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Entrevista | Adam Tooze

Adam Tooze: "España ha salido mejor de la crisis que otros países"

"Ningún banco europeo habría sobrevivido sin la ayuda de la Reserva Federal" destacó el historiador

Adam Tooze.

Adam Tooze. MARLENE LAURITSEN

Las hipotecas basura y la codicia de los brokers desencadenaron la crisis de 2008 que como un resistente virus mantiene aún en un vilo a millones de ciudadanos, reflexiona Adam Tooze (Londres, 1967), historiador y profesor de la Universidad de Columbia que acaba de publicar Crash (Crítica) para explicar cómo una década de crisis financiera ha transformado un mundo que da la espalda a los partidos tradicionales por imponer ajustes draconianos en vez de apostar por políticas de crecimiento económico. España ha salido del atolladero mejor que otros, reconoce Tooze en una entrevista con Epipress en la Fundación Rafael del Pino, pero el paro que registra es "inaceptable". En su opinión, es poco probable que una nueva crisis como la de 2008 pero avisa de que el riesgo está ahora en los mercados emergentes que aportan el 60% del crecimiento mundial.

¿Fue la titularización de las hipotecas basura la única causa del hundimiento de Wall Street y de la consiguiente crisis de 2008?

Las hipotecas basura fueron el desencadenante pero el problema real era el modelo de nego-cio de los bancos en sí. Durante seis años antes de la crisis, los bancos dieron los créditos hipotecarios de una forma bastante arriesgada.

¿Donde empezó realmente la crisis: en Estados Unidos o en Europa?

Comenzó casi simultáneamente a ambas orillas del Atlántico. Los precios inmobiliarios llegaron a su punto más alto en España en 2006 y al mismo tiempo esos precios en Estados Unidos comenzaron a caer. Los primeros síntomas de problemas en los bancos se agudizaron en agosto de 2007 y fue un banco francés Paribas y sus fondos norteamericanos los que desencadenaron la crisis.

¿Cómo llegaron los ban- cos europeos a cometer los mismos errores en la misma loca carrera que los nortea-mericanos?

No se puede hablar de locura. Todos pensaban que era un buen modelo de negocio. El problema es que combinaron dos modelos de negocio que eran muy buenos pero que al fin crearon un modelo tóxico al mezclar la titularización con la banca de inversión.

Se había desatado una imparable codicia global que lo llevaba todo por delante.

Ese es otro elemento que nos llevó a la crisis. Todos creían en el mantra de la globalización. Wall Street era el centro de las finanzas globales y Londres, su antecámara. La ambición planetaria de los banqueros se introdujo en este peligroso juego de codicia.

Así que los banqueros llevaron a millones de personas a la ruina.

Los banqueros no estaban en la cima de esta codicia sino los gestores de los fondos de cobertura que ganaban más que ellos.

¿Llegó el boom inmobiliario de España, Suecia, Grecia o Francia a superar el de Estados Unidos?

Sí. Proporcionalmente, el boom inmobiliario de los españoles y los irlandeses fue dos veces más grande que el que se produjo en Estados Unidos.

¿Qué hacían los reguladores de ambos lados del Atlántico ante aquella carrera suicida?

Creían que el modelo era adecuado y que iba a ser capaz de hacer frente la crisis. Ellos dudaban de su propia capacidad para cuestionar a los banqueros y a los mercados. Era muy difícil dudar de esos poderes y por ello no denunciaron los riesgos.

Se lavaron las manos.

Pensaban que la mejor forma de hacer su trabajo era escuchar a los mercados.

Pero algunos vieron venir el precipicio que nos estaba esperando.

La verdad es que los que lo vieron venir fueron silenciados por el establishment. Y se dejaron callar. También hubo quienes a pesar de darse cuenta del peligro les interesaba que el boom siguiese un tiempo y apostaron por ello.

¿Cómo se consiguió frenar la crisis?

Se hizo de forma simultánea en todo el mundo. El sistema hipotecario depende de que los precios sigan aumentando y en cuanto se frenan se convierte en un sistema inestable que se contrae. Antes se daban hipotecas a cualquiera presuponien- do que los precios de las viviendas iban a seguir creciendo. Cuando dejaron de crecer todo se desmoronó.

