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La Provincia - Diario de Las Palmas

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La crisis del ‘Sputnik’

(L) | MATTHEW CAVANAUGH

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la URSS habían entrado en la conocida Guerra Fría, una batalla económica y política en la que ambas naciones pusieron todos sus esfuerzos en rivalizar en todo lo relacionado con el armamento militar avanzado. Se invirtió tiempo y dinero en la creación de misiles y se desarrollaron nuevos modelos de armas nucleares que ponían en jaque la seguridad de todo el planeta.

El espacio también formó parte del tablero de juego y el interés en desarrollar cohetes modernos abrió un nuevo campo de exploración. En 1952 Estados Unidos propuso el Año Geofísico y se consiguió que entre 1957 y 1958 se realizaran estudios internacionales sobre diversos aspectos geofísicos. En 1955, el presidente Eisenhower anunció que lanzaría un satélite artificial para demostrar el trabajo conjunto de las naciones en armonía, las cuales miraban por el bien común. La URSS vio este gesto como un desafío por parte del gobierno estadounidense y procedió a anunciar que lograría hacer lo mismo que sus rivales en tan solo treinta días. La complicación que encontraron ambos países fue superar la atracción gravitacional de la Tierra.

Los soviéticos decidieron llamar a su satélite Prosteishy Sputnik «satélite más simple». Se hizo en un tamaño más pequeño al habitual, aligerando su peso y simplificando su equipamiento. Pesó 83,6 kg y midió tan solo 59 cm de diámetro. Por la sencillez del diseño consiguieron crear el satélite en el plazo de tiempo que habían anunciado, adelantando por la derecha a Estados Unidos.

El 4 de octubre de 1957 la URSS lanzó el Sputnik 1 en Kazajstán, asegurando su puesto como líder en la carrera espacial mundial. Con el éxito llegó la locura de la satelitemanía, se creó merchandising como sellos o juguetes que conmemoraba la aventura espacial. Pero la alegría soviética contrastó radicalmente con la inseguridad que despertó el lanzamiento entre el resto de los países, que veían amenazada su libertad. Tras la llegada del Sputnik al espacio se desató el pánico ante una nueva y desconocida amenaza militar. A esta etapa se la conoce como la crisis del Sputnik. El pueblo americano asumió el lanzamiento de la URSS como la decadencia de la superpotencia estadounidense.

En 1958 EEUU lanzó el Explorer I, pero la alegría no duró demasiado ya que poco después la URSS lanzó el Sputnik 2, volviendo a dejar atrás a los estadounidenses en la carrera espacial. En este segundo lanzamiento se envió a una perra, la famosa Layka. Fue, en efecto, la primera nave en transportar material biológico.

La frustración de los estadounidenses sirvió como catapulta para la creación de una de las organizaciones más importantes del mundo en materia espacial, la NASA, que primero fue conocida como la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada (DARPA).

La historia de la crisis del Sputnik confirma que la competitividad y el miedo siempre han sido alicientes fundamentales para el desarrollo del ser humano, que necesita poner en valor sus conocimientos para protegerse del enemigo.

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