Letras

Jorge Laguna rememora La Palma colonial en ‘El secreto de la indiana’

El escritor tinerfeño recrea el mundo insular del siglo XIX cuando la industria tabacalera y artesanal canaria se expande por América

Jorge Laguina

Jorge Laguina / LP / DLP

El escritor tinerfeño Jorge Laguna rememora la época colonial de La Palma en el libro El secreto de la Indiana (Suma de Letras) donde se retrata el mundo insular en el siglo XIX, cuando las Islas presumían de albergar una industria tabacalera potente y artesanal que trataba de expandirse y ser tan próspera como la de las colonias, Cuba y Puerto Rico.

 Haciendo gala de un estilo evocador y una ambientación preciosista que nos traslada a la España de las últimas colonias y a las consecuencias de un pasado esclavista, Jorge Laguna ofrece a los lectores una historia de amor, relaciones prohibidas, secretos, masonería, esclavismo y homosexualidad que comienza en 1876 cuando los gemelos Miguel y Alejandro heredan la fábrica de tabacos que da título a la novela.

El autor señala que la elaboración de esta obra comenzó siendo un proyecto de serie de televisión. «Trabajo como guionista de ficción y mi primer acercamiento fue para una serie en colaboración con el laboratorio de guión Islabentura La Palma allá por el año 2018», afirma. «Después de un año de documentación finalmente decidí lanzarme a transformarlo en una novela, un proceso que ha sido en total de unos cinco años». Para realizar este trabajo, Laguna estuvo un mes en La Palma documentándose y observando cómo trabajan las tabacaleras que aún existen en la isla como Puros Julio, además de documentándose con historiadores, masones y los directores del Museo del Puro y Museo Naval y leyendo toda la documentación de la época que existe en la Sociedad Cosmológica y en los Archivos de la isla de Tenerife

«La novela está basada en testimonios orales y escritos de ese periodo», asegura. «Algunos personajes son reales y otros están ficcionados. Eso sí, las situaciones están rescatadas de las antiguas tabacaleras de la isla». De este modo, personajes como el párroco y lector tabaquero, las mujeres cigarreras, las esclavas procedentes de América, así como sucesos del tipo la moratoria del tabaco de 1876, están basados siempre en hechos reales.

Canarias vivía tiempos de crisis. «Uno de los motivos por los que escribí la novela fue con el propósito de explorar la idiosincrasia y economía de las islas en aquel periodo», aclara. «Lo más importante para mí fue descubrir cómo el tabaco transformó la economía en las islas de La Palma, Gran Canaria y Tenerife, del mismo modo en que ya había ocurrido con los ingenios azucareros o como ocurriría posteriormente con el plátano», asegura.

Las islas tenían categoría de Puerto Franco y eso propiciaba también que Canarias «se convirtiese en un lugar de paso y tránsito de ciudadanos de los continentes de Europa, África y América. Era un crisol de mundos».

Para el autor, en la literatura canaria abundan novelas que abordan nuestra relación con los cubanos, ya que Cuba, al igual que Venezuela, «son dos lugares a los que los canarios han emigrado durante los siglos XIX y XX». Es inevitable por tanto «querer mirar al pasado y darnos cuenta de que parte de nuestras raíces proceden de esos dos lugares». En el caso de La Palma «la migración a Cuba permitió que llegase la hoja del tabaco, así como la técnica y las herramientas necesarias para el proceso de cultivo, secado y elaboración», afirma el autor. Otras curiosidades que llegaron fueron «el punto palmero, tipo de música que procede de la décima cubana, o las revistas y periódicos que nos llegaban desde Cuba. De hecho, en esa época había un Partido Canario en Cuba. Todo esto queda reflejado también en la novela».

A Laguna le interesa mucho las historias y novelas que retratan una época. «Admiro mucho la obra de Luis Zueco, María Dueñas o Mario Vargas Llosa. Los tres se acercan al pasado que retratan desde un prisma único, una mirada diferente que yo también quise reflejar en mi novela». Otros dos referentes importantes para él son Kate Morton y Sarah Lark, quienes también se aproximan al pasado «desde una perspectiva algo más costumbrista pero que ayuda a conocer mejor la forma de vivir de una época en un lugar concreto».

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