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Radiografía de un fenómeno

El milagro del cine islandés

La tierra de los volcanes y el frío se asoma a nuestras pantallas cada vez más a través de películas y series de calidad, muy personales, y con un sello de identidad cultural que ha aunado el interés de crítica y público

Fotograma de ‘Lamb’, la película triunfadora en el Festival de Sitges. | LP/DLP

El festival de Sitges ha sido la última parada en este peculiar camino al éxito que lleva Lamb, la cinta islandesa triunfadora en el certamen con el premio a la mejor película y el reconocimiento del jurado al director revelación, Valdimar Jóhansson. Esta propuesta de horror folk se ha abierto paso entre la crítica allá donde ha concursado, con menciones en Cannes y los European Film Awards, en breve pasará el examen de la taquilla, pero ya ha recorrido el camino más difícil, el que la pone en el punto de mira pese a pertenecer a la cinematografía de un país de 370.000 almas.

Las ayudas a la producción de ficción se concretaron en la reconversión del antiguo Icelandic Film Fund en el exitoso Icelandic Film Center

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Lamb, protagonizada por Noomi Rapace, también triunfadora en el palmarés, retrata un drama rural con un tinte surrealista que eleva la originalidad de la apuesta fílmica. Tras el guion, el escritor más prestigioso del país, Sjón, y muy polifacético: a sus novelas, poemas y guiones suma también su experiencia como compositor y letrista de Bjork en varios discos, el último Biofilia. Islandia la ha seleccionado como candidata a las nominaciones de los Oscar.

‘La mujer de la montaña’ representó a Islandia en los premios Oscar.

El fenómeno islandés no es un golpe de suerte. El talento que ha aflorado en la escena internacional viene de la mano de unas políticas de promoción del sector impulsadas por una ley de 2003, que estipula las ayudas a la producción de ficción cinematográfica, televisiva y documental y que se concretó en la reconversión del antiguo Icelandic Film Fund, que operaba desde 1979, en el exitoso Icelandic Film Center. Este organismo, presidido por la ministra de Cultura del país, vela por la proyección internacional en festivales y mercados audiovisuales a la vez que se implica en potenciar el negocio interno y la preservación de los valores islandeses.

Sus planes cuatrienales les garantizan una hoja de ruta adaptada a la realidad del sector: en el plan cerrado en 2019 lanzaban una apuesta sólida por la promoción de las mujeres en puestos clave de la industria, por ejemplo. Entre 2014 y 2018 el Gobierno invirtió 66,5 millones de euros en el plan y obtuvo 99,8 millones en ingresos por exportación de cine y televisión.

‘Un blanco, blanco día’, ‘thriller’ dirigido por Hlynur Palmason.

El plan de 2020 lanzó el desafío a diez años vista tras ver su exitoso balance de la década anterior, y las bases del milagro islandés nacen de la necesidad de diversificar sus sectores económicos aprovechando el potencial con el que cuentan: creatividad, paisaje natural único, y un compromiso fuerte con su cultura. En su programa, el Gobierno islandés pretende desarrollar más formación académica audiovisual aprovechando que el peso de la industria se triplicó entre 2010 y 2020. «Cultura, lengua, identidad, economía y reputación internacional», señala el plan islandés como pilares de la apuesta de futuro para consolidar el trabajo hecho.

Y es que Lamb es la última producción que se abre camino en el foro internacional, pero otras la han precedido. Un blanco, blanco día, dirigida por Hlynur Palmason, deslumbró con su relato en forma de thriller del trance que vive un viudo reciente al descubrir un secreto de su pasado. El entorno islandés, con un paisaje y una luz únicas, se transforma en la filmografía del país en un instrumento más para labrar escenas y personajes. En Un blanco, blanco día la simbiosis es perfecta.

Peculiar humor

Otro de los exponentes del emergente cine islandés es su peculiar humor, áspero y surrealista en la línea del cine nórdico. En Buenos vecinos, la disputa entre dos familias por la sombra que causan las ramas de un árbol y que es el eje de la trama conduce al espectador de la sonrisa a la inquietud en una historia que atrapa por su profundidad. Buenos vecinos, dirigida por Hafsteinn Gunnar Sigurðsson, fue reconocida en el Festival de Venecia y optó al Oscar en 2019.

