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Entrevista. Patrón de botes

Tino de la Nuez: "No entiendo cómo no se divulga más este deporte en los colegios"

"La vela latina vive de espaldas a la sociedad grancanaria. Hay que hacer más actividades lúdico-deportivas", apunta el experto en vela latina

Tino de la Nuez en uno de los lugares más singulares de su barrio, con el Castillo de San Cristóbal al fondo.

Tino de la Nuez en uno de los lugares más singulares de su barrio, con el Castillo de San Cristóbal al fondo. QUIQUE CURBELO

En su dilatada carrera como patrón, Tino de la Nuez se adjudicó dos Campeonatos y tres Torneos Eliminatorios de La Caja. Hoy es de esos veteranos que aún sigue al pie del cañón y se resiste a pasar página. Y es por lo que cada día de la semana se pasa por la dársena Fernando Roque para echar un rato con los amigos y "matar el tiempo" como él dice. Y, sobre todo, para seguir de cerca el día a día de su bote, el Guerra del Río, "para que no le falte de nada". Tino de la Nuez, es hoy en día, por su amabilidad y cercanía, un referente para los jóvenes patrones, como también es respetado y querido dentro del mundillo botero.

¿De dónde le viene esta relación con el mar?

Mis primeras imágenes de la vela latina canaria me vienen de unos cuadros que existían en la entrada de mi casa de niño, en la calle Luján Pérez de La Isleta, y que mi padre a preguntas mías sobre aquellas fotos me contestaba que era un deporte que había existido en la Isla y que lo habían retirado al comienzo de la Guerra Civil. Y también tiene mucho que ver en todo ello, el vivir cerca del puerto y de la playa de Las Canteras.

¿Y con la vela latina canaria?

Pues me llega tras venirse toda mi familia a vivir al barrio de San Cristóbal a mitad de la década de los sesenta. Y por aquel entonces se empezó a construir el primer casco del Unión San Cristóbal y yo me acercaba cada tarde a ver cómo trabajaban los maestros carpinteros, Tomás y Domingo Cara Sucia. Cuando acabaron el casco lo llevaron para el muelle de Santa Catalina y ya me fui integrando poco a poco con el mundillo de los botes.

¿Pasó pronto a formar parte de la tripulación?

Que va, siendo joven era muy complicado subir a un bote. Me costó trabajo el poder acceder a la tripulación del San Cristóbal. Tenías que tener unos conocimientos marineros muy grandes para que pudieras subirte a la embarcación. Hasta que se decidieron, tras hacer unas pruebas en la bahía. La falta de tripulantes en un día de regata hizo que me llamaran y ya continué navegando.

Pero antes usted ya había navegado en la clase Snipe, ¿no?

Efectivamente. Lo había hecho con una flotilla de seis Snipes que existía en el Real Club Victoria, a comienzos de la década de los sesenta. Navegábamos en la playa de Las Canteras y lo hacía con los amigos, Manuel Almeida, Paco Beneyto, etc.

Acabó como patrón, pero ¿en qué puesto se inició?

Yo me inicié con los conocimientos de Juan Picarraña y Manolo Farías, que me enseñaban a moverme en la mura y en la contramura. Estos dos puestos fueron mis primeros contactos dentro del San Cristóbal. También me ayudaron en mis comienzos Pancho el Rubio, Yeyo, Domingo o El Figurita, entre otros. Y ya como patrón, la persona que me dio la oportunidad de llevar una caña fue Antonio Cabrera, El Seyko. Él me apuntó en un concurso de patrones noveles llevando la caña del Bandama. Eso fue en la temporada 1974. Un año en que el San Cristóbal se quedó en tierra y no salió a navegar.

Pero sería en el Roque Nublo, otro casco del barrio de San Cristóbal, con el que conseguiría el primer título de campeón...

