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Entrevista | Yael Pedatzur

"La innovación termina con la peligrosa regla de que uno gana a costa del otro"

"Para construir la paz, debes tener un ojo cerrado y evitar así ver todo lo negativo que te aparta de tu objetivo", destaca la directora general adjunta para Innovación y Relaciones Públicas del Centro Simon Peres para la Paz

Yael Pedatzur, ayer en la capital grancanaria.

Yael Pedatzur, ayer en la capital grancanaria. JUAN CASTRO

¿Cómo influyen la tecnología y la innovación en la construcción de la paz?

En el Centro Simon Peres para la Paz y la Innovación estamos en permanente búsqueda de oportunidades para conectar a la gente. Y da lo mismo que tengan diferentes edades, que sean israelíes o palestinos, judíos o árabes, o que vivan en países diferentes. Lo único que nos importa es que tengan objetivos comunes. Además, a todos los niveles. Por ejemplo, es sencillo que los niños interactúen a través del fútbol o los deportes en general; los adolescentes y los estudiantes, a través de la innovación... Trabajamos en la construcción de relaciones entre las personas que viven en Oriente Medio a través de las tecnologías y la innovación, porque a todos los niveles, música, deportes o cualquier otro campo, es lo que hoy conecta a las personas.

¿La política es un obstáculo o están a salvo de su influencia?

Somos una organización no gubernamental, no política y nos regimos por los principios que promulgó un líder mundial y Premio Nobel de la Paz como Simon Peres. Promovemos la paz y utilizamos para ello la tecnología y la innovación. Él solía decir que para crear la paz necesitas siempre mantener un ojo cerrado.

¿Qué significa eso?

Que no debes mirar a aquello que te aparta de tus objetivos. Si no lo hacemos así, todo el tiempo estaremos observando unos riesgos que nos frenan de cara a la consecución de las metas. Tenemos que estar permanentemente optimistas y creyendo que podemos conseguir lo que nos proponemos. Desde ese punto de vista, todos los que estamos en el Centro Simon Peres somos unos creyentes, da igual que seamos israelíes o palestinos, ya sea para abordar las tareas más sencillas o las más complicadas. Esa forma de actuar nos ha permitido dar lo mejor de nosotros durante los últimos veinte años para conectar gente y hacer posible lo imposible.

¿La presencia de tendencias están equilibrada en este proyecto o no se atiende a ese criterio?

No se fuerza, sucede así de manera natural. Árabes y judíos más o menos al 50%. Estamos ubicados en la ciudad vieja de Jaffa, un barrio árabe de Tel Aviv. Solo para cuestiones organizativas, porque la mayor parte de los proyectos se abordan sobre el terreno. No somos un centro cerrado, sino que desarrollamos la mayor parte del trabajo allí donde existe la iniciativa y la enfrentamos de la mano de los socios, que puede ser un colegio, la Autoridad Nacional Palestina o cualquier otro.

Aunque tengan ese ojo cerrado, ¿sienten trabas promovidas por la clase política a la hora de desarrollar su labor?

No voy a esconder la respuesta. Hay momentos duros, pero incluso en los peores de ellos no podemos cejar en el empeño de crear un mundo mejor. Llevamos veinte años trabajando y eso nos ha servido para determinar que no solo Israel puede ser una startup nation, un país en el que proliferan nuevas empresas de base tecnológica, sino que tomamos ese modelo de éxito para toda la región mediterránea.

¿Es la tecnología entonces una herramienta para la paz?

Lo es desde el punto de vista de que promueve el crecimiento económico. Pero esto no es algo que solo interese al Centro Simon Peres, el propio Israel también están en esa clave, le interesa que haya crecimiento alrededor. Encontrar una manzana más grande permite que coma más gente.

Se lo pregunto de otro modo. ¿El crecimiento económico es un dique contra los conflictos?

Exactamente. Simon Peres decía que la ciencia te permite crecer hacia arriba, no a lo ancho. Con la innovación todos avanzan y se acaba con la peligrosa regla de que cuando uno gana es porque otro pierde. No hay competencia, sino que todos se benefician de los avances que alcancen los vecinos. Tenemos un claro ejemplo en cómo compartieron Israel y Jordania los avances tecnológicos para desalar agua. Una economía de mayor tamaño permite incorporar a más personas y más riqueza significa menos guerras.

¿Trabajan con emprendedores de todo el mundo?

Tenemos proyectos en los que están implicados más de un millón de ciudadanos de diferentes países de Oriente Medio y enfocados en esa área y a Israel de manera más concreta. Ahora bien, en el mundo actual estamos conectados y eso nos permite compartir experiencias con otros países de cara al desarrollo de esos proyectos tecnológicos de innovación para la paz. Trabajamos en Medicina, preparamos doctores palestinos en Israel, cirujanos pediátricos... Por supuesto, también nos volcamos en la educación. Se lo decía al principio, con los más pequeños es fácil transmitir valores a través del deporte. Se les educa para ello y permite, por ejemplo, que niños de una localidad israelí cercana a Gaza jueguen al fútbol con otros de Ramala.

En Canarias se defiende que este mundo conectado elimina las distancias, uno de sus grandes problemas. ¿Lo cree así?

Los ecosistemas surgen de la necesidad, de la diversidad y es necesario poner energía para que se generen. Esas tres cosas las tienen aquí. No se trata de que Canarias sea Tel Aviv o Silicon Valley, debe encontrar su propio valor. Y añado que esos ecosistemas los crea la gente y no el sistema, es la iniciativa y el talento de los ciudadanos los que los alimentan. En la mayoría de las ocasiones, el sistema y la innovación son como el agua y el aceite.

Desde ese punto de vista, ¿nada puede hacerse para generar innovación?

La innovación aparece cuando falta algo y las carencias siempre existen. Desde luego las soluciones tecnológicas las aportan las personas, los emprendedores. Canarias cuenta con grandes dosis de conocimiento académico, puertos, recursos naturales envidiables, una industria exitosa... ¿Puede Canarias convertirse en una referencia? Desde luego que puede suceder, depende tan solo de la pasión que ponga su gente para compartir el conocimiento, para enseñar, para encontrar soluciones a sus problemas. E, insisto, no puedes esperar a que el sector público venga a solventar todas las carencias que existen.

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