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Números y Medicina, comportamiento matemático del coronavirus

Las cifras demostraron también con el paso del tiempo la asociación entre tabaquismo y cáncer de pulmón

Tras casi tres meses de informaciones diarias sobre la cantidad de infectados, de hospitalizados, de ingresados en las UUCCII, de fallecidos, podemos hacer una pequeña reflexión sobre si los números ayudan a entender y a resolver la enfermedad que nos asola o son sólo una "distracción" que confunde y oscurece las soluciones a la pandemia. Antes de entrar en el caso de la Covid-19 veamos un par de precedentes históricos.

El primero que aparece claramente en la historia de esta relación entre matemáticas y enfermedades es el caso de la epidemia de cólera que se declaró en Londres en 1855. Sin conocer la etiología de la enfermedad había dos hipótesis de trabajo. En la primera se creía que la enfermedad se contagiaba de persona a persona y se debería resolver con cuarentenas y confinamientos. La segunda entendía que las "miasmas" que la producían se transmitían por el aire, llevadas por el viento, por lo que deberían aislarse los espacios y cerrarlos lo más posible. Sin embargo, John Snow (1813-1858), un brillante médico anestesiólogo que atendió a la reina Victoria en el nacimiento de sus hijos, era un observador meticuloso. Detectó que en las cercanías de una fuente de agua situada en Broad Street (hoy Broadwick Street), de la que bebían la mayoría de los vecinos, el cólera hacía estragos y pensó que ahí podía estar el origen de la epidemia. Elaboró un mapa de la zona, que ha pasado a la historia de la epidemiología. Marcó la distancia de la fuente con la vivienda de los fallecido para determinar una clara relación entre la fuente y el número de muertes. A partir de ahí el estudio de la captación de aguas visibilizó que era la contaminación por aguas fecales lo que transmitía la enfermedad y el asunto entró en vías de solución. Fue un éxito enorme que sentó las bases de la epidemiología moderna basada en datos y no en creencias preestablecidas.

El segundo caso al que me voy a referir es el protagonizado por un artículo, "Tabaquismo y carcinoma de pulmón: informe preliminar" de Richard Doll (1912-2005) y Bradford Hill (1897-1991), que se publicó en el British Medical Journal el 30 de septiembre de 1950 (se puede encontrar en castellano en la red). El artículo empezaba así: En Inglaterra y en Gales, el enorme aumento del número de defunciones atribuidas al cáncer de pulmón supone uno de los cambios más llamativos de las pautas de mortalidad que refleja el Registro Civil. Así, por ejemplo, en el cuarto de siglo que va de 1922 a 1947, la cifra anual de defunciones registradas pasó de 612 a 9287, una cantidad casi quince veces mayor? Doll y Hill presentaron una tabla tan explícita que no dejaba lugar a dudas en la relación entre el hábito de fumar y la prevalencia del cáncer de pulmón.

No fueron los primeros en sospechar esa relación y hubo después de ellos muchos otros estudios que confirmaron lo ahí expuesto, pero tienen el mérito indudable de haber mostrado con números una asociación trágica entre fumar y morir de cáncer de pulmón. Esa tabla ha salvado millones de vidas gracias a las campañas implementados para dejar de fumar ("un hábito estúpido").

Volvamos a la Covid-19. Nunca hemos tenido acceso a una mayor información sobre el desarrollo de una epidemia. Hay numerosísimas website que aportan datos de todos los países del mundo día a día, que establecen modelos, que señalan correlaciones, que publican hipótesis, (hasta ahora todas desmentidas o puestas, las hipótesis, en "cuarentena"), que adelantan investigaciones que no han sido controladas y que, sin duda, generan conocimiento pero también confusión y ruido.

En España hay, al menos, dos fuentes oficiales, una del Ministerio de Sanidad y otra del Instituto Carlos III, además de otras muchas de universidades, equipos de investigación o periódicos, que han dejado de manifiesto, a mi juicio, lo fácil que es crear estadísticas poco fiables y poco esclarecedoras. Como ejemplo, los hay más sangrantes, veamos lo que decían algunos medios el 13 de marzo: El nu?mero de casos de infectados por el coronavirus SARS-CoV-2 en España seguira? creciendo durante unos 7 o 10 di?as, a partir de los cuales la velocidad de contagio empezara? a decrecer progresivamente y a finales de mayo es previsible que la situacio?n ya este? controlada. Asi? lo ha explicado a Efe el investigador del Grupo de Biologi?a Computacional y Sistemas Complejos de la Universidad Polite?cnica de Catalunya (UPC), que ha asegurado que la epidemia de SARS-CoV-2 "se puede detener". Sin comentarios.

Por su parte los centros oficiales empezaron dando el "número de infectados", cuando nadie los conocía, ni los conoce ni los pudieron o pueden determinar. Ahora ya hablan con algo más de precisión de "infectados, diagnosticados por PCR", pero en series cronológicas de valor dudoso al haberse cambiado varias veces los criterios de aplicación de las pruebas citadas. Al comienzo no había capacidad de efectuarlas a todos los que presentaban síntomas de la enfermedad; hoy se hacen por hacerlas sin necesidad de indicio alguno, por ejemplo a los futbolistas. Nos informan, esas web, del número de fallecidos como valor para el seguimiento de la pandemia, lo cual es también discutible ya que la muerte es el fracaso del tratamiento, pero no indica, ni siquiera con días de retraso, el avance la enfermedad. Y aún esos datos hay que ponerlos en cuestión porque otras fuentes los rectifican, como, por ejemplo el "exceso de muertes" que no coincide y en ocasiones ni se acerca.

Por cierto, en Canarias tenemos un "exceso de muertes" menor que el número de fallecidos por Covid-19, es decir que algunos hemos dejado de morirnos a causa de la epidemia. Con datos del Instituto Carlos III (del 27 de marzo al 03 de abril de 2020), "faltan" unos sesenta fallecimientos. Sin embargo en Madrid hay un exceso de más de cuatro mil. Por otra parte, tampoco nos dan seguridad en el número que ofrecen porque de un día para otro lo aumentan, con una explicación confusa, en quinientos o lo reducen, de forma aún menos creíble, en mil. Misterios de la transmisión de datos.

Tendremos mejor conocimiento cuando se publique el informe definitivo de la encuesta serológica que se está llevando a cabo y de la que conocemos actualmente solo uno preliminar. La primera conclusión es que hay diez veces más afectados de los que se creía y que, por tanto, la mortalidad es diez veces inferior a la que se publicaba. Habrá más sorpresas.

Las estadísticas sólo mienten cuando están mal elaboradas y sólo sirven si son estudios de calidad. Como casi todo en la vida.

*Doctor en Matemáticas

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