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La Provincia - Diario de Las Palmas

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¿Raíces grancanarias de sor Juana Inés de la Cruz?

González Sosa se adelantó muchos años a las investigaciones sobre los orígenes canarios de la gran poetisa americana

Sor Juana Inés de la Cruz, retrato por Juan de Miranda. LP/DLP

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El último libro de Octavio Paz (1), apasionante tanto por su tema central como por los laterales que se van concadenando desde el principio, vuelve a airear, con los otros, uno de los varios enigmas que salen al paso de quienes pretenden aclarar importantes aspectos de la vida de sor Juana Inés de la Cruz: el origen familiar y territorial de su padre, Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca.

Según el testamento de la madre de la poetisa, Isabel Ramírez de Santillana, todos los suyos —seis— fueron hijos naturales, habidos los tres primeros (y entre ellos, Juana Inés) con Pedro Manuel de Asbaje, y el resto con el capitán Diego Ruiz Lozano. La especie de que Pedro Manuel procedía de las Vascongadas la propalaba la misma sor Juana, seguramente haciéndose eco de la falsa creencia de que el apellido Asbaje era vasco; creencia fundada acaso en la aparente similitud fónica del gentilicio con otros de raíz euskera más o menos deformados en su implantación americana. Según Octavio Paz, Unamuno, que llegó a interesarse por el origen del apelativo paterno de la escritora, acabó poniendo en entredicho su oriundez vasca; y negativos del todo resultaron también los rastreos que llevó a cabo en Guipúzcoa la investigadora norteamericana Dorothy Schons.

Sin embargo, a lo que parece, esta es una cuestión resuelta, al menos en parte. Según don Leopoldo de la Rosa Olivera y don Lothar Siemens Hernández, existe un trabajo de Robert Ricard en el que este vincula a Pedro Manuel de Asbaje (o de Asvaje) con la extinta familia grancanaria de los Azuaje. Trabajo que no nos ha sido posible consultar por ahora y que acaso fuera publicado en alguna revista canaria (El Museo Canario o la Revista de Historia), ya que de otra forma no se explica el completo silencio que guarda Octavio Paz en relación con el particular, del que sin duda hubiera tomado nota si el escrito del hispanista francés fuera conocido entre los eruditos mexicanos. (Hace tres o cuatro años, en una reunión celebrada en la casa de Lothar Siemens y a la que asistían, aparte otros, Juan Marichal y Ramón Xirau, el musicólogo canario hizo hincapié en el artículo de Robert Ricard; y sorprende que Xirau, buen amigo y casi convecino de Paz, no haya tenido ocasión de comentar con este la noticia. Noticia preciosa si, como parece, hace tiempo que los estudiosos de sor Juana andan buscando las pistas que conduzcan a la revelación de la identidad del progenitor de la monja novohispana.)

El barranco de Azuaje y su antiguo balneario. LP/DLP

Como entre nosotros es bien sabido, Azuaje (y, por lo tanto, Asvaje y Asbaje) es una corrupción del cognomento genovés Zoagli (Zuagi en el dialecto ligur) que ostentara el padre de Damián de Azuaje, regidor que fue de Gran Canaria desde 1530 hasta por lo menos 1553, y del que, según las notas que tenemos a la vista, hay constancia de que aún vivía aquí en 1572. Pero no es Damián el único de los Azuaje del que hay noticias documentadas en nuestros archivos. Existieron también, que sepamos, Brígida, Gabriel y Francisco, este último igualmente regidor del Cabildo de Gran Canaria, por lo menos entre 1575 y 1584 (2).

En cuanto al segundo apellido de Pedro Manuel de Asbaje, o sea Vargas Machuca, también abundó en nuestra isla, a donde fue traído al principio del siglo XVI por Sancho de Vargas Machuca, fundador de la ermita de Santa María de Guía y tronco de una larga descendencia que desde Guía y Gáldar se extendió a Arucas, Agüimes, Las Palmas y Tenerife, entre otros lugares. Un Vargas Machuca, natural de Arucas, fue el padre del primer presidente civil de la República de Venezuela, con lo que queda evidente el trasplante a las orillas del Caribe de por lo menos una rama de este linaje. Y de otra parte, hay constancia de que Damián de Azuaje poseyó tierras en Trasmontaña (Arucas), no siendo estas las únicas que la familia debió de tener en aquella comarca, como lo demuestra la supervivencia del actual topónimo Azuaje (lugar y barranco) en la raya de Arucas y Moya.

Ya se sabe con qué extremada cautela han de considerarse los apellidos vigentes hasta entrado el siglo XVIII. Había entonces libertad absoluta para escogerlos de entre el extenso rosario de ellos formado por los abolengos confluyentes, y de ahí que muchas veces corramos el riesgo de dar por fidedignos unos vínculos parentales demasiado remotos si no completamente ilusorios. Pero, con todas las reservas que se quiera, la concurrencia de los dos que nos ocupan en una misma persona y la ligazón de ambos a un lugar muy concreto, y junto con la ausencia de antecedentes de uno de ellos en otras zonas, son datos que no pueden ser desdeñados así como así.

