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VIAJES

La madre de todas las carreteras

Un viaje literario y fotógrafico por la mítica Ruta 66 a través de los coches, los moteles y las canciones que hicieron de ella un icono de las "road movies"y canciones de rock

El asfalto interminable de la Ruta.

El asfalto interminable de la Ruta.

La llaman "Mother road", la madre de todas las carreteras, y con razón. La Ruta 66 que cruza el suroeste de los Estados Unidos, es asfalto mítico, una vía hacia los grandes horizontes, el escenario fascinante por el que han circulado muchas de las road movies más célebres de la historia del cine. La crítica de cine María Adell y el diseñador gráfico Pau Llavador han convertido ese paisaje en alimento para un libro extraordinario (editado por Lunwerg) donde se repasa, con rigor y amenidad a partes iguales, la historia de una vía icónica desde Los Ángeles hasta Texas, con desvíos a Nevada (Las Vegas), Utah (Monument Valley, el rincón amado por John Ford) y Colorado (las Montañas Rocosas). En sus páginas ampliamente ilustradas se pueden visitar más de ochenta localizaciones cinematográficas donde se rodaron cintas como La Diligencia, Centauros del desierto, Gigante, No es país para viejos, Bonnie & Clyde, Thelma y Louise, Carretera al Infierno, Easy Rider o Rebelde sin causa.

Todo ello arropado por la banda sonora de las canciones que han puesto envoltorio musical a una carretera con vida propia que conserva intactas muchas de sus joyas pero que también sufre el paso del tiempo perdiendo algunas de sus señales de identidad y mostrando las huellas del abandono con gasolineras sin vida y moteles derrumbados. De paisajes desérticos a otros nevados, de lugares con gente auténtica y hospitalaria a otros en manos del turismo, de luz cambiante y atardeceres espectaculares. Una odisea sin fin.

Los aficionados al cine revivirán el peregrinar de los moteros salvajes de Easy Rider al ritmo del Born to Be Wild, las carreteras hurañas de El diablo sobre ruedas, el canal de Los Angeles donde los coches se retan en Grease, el Sixth Street Viaduch que atraviesa el sombrío Ryan Gosling con su Chevy Impala en Drive, el Canyonlands donde Thelma y Louise se asoman al abismo, el Baker's Bridge en Durango de Dos hombres y un destino, el diner Pann's de Inglewood donde se detiene la peculiar familia de Pequeña Miss Sunshine o la Calvary Baptist Church de Lancarter, la iglesia donde una boda termina sangrientamente en Kill Bill, sin olvidar, ya en el terreno real, el punto fatídico en el que James Dean encontró su trágico destino o el sitio elegido por U2 para la portada de uno de sus discos.

Un libro sobre cine y también una guía con mucha información práctica para quien tenga la oportunidad de emprender un viaje inolvidable, con seis itinerarios aconsejados para disfrutar de una experiencia que combina la memoria cinéfila con el placer de la aventura sobre ruedas. Desde luego no es un periplo corto si se quiere visitar todo lo que la Ruta 66 ofrece (y eso que los autores dejan fuera la parte de la Ruta que une Texas con Chicago), con diners donde desayunan clientes con sombreros de cowboy y platos rebosantes de comida, los moteles que tanto juego han dado en el cine (algunos con forma de tipi indio), las luces de neón insomne, los pueblos fantasma, las atracciones de carretera en forma de dinosaurios o conejos gigantes, la ubicación del primer McDonald's, o el cementerio donde está enterrada Bonnie Parker, la legendaria atracadora de bancos.

El punto de partida es Los Angeles, ese gigantesco lío de autopistas que hacen el coche imprescindible. Aconsejable ver antes Collateral, de Michael Mann. Pero California es mucho más. El estado dorado alberga el Parque Nacional de Yosemite, el Death Valley (visita obligada al hotel de Carretera perdida de David Lynch), Hollywood, San Francisco... Cuna del surf, de la arquitectura googie, patria chica de los Beach Boys y los beatniks... De ahí pasamos a Arizona, o lo que es lo mismo el Gran Cañón. Territorio que casi conocemos bien gracias al western. No se puede pasar por alto el sorprendente pueblo de Seligman, que, al parecer, inspiró Cars. En el desierto infinito de Nevada se levanta el paraíso del ocio y el negocio, Las Vegas, y también el Área 51, enigmático lugar asociado a ultrasecretos militares y los presuntos contactos con alienígenas.

En Nuevo México y Texas se encuentra el auténtico sabor americano, o la imagen que tenemos de él. Sus interminables llanuras de escasa vegetación y su condición fronteriza han sido platós naturales para innumerables películas. Y como colofón a la ruta, Colorado y Utah, donde la cámara puede fundirse de tantas fotografías que hay que tomar. El libro es, en fin, una declaración de amor al viaje, a la aventura de subirse a un coche y recorrer kilómetros sin encontrar vida humana, sin huellas de civilización por ningún lado, sin coches con los que cruzarse, con los grandes horizontes siempre en la lejanía, inalcanzables. Arranquen motores.

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