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Entrevista
Beatriz Sánchez Fiscal adscrita a la Unidad de Extranjería de la Fiscalía General del Estado

«Nadie se ofrece para ser esclavo: el 95% de las prostitutas están sometidas al terror»

«Nadie se ofrece para ser esclavo: el 95% de las prostitutas están sometidas al terror» Shutterstock

Una mujer atada a una palmera y devorada por perros, palizas grabadas en vídeo y emitidas periódicamente para recordar lo que les esperaba si huían, agresiones que provocaban abortos... Este fue el primer caso que Belén Sánchez, fiscal adscrita al fiscal coordinador de Extranjería, tuvo entre manos: era 2012 cuando fue condenado Ion Clamparu, conocido por «Cabeza de Cerdo», el mayor proxeneta de Europa. Sánchez, con una dilatada trayectoria profesional, trabaja sin descanso contra la trata de personas con fines de explotación sexual.

Octubre de 2021. ¿De qué hablamos, a día de hoy, cuando nos referimos a la trata de personas con fines de explotación sexual?

Estamos hablando de una forma de esclavitud que tiene unas peculiaridades e idiosincrasia propias: se da en un momento histórico que surge como consecuencia del aumento y crecimiento de la población mundial, la suma de una mejora de las tecnologías que permiten conocer cómo se vive al otro lado del mundo y un avance en los medios de transporte que facilitan los traslados. Esto surge, además, en una economía de liberalismo obsceno en la que todo lo que es demandado es ofrecido, todo puede comprarse y venderse. Es, en definitiva, una forma de esclavitud, el traslado y la captación de una persona para aprovechar la máxima vulnerabilidad que produce ese traslado.

¿La trata con fines de explotación sexual es la dominante en España?

La trata con fines de explotación sexual es la estrella porque la no regulación que tenemos del proxenetismo, es decir, la impunidad que hay del proxenetismo hace que tengamos un buen terreno para que podamos encubrir todo lo que la trata supone. Mientras en el territorio nacional tengamos cientos de lugares donde hay mujeres explotadas en el comercio sexual, como clubes de alterne o pisos de contactos y no hagamos nada porque, en general, no está penalizado, solo en casos concretos, estamos transmitiendo el mensaje a la sociedad de que esto es lícito, de que consumir mujeres a cambio de un precio no está mal, está dentro del ocio. Y que las mujeres que realizan esto lo hacen porque quieren.

Pero la realidad es otra.

Entre el 92 y el 95 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen porque están en condiciones de vulnerabilidad extrema: están sometidas a una situación de miedo y terror, a una situación de vulnerabilidad previa que las ha llevado hasta allí. Y ellas mismas no son conocedoras de que son víctimas. No en vano, para que se haga una idea, el noventa por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución en España son extranjeras, muchas de ellas en situación administrativa irregular y la mayoría de países que no son de nuestra situación económica; es decir, procedentes de países en vías de desarrollo y subdesarrollo económico. Estamos viendo en los últimos años un aumento progresivo de ciudadanas procedentes de Venezuela que hace cuatro años no teníamos. La prueba más evidente de que estas mujeres no trabajan para ellas y de que viven en situación de vulnerabilidad es que pasan los años, ejercen durante mucho tiempo la prostitución y, años después, lo único que tienen es más miseria y más enfermedad: no tiene un sitio donde guarecerse, no tienen una propiedad, no tienen un coche… ¿Dónde ha ido el dinero? A enriquecer a otra persona.

«Las mujeres son protegidas cuando se les dan oportunidades y se trabaja con ellas desde el ámbito de la igualdad y la libertad, no regularizando una actividad que únicamente beneficiaría a proxenetas y consumidores»

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Habla de falta de regulación del proxenetismo.

Tenemos el serio problema en nuestro país: no se aborda la penalización total de toda forma de proxenetismo, de cualquier persona que se lucre con la prostitución ajena, de cualquier persona que determine a otra a ejercer la prostitución y del consumidor, al que tampoco se le penaliza de ninguna manera. Una sociedad no se cambia solo con legislación, sino también con sensibilización y educación. Este es otro de los problemas: parece que, en nuestro acervo cultural, está admitido que se pueda ejercer como un derecho casi el acudir a la prostitución. Sin pensar qué ocurre con la mujer qué está realizando eso.