Estas consideraciones huelgan del todo si ese artículo de Robert Ricard prueba fehacientemente la oriundez grancanaria de Pedro Manuel de Asbaje. Pero si en él sólo se apunta una posibilidad, deben ser tenidas en cuenta por algunos de nuestros historiógrafos o genealogistas, quienes, consecuentemente, habrían de avanzar en la indagación, acometiendo una pesquisa a fondo en los archivos insulares, con lo que además de ayudar a esclarecer un punto oscuro y no carente de interés de la biografía de sor Juana, contribuirían a acrecer la dedicación española a asuntos no específicamente nacionales, conjurando así una de las limitaciones de que adolece nuestra investigación; limitación aún más llamativa si se considera la ingente aportación que representa la labor realizada por los hispanistas en todas partes, Hispanoamérica incluida.

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Acotación al artículo de Robert Ricard

Un comentario publicado en ‘Cartel’ el 30 de diciembre de 1982, derivado de la lectura de uno de los capítulos del último libro de Octavio Paz (Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe), aludía a un trabajo del hispanista francés Robert Ricard en el que se trata de una posible relación del apellido paterno de la poetisa mexicana con la extinguida familia grancanaria de los Azuaje.

Este trabajo, que fue publicado en el Bulletin Hispanique (Burdeos, 1960, LXII, núm. 3, pp. 333-335), podemos ofrecerlo hoy a nuestros lectores gracias a una indicación de Lothar Siemens y a la pericia buceadora de José León Gutiérrez, que lo localizó rápidamente en la hemeroteca de El Museo Canario. A ambos, y a María Dolores de la Fe, que hizo la traducción, les expresamos nuestro reconocimiento.

Con objeto de centrar el asunto en la medida de lo posible, en las notas que siguen resumimos algunos de los aspectos del estado de la cuestión, a la luz de lo que puede leerse en la obra citada de Octavio Paz.

No se conoce ningún dato fidedigno que avale la procedencia vasca del padre de sor Juana. Al parecer, la atribución de este origen está basada en lo escrito por el jesuita Diego Calleja en la aprobación del último tomo de las obras de la poetisa, publicado en Madrid en 1700, así como en una confesión de esta, en la que se declara «rama de Vizcaya». Calleja, residente en la Península, no conoció personalmente a la monja, aunque sí mantuvo con ella una extensa correspondencia y trató a algunos de sus amigos, entre ellos el marqués de Mancera, uno de los virreyes que la protegieron espléndidamente. Pero Juana Inés, hija natural —aunque alguna vez se dijo «hija legítima»—, desde muy niña dejó de ver a Pedro Manuel de Asbaje, «si es que lo conoció», y lo mismo puede decirse con respecto a la familia de su progenitor. El recuerdo del padre no fue cultivado en su casa, en donde más bien se hizo «todo lo posible para dejarlo en la sombra». Ella, lo mismo que sus hermanas, no llevó el apellido paterno, salvo, al parecer, cuando vivió en la corte virreinal. Estas circunstancias, unidas al hecho de que el texto del padre Calleja abunda bastante en lo legendario, no puede decirse que abonen la tesis de la oriundez vascongada. De otra parte está el resultado negativo de las averiguaciones realizadas por la investigadora norteamericana Dorothy Schons en Vergara (Guipúzcoa), lugar que el padre Calleja señala como originario del linaje y en cuyos archivos parroquiales no hay ningún rastro del apellido Asbaje ni de sus variantes tenidas en cuenta.

También según Octavio Paz, el patronímico aparece documentado alguna vez en México con las formas Azvaje y Azuaje.

(1). Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe, Barcelona, Seix Barral, 1982.

(2). Los datos que barajamos han sido tomados de obras de Leopoldo de la Rosa Olivera, Manuel Lobo Cabrera y Francisco Caballero Mujica.

Hace ya casi cuarenta años, exactamente el 30 de diciembre de 1982, Manuel González Sosa publicó en el suplemento ‘Cartel de las Letras y las Artes’ de Diario de Las Palmas, con su conocido pseudónimo F.L. (Félix Luján), el artículo que se reproduce a continuación, así como el breve apéndice «Acotación al artículo de Robert Ricart», publicado el 10 de febrero de 1983 junto a la traducción del texto de Ricart realizada por María Dolores de la Fe. Este trabajo no fue recogido por González Sosa en la recopilación de sus ensayos titulada Segunda luz (2006). El primero de los artículos fue incluido por Octavio Paz en la revista Vuelta (número 77, abril de 1983), con breve introducción del poeta mexicano. Manuel González Sosa recibió una carta de agradecimiento de Paz, parcialmente editada en ‘Cartel’ el 17 de marzo de 1983.

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