‘Buenos vecinos’, premiada en Venecia, optó al Oscar en 2019.

La película que sin embargo más ha aunado el apoyo de crítica y espectadores de esta última hornada cinematográfica ha sido La mujer de la montaña. Dirigida por Benedikt Erlingsson y con el protagonismo de una espléndida Halldóra Geirhardsdóttir, la historia cuenta en clave de comedia la lucha que mantiene una granjera contra los intereses económicos que perjudican su modo de vida y el medio ambiente y que dibuja como una mafia poderosa.

La cinta, por sí sola, se situó en las carteleras de cine internacionales, y eso que llegó en pandemia a las salas de exhibición. Fue muy celebrado su paso por los festivales de Sevilla y de Valladolid, y la protagonista fue nominada al premio del Cine Europeo y representó a Islandia en los Oscar.

El entorno islandés, con un paisaje y una luz únicas, se transforma en la filmografía del país en un instrumento más para labrar escenas y personajes

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Otras experiencias islandesas exitosas en crítica como es el caso de Rams, la película de Grímur Hákonarson de 2015 que se centra en la historia de dos hermanos que no se hablan en un valle azotado por una epidemia mortal para el ganado, tuvo una respuesta automática en forma de remake australiano con Sam Neill y Miranda Richardson al frente del reparto en 2020. Rams fue reconocida con la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid y fue reconocida en Cannes.

La televisión

La apuesta por la diversificación del sector audiovisual impulsada por el Icelandic Film Center también tiene mucho que ver con que en estos momentos tres series islandesas aguanten el tipo entre la oferta de plataformas televisivas tan competitivas como Netflix. Atrapados, que ya tuvo su recorrido con su primera entrega en Movistar+, cuenta con dos temporadas y su protagonista, Ólafur Darri Ólafsson, ya lidera el star-system del país. La serie está dirigida por uno de los tótems del cine islandés, Baltasar Kormákur, que también es su creador y que desde su productora RKV Studios ha impulsado algunas de las películas más taquilleras de su historia: 101 Reykjavik o Las Marismas, basada en la novela negra del prolífico Arnaldur Indridason, destacan en su portafolio.

‘Atrapados’, serie dirigida por Baltasar Kormákur.

También está Kormákur detrás de la intrigante serie Katla, una producción que combina el terror sobrenatural con el drama existencial en el contexto de la erupción de un volcán en la isla. Otras series islandesas perfectamente engrasadas para funcionar en el mainstream, son Los asesinatos del Valhalla (Netflix) y Stella Blomkvist (Movistar+).

El noir islandés, muy arraigado, también ha extendido sus tentáculos desde la liferatura a la producción audiovisual. Autoras como Lilja Sigurdardóttir e Yrsa Sigurdardóttir han participado en guiones televisivos y una de las novelas de esta última, Sé quién eres, ha sido llevada al cine por Óskar Thór Axelsson (director a su vez de Atrapados y Stella Blomkvíst). El último rey de la novela negra islandesa, el superventas Ragnar Jónasson, nos traerá en breve los personajes de su saga (publicada en Seix Barral) en una serie ya en producción.

El Gobierno islandés impulsa la industria audiovisual como estrategia de diversificación y el peso del sector se triplicó entre 2010 y 2020

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Sí que hemos podido ver ya un par de capítulos de la nueva serie del protagonista de Atrapados, una comedia sobre dos amigos que emprenden un viaje por los fiordos del oeste y en el que los personajes juegan con su aparición en series muy reconocidas en la pequeña comunidad islandesa. Journey se ha presentado en el festival Seriealizados Fest junto a otra apuesta del país, Blackport.

En la plataforma de streaming Filmin se pueden ver muchos de estos títulos, así como otros hits interesantes del país como A song called hate, un documental centrado en el escándalo que protagonizó el representante islandés en Eurovisión al cuestionar la política de Israel, o Déjame caer, un retrato de la adolescencia más traumatizada de la sociedad islandesa a manos del director Baldvin Zophoniasson, muy reconocido y todo un mito en el país.

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