¿Cuál sería el mensaje que, a su juicio, se debe trasmitir?

Como sociedad hay que trasmitir un mensaje claro. Nadie se ofrece para ser esclavo. Dentro del mundo de la prostitución, como digo, más del 95 por ciento de las mujeres lo hacen en situación de vulnerabilidad extrema. Como país no podemos permitirnos un discurso en el que, por garantizar la libertad de un porcentaje mínimo de mujeres que ejercen la prostitución de una manera libre, se justifique que otro noventa y tantos quede desprotegido y en la miseria. Los franceses ya abordaron este debate: un país democrático, de derecho garantista con los derechos fundamentales de las personas, no se puede permitir dejar a personas desprotegidas como consecuencia de una legislación inadecuada.

¿Qué solución plantea?

Quiero dejar claro un punto: para mí la única manera sólida de defender a las mujeres no es regular como una forma más de trabajo la prostitución, eso sería terrible, sería como regularizar una forma de esclavitud. Las mujeres son protegidas cuando se les dan oportunidades y se trabaja con ellas desde el ámbito de igualdad y libertad, no regularizando una actividad que únicamente beneficiaría a proxenetas y consumidores.

Entonces, ¿qué retos tiene España por delante para acabar con la esclavitud sexual?

Educación y sensibilidad, repito, nadie se ofrece para ser esclavo. Y hay que plantearse una reforma legislativa en la que se penalice cualquier tipo de proxenetismo. Estos son retos a la vez que la adopción, fundamental, de medidas de protección integral para las mujeres en el sentido de que se les ofrezca oportunidades más allá de un recurso asistencial donde dormir o comer. Se necesitan medidas que les garanticen un futuro que evite que sean recaptadas y reexplotadas.

¿Estos serían los pilares de una ley integral contra la trata?

Los tres pilares son concienciación, persecución penal coherente y una protección de las víctimas. Hemos avanzado mucho en los últimos diez años, antes nadie hablaba de la trata, pero nos queda un terreno por recorrer importante. También desde la perspectiva de género, porque la trata con fines de explotación sexual afecta de manera desigual a las mujeres y está basada en un concepto patriarcal en el que las mujeres están sometidas a los hombres y en la idea de que porque yo pago una cantidad de dinero puedo hacer contigo lo que quiera.

¿Hay niñas sometidas a explotación sexual en España?

Si algo tiene nuestro derecho es que una persona menor de edad no puede estar en la calle ni un club. Los proxenetas esto lo saben y no las tienen a la vista; por lo tanto, creo que la situación puede ser más clandestina. Esto lo puedo afirmar por los datos que me facilitan las ONG que trabajan con mujeres que se iniciaron en la prostitución siendo menores. Yo quiero pensar y creo, porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado hacen una labor maravillosa, que es una situación minoritaria. Hay una concienciación al respeto algo mayor y mayores medidas de protección.

¿Las víctimas de trata han sido doblemente víctimas a raíz de la pandemia?

No se puede hacer un análisis real de cuál ha sido la situación. Durante el confinamiento se dio situación de desconcierto. Algunas, que viven donde ejercen la actividad impositiva, fueron lanzadas a la calle a su suerte al cerrar los establecimientos. Quizá fueron las que mejor fortuna tuvieron porque recibieron auxilio por ONG y recursos asistenciales. Otras quedaron en clubes de alterne y tenemos información de algunas que tuvieron que ser asistidas al quedar sin luz. En ese momento se descubrió que estaban sin comida, sin agua... Otras fueron deslocalizadas: los proxenetas las llevaron a otros lugares y se les perdió la pista por parte de las ONG. Algunas han vuelto a ser localizadas y otras no. Ha habido un mayor secretismo, la prostitución se ha refugiado en pisos y lugares no abiertos al público. Esto ha dificultado la investigación. Se ha aumentado la invisibilidad del fenómeno

«La mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución en España son extranjeras, muchas de ellas están en situación administrativa irregular y proceden de países en vías de desarrollo y subdesarrollo económico»

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El año 2020 fue virtual. ¿También para las esclavas sexuales?

