Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Miguel G. Morales Cineasta

«La concienciación civil de César Manrique fue su mejor obra de arte»

El cineasta Miguel G. Morales.

La primera secuencia de Utopía Manrique combina dos movimientos simbólicos del artista: la primera, César Manrique jugando a esconderse tras la máscara de su obra; y la segunda, César Manrique mimetizándose con el paisaje volcánico de Lanzarote. ¿Cómo se decide por estas dos imágenes como punto de partida de la película?

Utopía Manrique se plantea como un ensayo fílmico sobre la construcción del «personaje Manrique» a partir de imágenes icónicas, realizadas por fotógrafos de gran relevancia internacional en el momento, que pertenecían a esos «archivos durmientes», que nunca habían sido interpretados o vistos, porque la película tiene alrededor de un 70% de imágenes inéditas. Para mí, trabajar con archivos es jugar con la alquimia y la polisemia de las imágenes, así que nos planteamos hacer esta película tratando de llegar a otras capas de significación de los archivos. En concreto, en esa secuencia primera hay una mezcla de dos archivos: uno aparece en unas latas que tenía el propio César en su casa, que pertenecían a un fotógrafo alemán que grabó estas imágenes inéditas maravillosas de César a principios de los 70, y que nunca se habían digitalizado. Ahí César ya es el personaje total. Las otras imágenes pertenecen al cortometraje Simbiosis, de Miró Mainou, que nos venían muy bien para arrancar la película porque vemos al artista totalmente mimetizado con los paisajes de la isla, que es el sustrato de su trayectoria. 

El documental se construye a partir de una exhaustiva investigación y tratamiento de materiales de archivo, que es el terreno en que ha navegado el grueso de su obra fílmica. ¿Cómo fue el proceso creativo?

Mi vida está atravesada por el archivo desde mi primer corto. Mis últimos trabajos se construyen prácticamente al 100% con archivos descontextualizados y puestos al servicio del relato. En este caso, Utopía Manrique nace de la mano de la Fundación César Manrique en el contexto del centenario del artista. Yo ya había dirigido el documental Taro, el eco de Manrique (2012) pero, cuando empecé a rastrear y a buscar otros fondos, incluso, fuera de España, empezaron a aparecer archivos que no se habían encontrado en la primera búsqueda y se digitalizaron películas que no se habían digitalizado nunca en TVE, como unos programas protagonizados por César de la década de los 80, que son puro oro. Entonces, cuando me plantearon hacer una película nueva con todo este material acepté a condición de que incorporásemos la mirada de Fernando Gómez Aguilera [director de la Fundación César Manrique] en el guion. Creo que Fernando, que además fue biógrafo del propio César en vida, es quien más ha repensado, hilado y brindado capas al propio Manrique. Nuestra percepción es que nunca se terminaba de conocer bien al personaje y gracias a Fernando podemos llegar a estratos de César a los que no habíamos llegado. Por eso insistí en que solo aceptaría si Fernando estaba en la película. 

¿En qué medida supuso un reto trasladar a la pantalla un guion tan poético como el que firma Gómez Aguilera?

Es cierto que Fernando nunca había escrito un guion ni había trabajado con imágenes antes, así que se sentía en un terreno indeciso. Pero esta película se fragua como una conversación entre ambos; yo aportaba un relato en imágenes, Fernando aportaba textos, y juntos íbamos trenzando las selecciones de imágenes y textos. Al final, Utopía Manrique encierra una cantidad impresionante de imágenes, que son capas, capas y capas de archivo y relectura. Para el proceso de trabajo tomamos como referencia la película Sans Soleil, de Chris Marker, que plantea una narración desfragmentada, con palabras cortas, donde la voz en off, que en nuestra película pone Charo López, siempre está interpelando a las imágenes, redescubriéndolas casi al mismo nivel del espectador, abriéndolas a otros significados. 

En este sentido, ¿qué nuevos significados extrajo de esta segunda inmersión en el complejo universo manriqueño?

Creo que este proyecto es bastante interesante en cuanto a que desnuda al personaje pero, al mismo tiempo, recalca las formas de construcción de ese personaje internacional icónico, hedonista y exótico que, al final de su vida, se reconvierte en activista social. Además, la película muestra cómo César es consciente del poder de las imágenes y de la importancia de crear esa ficción, no de una forma falsa, sino que en su caso parte de un yo muy auténtico, muy natural. Creo que el personaje transmitía la misma emoción que el César que luego hablaba con los trabajadores, y los ponía en valor y los empoderaba, y que tampoco se distanciaba del que estaba de fiesta con arquitectos, fotógrafos y artistas internacionales. Podría decirse que César construía un personaje, pero nunca una pose.

Precisamente, la película se refiere a la búsqueda de «la obra de arte total» pero también de «la alegría total o, quizás, de la vida total». ¿Utopía Manrique es también un homenaje a su talento para vivir?

