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El caldo de los proyectos brillantes

Un revés laboral puede convertirse en el detonante que hace realidad ideas cocinadas a lo largo de años

Esperanza Teixidor ya ha colocado su BaFi en 82 colegios de las Islas y uno de Barcelona

Esperanza Teixidor ya ha colocado su BaFi en 82 colegios de las Islas y uno de Barcelona SABRINA CEBALLOS

A fuego lento la crisis cocina ideas. Un indeseado despido, la dificultad para encontrar empleo o, simplemente, el deseo de dar un giro al devenir laboral son caldos en los que nada el brillo de proyectos empresariales que vienen a satisfacer una demanda latente e inventos que se alumbran para mejorar la vida de los ciudadanos en el sentido más amplio. Esperanza Teixidor, Paolo Mariola y Marta Lang-Lenton son tres de esos ciudadanos que caminan con los pensamientos en ebullición, fórmula con la que miman el destino de sus empresas y, por tanto, el suyo propio.

Las diferencias entre sus ideas son abundantes, pero las similitudes entre sus actitudes para sacarlas adelante son incluso más rotundas. Mente despejada, ideas claras, relativización de los obstáculos que se empeñan en hacer acto de presencia y, sobre todo, pasión, mucha pasión. Cuando las fuerzas escasean, porque un emprendedor es tan humano como el resto a pesar de que en muchas ocasiones lo disimule, más pasión, mucha más. Y así.

Esperanza Teixidor empezó a trabajar como maestra a los 24 años. Ha impartido todas las asignaturas -"hasta de música", relata divertida-, pero su pasión son las matemáticas. Corría el año 1989, estaba en el inicio de su carrera profesional y visitó la exposición Horizontes matemáticos en la capital grancanaria. Allí pudo ver cuerpos geométricos construidos a base de pajitas y herramientas para limpiar las pipas de fumar. El objetivo de dichos elementos era acercar a los niños al conocimiento de esta disciplina matemática.

En su cabeza se instaló desde entonces el deseo de ir un paso más allá y alumbrar un invento aplicable a la enseñanza. Hace poco más de un año, tras 26 ininterrumpidos acudiendo a clase, le pusieron en las manos una carta de despido. "A esta edad", tiene ahora 50 primaveras, "es difícil encontrar empleo", afirma sin atisbo de lamento. El día a día se llevaba gran parte de su tiempo y esa dinámica le impedía impulsar su idea.

La primera parte de su etapa como desempleada la pasó dando forma a BaFi, peleando para registrar la patente de este material didáctico cargado de enseñanzas: doce tubos idénticos y huecos ensartados en un hilo elástico que los mantiene unidos. El resultado es un cubo que, en las manos de los alumnos, se transforma en diferentes figuras geométricas.

Al mismo tiempo, Esperanza inventó un cuento que transmite a los niños la utilidad de BaFi y valores que les conducen a ser "cultos, justos, críticos y solidarios, como demanda la Ley Canaria de Educación no Universitaria" aprobada en julio del año pasado.

Hace "solo dos meses" que se dio de alta en el régimen de trabajadores autónomos y la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias ya ha echado el ojo al invento. El departamento de Innovación Educativa entiende que merece la pena invertir en BaFi -cuesta solo seis euros- y, tal es el interés, que esta emprendedora ha colocado ya su ingenio en 82 colegios de las siete islas "y uno de Barcelona, porque BaFi es canario, pero nace con la vocación de viajar por todo el mundo".

Su objetivo es "lograr vivir de esto" y, si bien hoy ella es todo el personal de la empresa, "crecer lo suficiente para dar trabajo a muchas personas". Para conseguirlo, BaFi le acompaña a todas partes porque sabe que "en cualquier lugar" puede ser necesario darlo a conocer. Además, tiene en el horizonte "conseguir una patente internacional" que sirva de pasaporte para que su idea pueda comercializarse "en el infinito y más allá".

Ocho años más mayor que ella (58) es el italiano Paolo Mariola. Hace quince meses abrió un negocio de alquiler, venta y taller de bicicletas. Hoy ya ha variado su ubicación en busca de un mejor funcionamiento, y eso que hasta la fecha "no ha ido mal", afirma el natural de Neptuno, pueblo costero de las cercanías de Roma donde, desde que tiene uso de razón, su padre alquilaba bicis.

Desde 1992, cuando los veranos terminaban y el negocio paterno flojeaba, Paolo se venía a Las Palmas de Gran Canaria a "trabajar en la hostelería, como camarero". Hace poco traspasó la empresa familiar y decidió instalarse definitivamente en la capital de la Isla. Encontrar un empleo a su edad no iba a ser sencillo y decidió abrir su propio negocio. Con "más de 25 años" arreglando bicicletas, tenía claro qué es lo que podía ofrecer con mayor garantía a los ciudadanos.

El caso de Marta Lang-Lenton es distinto en el origen, pero no en el destino. También quiere poner en pie su proyecto, aunque lo hace desde la seguridad de dirigir un negocio familiar de rent a car del que también es socia. Conoció el Segway, el vehículo articulado de dos ruedas para transporte personal que prolifera en todo el mundo y decidió incorporarlo a las Islas.

Reconoce que no es sencillo "abrir todas las puertas ni afrontar los mil detalles" que requiere la puesta en marcha de un negocio, por lo que recomienda "tener la mente despierta y ser dinámicos" como mejores garantías para que la nave llegue a buen puerto.

De momento ella, aunque oficializará la puesta de largo de Segway LPA en febrero, lo va consiguiendo. Las conversaciones con los operadores turísticos no cesan para aparecer en el porfolio de actividades que ofertan a quienes visitan la Isla.

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