Las nuevas tecnologías también son empleadas por los delincuentes y la delincuencia organizada, y más la internacional como puede ser la de la trata, utiliza las nuevas tecnologías en su beneficio tanto para la captación como para mantener controladas a las mujeres y ofrecer sus servicios. Esto además de ser un producto de la pandemia y sobre todo del confinamiento ha venido para quedarse.

Vienen tiempos económicamente complicados tras la emergencia sanitaria. ¿Augura un repunte de casos de trata con fines de explotación sexual?

Me gustaría pensar que no y me gustaría pensar que se van adoptar medidas que palien las consecuencias lógicas de una depresión económica. Pero lo cierto es que la trata de seres humanos está vinculada a víctimas de estos hechos y su situación económica. Cuando hay una situación debilitada los que más sufren son las clases más bajas. Lógicamente, además, hay países más afectados, de donde proceden además las víctimas. O adoptamos medidas de auxilio o es caldo de cultivo para la explotación.

¿Cuánto debe pagar una mujer víctima de esclavitud sexual en España?

¿Reales o ficticios? Los gastos a los que deberían hacer frente serían mínimos, un billete de ida. Pero a una mujer nigeriana le dicen que tiene que pagar entre 30.000 y 60.000 euros, y ella misma no sabe lo que son 60.000 euros en España porque lo mira según su moneda. Con países sudamericanos varía entre 3.000 y 6.000 euros. Luego tienen que pagar la deuda y el alojamiento que los tratantes imponen, la comida, la ropa, las sanciones que les imponen como consecuencia de acciones que ellos creen que no deben realizar, como comunicarse con otras mujeres de su propia nacionalidad…

Comentaba que la trata de personas con fines de explotación sexual es la dominante en el país, ¿pero qué otros tipos hay?

Estamos detectando cada vez más la trata laboral, en la que también hay un grupo importante de mujeres sometidas a esta esclavitud. También trata con fines de comisión de conductas delictivas y de matrimonios forzados, en menor cantidad, en la que la totalidad de las víctimas son mujeres.

Contra la prostitución

El anuncio de Pedro Sánchez de que está a punto de legislarse la abolición de la prostitución, un designio plenamente atinado si se lleva a cabo teniendo en cuenta toda su complejidad, está ya generando un saludable debate que conviene abordar para que la norma sea lo más acertada posible y resuelva el principal problema de fondo que es, sin duda alguna, la explotación de las mujeres, víctimas de trata, que se dedican esclavizadas a esta rentable actividad que, según informaciones recién publicadas, mueve en nuestro país unos 4.000 millones de euros al año.

Es decepcionante conocer que España es el primer país de Europa y el tercero del mundo en consumo de prostitución. Una actividad sobre la que hasta ahora se ha cernido un ominoso vacío legal. Hay que tener en cuenta para cualquier reflexión la evidencia de que en torno al 90% de las mujeres prostituidas no han llegado a esta situación voluntariamente.

Los dos cauces de control de la prostitución son la regulación y la proscripción (abolicionismo). En ambos casos se pretende sobre todo eliminar la trata y perseguir a quienes la realizan. Últimamente, los proxenetas recurren a material de importación, lo que hace que la indefensión de las víctimas, inmigrantes ilegales en su mayor parte, sea todavía mayor. La vía adoptada por el principal partido de gobierno, el PSOE, a la que parece adherirse UP, es la vía del abolicionismo que castiga al cliente y al proxeneta y ofrece a la mujer prostituida vías efectivas de reinserción. Básicamente, es el modelo adoptado por Suecia y por Francia. Una variante es el modelo finlandés, que solo penaliza al cliente cuando comercia con víctimas de trata.

El problema no es simple ni tiene solución fácil. Pero no puede aplazarse su solución, que ha de provenir un debate de toda la sociedad, basado en el reconocimiento de que estamos ante una actividad degradante que ha de ser erradicada.

Pedro Villalar

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