Las mujeres y las niñas se suben a los cayucos

Estos días, los cayucos que llegan a Canarias desde la costa senegalesa ya traen a mujeres y niñas. Ellas han empezado a atreverse. Y no les queda otra

En Diogue (Senegal) preparativos para la salida de un cayuco en dirección a España en un brazo del río Cassamance.

En Diogue (Senegal) preparativos para la salida de un cayuco en dirección a España en un brazo del río Cassamance. / Albert Bertran

Hace años en uno de los viajes que hice a Senegal para hacer un reportaje conocí en uno de los barrios periféricos y masificados de Dakar a una chica joven, Briggite. Entonces no se planteaba marcharse de su país. Ella trabajaba en la oficina de una empresa y estaba contenta. Y su realidad era tremenda. Vivía con sus hermanos, y su madre en una pequeña habitación de un edificio de bloques grises, con las costuras abiertas. Todo el edificio compartía un pequeño habitáculo en el que se cocinaba, y algo similar, otro cuarto oscuro, mucho peor, les servía de baño.

Dos o tres años después volví a hablar con esta joven senegalesa cuando Briggite pretendía casarse, y entonces se dio cuenta que no podría dejar aquel lugar, aquel edificio compartido. Entre ella y su futuro marido no tenían dinero suficiente para comprarse la cama de matrimonio. Y en su casa, todos, salvo los más pequeños, trabajaban. Su madre cosía, una de sus hermanas había acabado la carrera de Derecho, y las otras hermanas también se dedicaban a coser para la calle.

La opinión de Briggite empezó a cambiar. La dura realidad asomaba y el día a día suponía un esfuerzo considerable por tratar de salir adelante con lo mínimo. Entonces, por su cabeza comenzó a circular la idea de salir de Senegal. Su madre cada vez estaba más mayor, más cansada, y todo su esfuerzo no daba los frutos necesarios, lo mínimo para que una familia pudiera salir adelante, y con salir adelante, se refería a comer, poder ir a trabajar, utilizando el transporte y seguir pagando los dos cuartos que habían alquilado en un barrio periférico de Dakar.

Estos días, los cayucos que llegan a Canarias desde la costa senegalesa ya traen a mujeres y niñas. Ellas han empezado a atreverse. Y no les queda otra. El periodista Pepe Naranjo que vive en Senegal desde hace algunos años lleva tiempo percibiendo que la realidad de ese país, antes bastante tranquilo, sobre todo si se compara con los de su entorno, está cambiando. Políticamente y socialmente. Los alimentos básicos están subiendo a un ritmo de aceleración descontrolado, los salarios no se mueven. Y en las casas, muchas de ellas sin los hombres que se encargaban de llevar el sustento, Senegal es una sociedad machista, las mujeres han tenido que encargarse de sacar adelante a los padres y al resto de hermanos pequeños. Como no hay trabajo y la gente no tiene qué comer han optado por lanzarse al mar. 

Como comenta Pepe Naranjo, además de la situación política, y económica, las redes sociales acercan a esos jóvenes a una realidad próxima que ven mucho mejor que la de ellos, una realidad fascinante, donde comer, tener ropa, poder ir a la universidad, y comprarse una cama es posible.

Desde este otro lado, desde ese barrio de la periferia de Dakar, la vida se ve de otra forma. Y desde allí, todos saldríamos corriendo, todos nos subiríamos a la primera patera o cayuco en busca de una vida mejor.