor en todo el mundo. El más formado es Barry Cooper. 

¿Qué le planteó?

Le pregunté cómo podía tocar a una velocidad semejante, que parecían falsetas flamencas, rapidísimas. Además, era un gran improvisador. Todo ello nos ayuda a ver un Beethoven feliz, con las músicas tradicionales. No es esa imagen que hemos visto siempre y de Liszt o Mozart que tienen esos bustos donde aparecen enfadados. El compositor disfrutó con estas músicas. Es una propuesta muy novedosa que aún no hemos grabado en disco, pero que acabamos de estrenar en Francia. Ni yo mismo me podía imaginar, ahora que he cumplido 50 años, que podría unir mis dos pasiones, la música celta tradicional y la clásica. Estudié ya de niño, música clásica en el conservatorio y este es el encuentro perfecto de lo mejor de esos dos mundos. Me alegro mucho de que se haga en Canarias porque sé que los canarios tenéis todos una gran sensibilidad hacia las cosas de la tierra y las tradiciones, incluso hacia lo que los lugares transmiten. El canario tiene algo de druida, algo dentro que es capaz de oler, de sentir los lugares, cada playa y cada sitio. Es un sentimiento diferente, algo muy del mundo celta porque se ve que Canarias es atlántica. 

Apunta que va a ser lo más cercano y parecido a una fiesta, a un brindis sonoro desde el más puro estilo Carlos Núñez.

Vamos a tener unos músicos fantásticos y a una violinista que viene desde Irlanda, María Ryan, toca el fiddle, el violín irlandés y canta al estilo tradicional. Vamos a contar con una pianista maravillosa, muy joven, galllega, que se llama Rosalía Lasheras. Voy a traer a toda mi banda de directo con los que llevo 20 años dando vueltas al mundo. En esa noche va a haber muchos artistas que van a compartir escenario. Haremos una sorpresa final todos juntos, con Barbara Hendricks, Pasión Vega, Cristina Ramos, Hermanos Thioune, German López y St. Fusión. Va a ser una gran fiesta para mucha gente que no puede imaginar que toquemos una música tan feliz. 

El secreto de su éxito es que fusiona usted la música celta con las músicas del mundo actuales.

Este año se cumplen 25 desde que saqué mi primer disco, Irmandade das estrelas, la Hermandad de las Estrellas. Supuso una especie de pum de la música celta en toda España y, seguramente el secreto fue que abrimos la música tradicional a grandes artistas de todos los géneros. En aquel momento yo estaba girando por el mundo con mis maestros irlandeses, The Chieftains. La música celta sonaba tan fuerte por todo el planeta que grabé junto a ellos y compartí conciertos y experiencias con grandes del sector. Un día, los Rolling Stones grabaron con los Chieftains una canción irlandesa, otro día Sting lo hizo con una canción en gaélico, en otra ocasión grabé junto con Sinead O’Connor. Todo fue para mí la demostración de que la música tradicional nuestra la podemos hacer universal, con artistas grandes, de cualquier género. En mi primer disco pensé: ¿En España a quién puedo invitar? Invité a Luz Casal y la junté con el gran guitarrista americano Ry Cooder. Esa apertura cambió la visión de esas músicas. Seguimos en ese camino por todas partes.

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