Criptomonedas

El euro digital, cada vez más cerca: los bancos centrales se abren a la creación de monedas virtuales

El Banco Central Europeo (BCE) ha publicado en los últimos meses varios artículos para explicar las ventajas que tendría la implantación

Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort, Alemania.

Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort, Alemania.

Yago González

Hay un acrónimo que concita cada vez más atención en el mundo económico y financiero. Se trata de las CBDC, siglas de las "monedas digitales de bancos centrales" (Central Bank Digital Currency). En un mundo que se digitaliza vertiginosamente y en el que se sustituyen los pagos en efectivo por transacciones sólo pulsando la pantalla de un teléfono, este medio de pago, inspirado en las criptomonedas desreguladas como el "bitcoin" pero bajo el control de los organismos monetarios, parece una realidad cada vez más cercana. El Banco Central Europeo (BCE) ha publicado en los últimos meses varios artículos para explicar las ventajas que tendría la implantación de un "euro digital" para los ciudadanos y las empresas de la eurozona. También la Reserva Federal de Estados Unidos explora hacer lo propio con el dólar. Se trata, en ambos casos, de reflexiones y propuestas: nadie ha tomado todavía ninguna decisión en firme ni ha anunciado oficialmente cuándo esas CBDC podrían entrar en circulación.

China sí ha lanzado ya el "yuan digital", pero de momento no representa ni el 1% de su oferta monetaria. Un reciente informe de la consultora McKinsey afirma que ya hay 87 países –que en conjunto representan más del 90% del PIB mundial– considerando la aplicación de monedas digitales.

Dinero de banco central y dinero privado. Para saber el papel que cumpliría el euro digital conviene conocer la diferencia entre dinero de banco central y dinero privado. El primero es aquel que emite el BCE y que, por tanto, tiene respaldo de una institución pública. Los billetes y monedas que llevamos en los bolsillos son dinero de banco central. Por su parte, los bancos privados crean dinero cuando, por ejemplo, nos conceden un préstamo que aparece en nuestra cuenta. El saldo en el extracto, los pagos con tarjeta de crédito o los "bizums" son transferencias de dinero privado. Pero cuando retiramos del cajero unos billetes, estamos convirtiendo ese dinero privado en dinero de banco central. Y al contrario, cuando ingresamos en la cuenta un billete, lo transformamos en privado. Esa convertibilidad es lo que mantiene la confianza en los dos tipos de dinero. Según el BCE, el propósito del euro digital es combinar la garantía legal del dinero público con la generalización de los pagos electrónicos. "Al igual que gastas el dinero de tu cuenta bancaria, podrías usar una tarjeta o una aplicación telefónica para pagar con euros digitales. Pero sería dinero garantizado y respaldado por el BCE", afirma el organismo monetario.

Contra las criptomonedas. El BCE también cree que la extensión del euro digital contendría el avance de criptomonedas como el "bitcoin" o el "ethereum", no controladas por instituciones públicas y que, según teme el organismo europeo, "podrían socavar la estabilidad financiera" por su alta volatilidad. El asturiano Pablo de Andrés, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en financiación alternativa, opina que "las monedas digitales de los bancos centrales van a hacer que las criptomonedas sean menos especulativas, generando un mercado más sensato y equilibrado".

¿Fin de los billetes? El BCE no pronostica el fin de los billetes y las monedas físicas, y asegura que el euro digital "sería complementario al efectivo, no un sustituto, y preservaría el papel del dinero del banco central como fuerza estabilizadora del sistema de pagos". Sin embargo, sí advierte de que el crecimiento de las transacciones por internet en la pandemia ha "puesto a prueba" la convivencia de los pagos digitales y en efectivo. "El Eurosistema continuará proporcionando efectivo mientras las personas lo sigan demandando", señala la entidad, pero también apunta que, si la tendencia digital continúa en auge, "el efectivo podría dejar de desempeñar un papel central". Con todo, el BCE reconoce que actualmente "la amplia disponibilidad y aceptación del efectivo protege la autonomía de los pagos europeos y la soberanía monetaria", y que los billetes "seguirían siendo una solución alternativa en caso de tensiones geopolíticas o de que se impusieran sanciones contra Europa". Sobre todo teniendo en cuenta que "la mayoría de las soluciones de pago electrónico son gestionadas por empresas radicadas fuera de la Unión Europea".

Herramienta anticorrupción. Pablo de Andrés también sostiene que otra de las ventajas de las CBDC es que "podrían ayudar a prevenir la corrupción, ya que con una moneda digital sería más sencillo controlar que los fondos públicos de una adjudicación llegan realmente a sus destinatarios". La propia presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha defendido el euro digital como método para combatir la financiación del terrorismo o el blanqueo de capitales. Una herramienta clave para rastrear esos movimientos es la tecnología "blockchain", que registra de forma descentralizada toda la información de una transacción.

¿Más control social? Una de las grandes reticencias que despiertan las CBDC es su posible uso por parte del Estado para vulnerar la privacidad de los ciudadanos y, por ejemplo, limitar la cantidad de dinero que se pueda gastar en situaciones de inflación. De Andrés no contempla este escenario: "En las sociedades democráticas habrá leyes constitucionales que protejan los derechos fundamentales en el uso de la moneda digital". Con todo, la polémica se desató recientemente con unas declaraciones de Christine Lagarde en las que afirmó que "el anonimato total como el que ofrece el dinero en efectivo no es una opción viable".

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  • Tendencia mundial. Actualmente, 87 países de todo el mundo (que representan conjuntamente más del 90% de la riqueza mundial) están analizando la creación de monedas digitales emitidas por sus bancos centrales, según un estudio de McKinsey. En algunos países como China ya existen, pero su peso en la oferta monetaria es residual.
  • Controversia. En un discurso sobre el euro digital, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, afirmó que, a diferencia de lo que sucede con los movimientos de dinero en efectivo, «el anonimato total no es una opción viable». Las palabras abrieron el debate sobre si las nuevas monedas virtuales traerán consigo una mayor vigilancia de la vida privada.
  • Horizonte. De momento es una incógnita atisbar cuándo llegará el euro digital a la vida cotidiana de los ciudadanos. El BCE se encuentra todavía en fase de investigación, y se prevé que ésta finalice en octubre de 2023. El organismo pasaría entonces a una nueva fase sobre el desarrollo de los servicios integrados, la cual podría durar otros tres años.