Sí, creo que fue un acierto por parte de la Fundación plantear su centenario desde ese leimotiv de mostrar su modo de habitar, su arte de vivir, como decía él. Nunca se había enfocado la narrativa desde este lugar. Para mí, César es energía, compromiso ciudadano, modernidad, sensibilidad y rabia a la vez; amor por las pequeños placeres de la vida y la idea de otra Canarias que pudo ser posible en algún momento de nuestra historia. Y creo que el personaje de César continúa desafiándonos. Solo su forma de estar en el mundo fue desafiante y nunca fue entendido del todo en su época. De hecho, se le ha querido atacar por lo político, pero, en realidad, él no entendía de ideologías ni de religiones, solo creía en la naturaleza y la belleza. En ese sentido, fue un artista profundamente comprometido con su territorio, que puso el cuerpo para transmitir esa querencia sensible sobre la isla y que, luego, la población de Lanzarote interiorizó. Hoy en día es muy poco habitual que un artista tome partido de esa forma. Para mí, la mejor obra de César fue su trabajo de concienciación civil, porque logró que todo el mundo tomara partido por el cuidado de su isla, de su entorno, de su casa. Que un artista logre eso es una obra de arte.

Una mirada que atraviesa el relato es la descripción de Manrique como un «contemporáneo del futuro». ¿En qué aspectos percibe que reemerge su legado en la actualidad?

Creo que lo contemporáneo del discurso y la lucha de César conecta hoy con esa nueva oleada capitaneada por jóvenes científicos, biólogos o activistas medioambientales, que encarna con cierta nostalgia el espíritu de César y que lo toma como referente. Pienso en ejemplos como el documental Salvar Tenerife, de Felipe Ravina, en nombres María Tomé, Pablo Martín o el colectivo Salvar La Tejita. A mí eso me emociona, porque se han ido creando unas sinergias, marcadas por el compromiso en la defensa del medioambiente, donde resuenan la lucha y la valentía de César contra la especulación o la corrupción que nos asola. La película muestra al final ese giro tan interesante y definitivo de César, que, posicionado como artista y mass media internacional, decide reconvertir a su personaje en activista social. Las imágenes muestran a cientos de personas que llegaban a Lanzarote a conocer a ese personaje utópico que, de repente, te llevaba hacia su distopía, que eran todos los hoteles que se estaban construyendo en los años 80. César te hablaba de su sueño y, luego, te llevaba a su pesadilla. Ese giro de César me parece maravilloso. Y único.

Una mención obligada: ¿cómo dialoga la música de GAF y la Estrella de la Muerte con la música de Manrique?

Yo ya conocía el trabajo de Bonny [Mladen Kurajica, líder de GAF], incluida su onda más personal, por otros trabajos que hemos compartido, y la línea musical que buscaba le iba muy bien al proyecto porque rimaba muy bien con esa parte más psicodélica y exótica de César, que también tiene en algunos momentos el trabajo de Bonny. Luego, en esto de las búsquedas y de dejar hablar a los archivos, encontramos unas grabaciones de GAF con una orquesta, que nunca se habían mostrado, y fue maravilloso porque parecían hechas para las primeras imágenes de la película. De repente, como sucedió con muchos otros materiales, tuvieron un sentido cuando los pusimos al servicio del relato. Y luego había temas míticos de la banda, como Alien Love, que nos sirvió para romper en la parte final. También surgieron otras músicas que Bonny fue uniendo para crear y añadir otras capas de sonidos que, en conjunto, crearon una sintonía maravillosa, que realmente te lleva a esa época y esas imágenes.

¿Podría condensar la imaginería de Utopía Manrique en una sola estampa?

Pues la imagen que más me apasionó en esta búsqueda es una imagen en movimiento de Fachico, en la que César está hablando en televisión como todo un personaje en prime time y hace referencia a su camisa, que fabricaron los pescadores de la isla de La Graciosa. Ese total me parece maravilloso, donde le dice a los pescadores son mágicos, porque han creado esa camisa que siempre lleva -es verdad que siempre la llevaba en todos los eventos- y que le enseñó incluso a Balenciaga. Y luego hay un instante, que dura solo 10 segundos, y que es el único momento en que César no es consciente de la cámara, porque siempre era consciente de que le estaban filmando. Pero en ese único instante, hablando con Chichi, la mujer de Fachico, en una barca con rumbo a La Graciosa, se le ve feliz, ajeno a la cámara, encantado con su camisa de los pescadores, sin prestar atención a nada más.

Con todo, actualmente trabaja en un largometraje de ficción, Salvaje es el viento, que se sitúa en el anverso de sus trabajos ensayísticos con fondos archivísticos. ¿Qué puede desvelar sobre este proyecto?

Salvaje es el viento es un drama intimista sobre la sanación y redención de cuatro personajes en contacto con la muerte. La historia trata sobre la memoria recuperada, la diversidad ocultada y aniquilada, a partir de un guion original escrito a seis manos entre Verónica Franco, Roy Galán y yo. Pero el proyecto aún se encuentra en fase de desarrollo.

Compartir el artículo

stats