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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Cynthia Viera y Pablo San José (Psjm) Equipo artístico

«El arte puede influir a la hora de proponer mundos futuros»

Pablo San José y Cynthia Viera, junto a su exposición ‘Clean Future’ en la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura. Nacho Gonzalez Oramas

El dúo de creación, teoría y gestión PSJM, formado por Cynthia Viera y Pablo San José, exhibe ‘Clean Future’ en la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura.

La siguiente entrevista tiene lugar en el marco de la exposición Clean Future, inaugurada recientemente en la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura de la mano del colectivo artístico PSJM. Conformado por Cynthia Viera (Las Palmas de GC, 1973) y Pablo San José (Mieres, 1969), el dúo cuenta con una extensa y destacada carrera, un currículum expandido entre las artes visuales, el comisariado y la teoría (publicaciones, talleres y otros eventos de carácter didáctico). En esta ocasión, muestran una selección de obras que aglutinan su línea de trabajo de estos últimos años centrada en la ecología política. Precisamente hace pocos días que los tres comentábamos la cantidad de años que llevamos trabajando juntos y en sintonía en latitudes diversas.

Apuntaba Antonio Gramsci que, por medio de la hegemonía cultural, un modelo se adueña del modo en que entendemos el mundo, ¿qué papel creen que juegan las artes visuales en un momento tan crítico como el que nos encontramos o, más bien, qué papel deberían jugar?

El alcance de las artes visuales es limitado, pero no tanto. Ya decía Boris Groys, en referencia a esta época del mundo del arte bienalizado, que las artes plásticas hace tiempo que han dejado de ser elitistas –al menos en su consumo– para mover a públicos más grandes. Esto nos haría pensar que el arte puede tener algún tipo de influencia a la hora de proponer «mundos futuros» que diría Marcuse. Aunque, ya se sabe, artes visuales hay muchas, algunas meramente acomodaticias o complacientes y otras más críticas. Por otro lado, nos parece muy pertinente señalar, tal como sugieres en tu pregunta, la diferencia entre lo que que es y lo que debe ser. Muy a menudo, incluso en el discurso filosófico, se confunde la descripción con la prescripción y esto conduce a graves confusiones conceptuales. Pues bien, lo que hay es algún arte crítico en un mar de imágenes inocuas. ¿Lo que debería haber? No estamos nosotras aquí para decir lo que tiene que hacer el resto artistas, pero sí para plantear una reflexión. Como artista, cada una y cada uno puede y, en realidad, debe, hacer lo que le pida el cuerpo, pero como ciudadanas y ciudadanos pensamos que tenemos un deber moral: intentar cambiar algo con nuestros procedimientos productivos y los mensajes que comunicamos. La lucha por la justicia medioambiental debe ser un valor transversal, como también la igualdad y la participación ciudadana, que impregne toda actividad, no solo plástica, sino productiva o administrativa.

Con Clean Future se lanzan a especular, en clave estética, en torno a la Generación de electricidad, de energía, de calor y fuentes renovables, en diferentes puntos EE.UU. y Europa. Incluso os aproximáis a un mapeo de Generación de electricidad mundial de 2015 a 2040. Yo a menudo apunto que ante la abstracción de la información sobre la crisis climática comprender datos científicos no es suficiente, y señalo siempre la importancia de las artes visuales para construir relatos nuevos, ante el evidente fallo de los relatos que han conformado la cosmovisión imperante. En su caso, ¿cómo creen que opera la estetización de datos estadísticos, hasta el punto de convertirlos en una pintura propia del colorfield o de abstracción geométrica? ¿De qué modo se hacen efectivos esta suerte de paisajes? La pregunta sería extrapolable a las esculturas «colores apilados» que presentan ahora por primera vez. ¿Corremos el riesgo, desde el ámbito del arte, de trasladar esa abstracción a un espacio aún más críptico?

Bueno, empezando por el final, nuestra «geometría social», que es como llamamos a este procedimiento estético por el cual generamos obras minimalistas sobre la base de datos estadísticos y escrutinios, hace que estas piezas se alejen de lo críptico ya que convierten la abstracción en algo muy concreto, figurativo, si quieres. Y eso se hace en tres tiempos o con tres niveles de lectura/disfrute de la obra: el espectador o espectadora puede quedarse en el primer nivel, en el de la percepción sensible –aesthesis– y disfrutar formalmente de la obra, o puede leer la cartela y encontrar su significado, o puede profundizar más y leer el texto teórico. Como decimos, esta conversión de la abstracción en figuración por medio de la palabra hace que los datos, tan fríos y poco seductores, lleguen al público de otro modo. Y estamos de acuerdo contigo, y también con Donna Haraway, que insiste mucho en la necesidad de que las artes visuales construyan nuevos relatos, quizá no tanto para suplir el fracaso de la cosmovisión imperante, sino más bien para completar los datos que nos brinda el discurso científico. De algún modo, con nuestra obra, queremos aportar esa perspectiva tan necesaria de la plástica, pero sin renunciar a la base científica. En esta época en la que el mayor peligro ideológico viene de la mano del negacionismo, el desprestigio del saber experto del que nos habla William Davies, el empeño por desacreditar el consenso científico en temas como la emergencia climática o la pandemia, creemos que arte y ciencia deben complementarse más que nunca.