¿Por qué el Banco Central Europeo (BCE) no aplicó desde el primer momento la respuesta de la Reserva Fe- deral de los Estados Unidos para apoyar a los bancos en apuros?

Para hacer justicia, el BCE sí que aportó liquidez a los bancos europeos a gran escala. Lo que no pudo aportar el BCE eran dólares y era además reacio a aceptar los que le ofrecía la Reserva Federal. Al final acabo aceptándolos y los bancos europeos recibieron entonces el respaldo que necesitaban de Nueva York. Donde se aparta el BCE de la Reserva Federal no fue en 2008 sino en 2010 durante la crisis de la zona euro y la deuda soberana de Grecia al no decidirse los gobiernos europeos, no el BCE, a recapitalizar a sus bancos.

¿A cuántos bancos europeos salvó la Reserva Federal de los Estados Unidos?

Ningún banco importante hubiese sobrevivido a la crisis sin la liquidez de la Reserva Federal y si no hubiesen recibido esa ayuda se habrían desestabilizado tanto Estados Unidos como Europa.

¿Qué balance hace usted del rescate llevado a cabo en Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre?

Terrible, pésimo. Han privatizado el balance fiscal cuando tendrían que haberse centrado en promover el crecimiento económico. No supieron repartir de forma justa la carga de esta crisis entre los ciudadanos, los bancos y otros acreedores.

¿Cómo ha salido España de la crisis?

Mejor que otros países afectados. La economía española crece de una forma más dinámica que la italiana. Después de un ajuste muy fuerte quedan cicatrices de los recortes, que, aunque correctos, han hecho mucho daño. El paro es aún inaceptable sobre todo entre los más jóvenes.

Ha habido una devaluación salarial tan generalizada que nadan en ella a sus anchas populistas, nacionalistas y proteccionistas.

No sé si se pueden relacionar a las personas que votan en esa dirección con las que han perdido nivel de vida, pero es verdad que los gobiernos europeos no han sido capaces de mostrar a sus ciudadanos un horizonte positivo para el crecimiento económico y esto abre la puerta a los partidos más radicales que pueden llegar a ser muy atractivos para personas inseguras por motivos que a lo mejor no tienen nada que ver con la economía. Ni en España ni en Grecia, dos de los países más golpeados por la crisis, hemos visto un giro radical hacia la derecha.

Pero se han colado partidos considerados de corte populista como Podemos o Syriza.

No creo que la etiqueta populista pueda colgarse a Podemos, Syriza o Cinco Estrellas pero está claro que el éxito de estos partidos responde al fracaso de las políticas tradicionales basadas en ajustes draconianos.

Si George Bush y Barack Obama fueron según usted unos grandes gestores de la crisis, ¿por qué ha ganado las elecciones un líder populista y proteccionista como Donald Trump?

Porque el Partido Republicano es una organización muy frágil que tenía que adoptar decisiones para enfrentarse a la crisis y no podía prescindir de la compañía de una élite que abrió la puerta a la insurgencia derechista. Pero ese potencial de votantes de Trump ha estado presente en los Estados Unidos desde hace décadas. Lo que sí es cierto es que los republicanos más centristas perdieron el control del partido a causa de la crisis.

¿Hay síntomas de que vamos hacía una nueva crisis como la de 2008?

No en el sentido de que vaya a ser una réplica de la de 2008. No tenemos los síntomas de un boom o de que vaya a estallar una burbuja.

¿Dónde están entonces los nuevos riesgos?

No están en el eje transatlántico sino en los mercados emergentes que han dejado de ser una parte pequeña de la economía global y aportan ya el 60% del crecimiento económico del mundo. Una crisis en los mercados emergentes sería una crisis global por su dependencia del dólar.

¿Cómo afectará a la economía mundial la política proteccionista y aislacionista de Trump?

La política comercial de Trump es como una artritis mientras que la crisis financiera de 2008 fue como un infarto. La política comercial de Trump va a ralentizar la economía del mundo, será menos eficiente y reducirá las inversiones entre países pero no va a acarrear una crisis a corto y medio plazo. Para vislumbrar una crisis inme-diata hay que mirar al sector financiero.

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