Dos advertencias del maestro Kundera

Se recuperan dos de sus textos en los que aborda el ninguneo de la Europa Central

Milan Kundera.

Milan Kundera. / GONZALO TORNÉ

GONZALO TORNÉ

Aunque vivamos con la sensación de que los tiempos siempre son nuevos y de que los asuntos cambian a gran velocidad, algunos aspectos del debate y de la realidad son persistentes, de manera que algunas formulaciones son capaces de atravesar medio siglo y seguir valiéndonos. Así sucede con la definición que Milan Kundera (Brno, Chequia, 1929) establece en el primero de los dos textos reunidos en Un Occidente secuestrado (La literatura y las pequeñas naciones, conferencia leída en 1967 en el Congreso de Escritores Checoslovacos) con la figura del vándalo: «Son todos instruidos, están contentos consigo mismos […]. Su orgullosa estrechez de espíritu cree poder adaptar el mundo a su imagen, y son capaces de transformar su patria en un desierto sin historia, sin memoria, sin ecos y exento de toda belleza». Kundera considera que este provincialismo orgulloso de serlo es el mayor enemigo de las culturas menores, no asociadas a estados poderosos, cuya razón de existir (habla de justificación) en el plano cultural pasa por abandonar los rincones folclóricos y la gestión del propio día a día y ofrecer obras de mérito al resto de países.

Esta idea es interesante en un país como el nuestro, donde por lo menos se mueven cuatro literaturas sin Estado. Pero si añadimos su idea de que en un mundo globalizado la cultura dominante tiende a devorarlo todo, incluso culturas como la española corren el riesgo de volverse menores, o satélites de la anglosajona, si no se previenen contra el vandalismo de sus compatriotas. Y algo de ese riesgo asoma cada vez que la cartelera de los cines o las noticas culturales del telediario y la prensa actúan como ecos sumisos de la industria de otro país, interesado en historias que no siempre son las nuestras.

La actualidad puede distorsionar la lectura del segundo de los textos reunidos, publicado en 1983 como artículo de revista: Un Occidente secuestrado. Kundera denuncia el ninguneo cultural de lo que denomina «Europa Central», y que incluiría países como Polonia, Checoslovaquia y Hungría. Asegura que el resto de Europa denunciaba la ausencia de libertades provocada por el régimen comunista en estos países, pero se olvidaba de que con su anexión forzosa a Rusia se había también conculcado su identidad cultural: más cercana al racionalismo y al catolicismo que al sentimentalismo y la religión ortodoxa.

Un reflejo mental lleva a pensar en este texto como advertencia contra los impulsos imperialistas de Rusia, pero Kundera alerta de que no debemos comparar (sí denunciar) la situación de Ucrania y Bielorrusia (sometidas en lo político, pero pertenecientes al mismo ámbito cultural) con la de Hungría y Polonia. Pasados los años, estos países, liberados del yugo soviético e integrados en la UE, han acelerado derivas contrarias a los principios de la ilustración que solemos asociar a Europa, aproximándose al extremismo y la intolerancia. La emancipación política no ha enjuagado aquí del todo a los monstruos.

Vivero de reflexiones, maestro de la vida, genio de la comedia, siempre es un placer encontrarse o reencontrarse con un texto de Kundera. Y este libro es un recordatorio feliz de la suerte de que sea nuestro contemporáneo.