Efectivamente, ése fue mi primer título como patrón de un bote de vela latina. Fue en la temporada 1981 y lo logramos con un nuevo casco del Roque Nublo. Aunque es verdad que siempre guardo con gran cariño los tres títulos que conseguimos en el Torneo de La Caja de Canarias. Títulos que obtuvimos navegando en el San Cristóbal durante las temporadas 1984, 85 y 86, y los dos campeonatos con el mismo casco.

¿Le costó mucho retirarse de un deporte con el que tanto disfrutó?

En el año 1999 me dieron por inútil para mi profesión (carnicero) cuando se me rompieron los manguitos rotadores del brazo. Fueron momentos duros, porque ya sentía dolor cuando navegaba, y decidí retirarme después de tantos años. Pero bueno, no me retiré totalmente, porque seguí con otras labores, aunque ya en tierra.

Y se hace usted armador de un nuevo casco, el Guerra del Río...

Como digo, no me retiré totalmente, porque por aquellas fechas me regalaron un casco de segunda mano del Portuarios, le cambié los colores y así nació el Guerra del Rio. Un nombre, que estuvo ligado, como me contaba mi suegro, a la vela latina en la década de los años treinta del pasado siglo. Y que, además, como es sabido, era un bote cuyos sus seguidores eran trabajadores del mercado del Puerto.

¿Ha cambiado mucho la vela latina a lo largo de su trayectoria como patrón?

En algunas cosas, de las que yo destacaría la construcción actual con respecto a los cascos que se construían en los años sesenta. La manga, palo, flotabilidad, velas etc... Y también con respecto a la afición enorme que existía en aquella época, que nada tiene que ver con la que cada fin de semana se acerca a la avenida en un día de competición, pues hoy día cuenta con menos presencia de aficionados, motivado ello posiblemente por la gran cantidad de coches que circulan por la avenida marítima. Es verdad, que en esta época hay muchas ofertas deportivas por la televisión, etc..., y ello influye también; aunque asimismo es verdad que se ve gente joven disfrutando de la vela latina.

¿Qué ha aportado la base náutica Fernando Roque a la vela latina?

Muchísimo. Yo vengo de cuando los botes varaban en el Puerto de La Luz. Más tarde lo hicimos en el muelle Santa Catalina, después en la playa de Las Alcaravaneras, con unos locales en lo bajo de las misma avenida. Luego los recordados containers en el Muelle Deportivo, a finales de los setenta, y por último la dársena Fernando Roque, con la que estamos encantados, porque con ella se dio un salto de calidad en todos los sentidos.

¿Y a la juventud, le sigue llamando la atención la vela latina?

Yo creo que sí. A pesar de la poca información que recibe siendo un deporte autóctono y con más de 110 años de historia. Y también pienso que la vela latina está de espaldas a la sociedad grancanaria. Existe poca divulgación en los colegios de este bonito deporte. Se tendrían que tener más actividades lúdico-deportivas con niños-as. Y creo que estamos fallando en algo. A veces se tiene la sensación que la dársena está cerrada, cuando realmente está abierta para que la gente pueda acceder y nos conozca.

¿La vela necesita de vete- ranos?

Creo que es importante que gente con cierta experiencia y veteranía podamos seguir aportando cosas y seguir unidos a la vela latina, ya que no se nos esconde nada, como cuando yo aprendía de mi maestro Manuel Cabrera La Fiera en todo lo relacionado con la vela. Y si a todo ello añadimos los conocimientos náuticos de los jóvenes que llegan de otras modalidades, pues todos salimos beneficiados.

¿Considera que la crisis también ha llegado a la vela latina?

Claro que sí. Principalmente por la escasa ayuda que reciben los clubes, que terminan por dejar el bote varado. Antiguamente existían las sociedades y con la aportación de los socios, sobrevivían, como a nivel particular que asimismo recibía ayudas, pero todo eso ya ha desaparecido. Pero es verdad, que la crisis también ha llegado a los botes.

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