«La lucha por la justicia ambiental debe ser un valor transversal, como la igualdad o la participación social»

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Habladme de ese vuelco a la pintura con lo que llaman «paisajes temporales».

Sí, pese a que nuestra obra es reconocida por su carácter conceptual, de un modo u otro la pintura siempre ha estado ahí. Con las obras murales queremos volver a la esencia y origen de la pintura: la pared. Así empezó todo: manchando una roca con una mano. Si bien hemos expuesto murales por todo el mundo –contigo en algunas de ellas, por cierto, como el MOCAB de Belgrado o el CCE de Lima– en esta muestra es la primera vez que exponemos dos murales en la misma sala: uno de 24 metros y otro de 10 metros de largo. Son, como apuntas, «paisajes temporales». Una expresión con la que se hace un guiño a la pintura de género, pues con estas obras se actualizan dos géneros pictóricos: el más valorado por la academia, la pintura histórica, –ya que son visiones diacrónicas–, y el más valorado por la pintura de caballete, el paisaje.

En los últimos años ha cambiado también su modo de trabajar dando un giro a materiales más sostenibles. Al igual que yo me paso el día rompiéndome la cabeza buscando materiales, actitudes y modos más sostenibles de producir arte y cultura, ¿cuáles son las estrategias que han utilizado en los últimos años para trabajar en el desarrollo de unas prácticas más sostenibles? ¿Y cómo navegar en la contradicción, volviendo a Gramsci, en nuestra «terrestritud común»?

En lo que se refiere a esta exposición, hemos buscado y empleado pintura ecológica. Algo que ya veníamos haciendo con todas nuestras obras murales desde 2014, pero ahora, para pintar los cuadros y policromar las esculturas, hemos aplicado laca acrílica de fabricación local. Se trata de una pintura de alta calidad que, por cierto, solo encontramos en tiendas de pintura y no en establecimientos de venta de material de bellas artes. Las marcas de pinturas de bellas artes deberían tener ya disponibles sus productos sostenibles. Habrá que luchar por que así sea. Por otro lado, en proyectos como Biotopías, las exposiciones de arte y ecología en la que actuamos como comisarias también nos esforzamos por crear una cartelería y una producción sostenible, reduciendo el transporte al máximo, o en Simbiótica, la Unidad Móvil de Intervención Eco-participativa por la que naturalizamos barrios de Las Palmas. Nuestra estrategia siempre ha consistido en actuar en diferentes frentes y con lenguajes distintos, tanto en el espacio abstracto cuasi-espiritual del museo como en el «habitar la tierra» de proyectos como Simbiótica. Ahora bien, cuando el ser humano «toca la tierra», toca siempre una materia atravesada por símbolos, como también lo está su propio cuerpo. Siempre que manipulamos la materia producimos algo y «decimos» algo. En la medida en que esos productos y esos símbolos sean respetuosos con la propia materia viva, de la que formamos parte, nos estaremos acercando a una justicia ambiental.

«Con nuestra obra queremos aportar esa perspectiva tan necesaria de la plástica, sin renunciar a la base científica»

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Otro giro que han dado tiene que ver con el tono, mucho más optimista que el de algunas obras del pasado más cercanas a la distopía, especialmente al plantear esos escenarios de futuro energético que parecen ir soltando amarras con el capitalismo fosilista, en el caso de la electricidad mundial llevándonos hasta 2040 o incluso al 2050 en el caso de Canarias y Washington (una fecha en la que el planeta ya debería estar completamente descarbonizado). ¿No contrasta esa actitud con el último informe del IPPC? ¿Prefieren mantener ese tono optimista y va a ser esa la línea de sus futuros trabajos a pesar de los datos del informe, que ha salido precisamente estos días y es totalmente demoledor?

Sí, somos conscientes de que pese a que la transición energética está en marcha se necesita acelerar el proceso. Urge eliminar los combustibles fósiles de forma inmediata, proteger al menos el 30% del planeta para el 2030, reducir la brecha de la adaptación… En fin, hay mucho por hacer y se debe hacer ya, pero no podemos perder la esperanza de alcanzar un futuro limpio. No podemos tirar la toalla. En este sentido, si bien es cierto que se debe comunicar de un modo muy claro cuál es la situación, para poder seguir adelante también necesitamos color, un horizonte de color, no un camino oscuro. Psicológicamente, en el momento en el que estamos, sacudidxs por la pandemia, con la amenaza nuclear y la emergencia climática cada vez más presente en la radicalidad de los fenómenos meteorológicos, el arte, además de cumplir una función de camino a la reflexión por medio del goce de las formas sensibles, debe, así lo entendemos nosotras, cumplir otra función. Una a la que, tanto el arte como la filosofía, se han prestado en mucha ocasiones, la función terapéutica. Las personas que experimentan esta exposición en la Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura pasan por todos esos estados de ánimo: el bálsamo de un espacio de color, el reconocimiento de una situación de emergencia, la posibilidad de una solución limpia y el disfrute estético de la promesa de un futuro limpio que debemos construir entre todas y todos. El arte, a veces, sirve.

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