Entrevista | María José González Luis Matrona-Sexóloga del Servicio Canario de la Calud

María José González: «Hemos dejado a la gente joven abandonada con un móvil»

"La sexualidad se sigue viendo en clave de peligro y también debe ser algo a cultivar para ser felices", afirma la matrona y sexóloga del Servicio Canario de Salud

María José González, matrona-sexóloga del Servicio Canario de la Salud. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ

María José González, matrona-sexóloga del Servicio Canario de la Salud. | | ANDRÉS GUTIÉRREZ / Verónica Pavés

Verónica Pavés

Verónica Pavés

María José González es matrona y sexóloga del Servicio Canario de la Salud (SCS). Tras ver varios casos en su consulta, considera que la explosión de las infecciones de transmisión sexual tiene que ver con la pérdida del miedo al contagio y una falta flagrante de educación sexual. 

¿Cuál es el papel de una matrona-sexóloga dentro de los servicios sanitarios?

Las matronas somos el perfil sanitario en Atención Primaria que más trabaja con la salud sexual de las personas. Mi papel hasta ahora ha sido conocer la salud sexual y reproductiva de las mujeres y de su familia, la intervención con jóvenes para la prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y la educación sexual para una sexualidad sana y satisfactoria. Como sexóloga también trabajo en la atención a la salud de las personas con dificultades sexuales, independientemente del sexo, y de toda la atención de la salud sexual de las personas del colectivo LGTBIQA+, que estaban en una especie de limbo. Por ejemplo, en cuanto a la prevención del cáncer de cervix en los varones trans o en relación a la prevención del cáncer de mama en las mujeres trans. También intervengo en las aulas, impartiendo educación sexual para jóvenes y adolescentes.

¿Cómo ha cambiado tu percepción de la atención al ser también sexóloga?

Cambió mi concepto de la salud sexual. Dejé de ver la sexualidad en clave de patología, que es algo que los profesionales sanitarios, por nuestra formación, tendemos a hacer. Ahora veo la sexualidad como un valor dentro de la diversidad, entiendo que los problemas que a veces concebimos como enfermedades sexuales no son tan complejos como pensamos, y también conozco de forma más profunda cómo son los mecanismos del deseo.

¿Sigue existiendo tabú a la hora de hablar de sexo?

Hay algo de tabú, pero menos. Las personas ya podemos hablar de sexualidad de forma más abierta, pero falta mucha educación sexual desde la infancia. Los jóvenes hablan de sexo con sus iguales y buscan información sobre salud sexual en internet; pero son pocos los que tienen un contacto con sus referentes, como pueden ser sus madres o padres, para hablar de estos temas. La sexualidad se sigue viendo en clave de peligro. Y claro que es algo con lo que tenemos que tener cuidado, pero también que debemos cultivar para vivir y ser felices.

Se ha producido un incremento del ITS en los últimos años, ¿lo ha visto reflejado en consulta?

Sí. De hecho, tenemos datos de que las ITS están aumentando, sobre todo porque muchas de ellas son asintomáticas. Quienes las contraen no son conscientes de que tienen una infección de transmisión sexual y tienen prácticas de riesgo. Hemos logrado controlar el VIH y que la gente no se muera. Pero como hemos dejado de percibir que existe un riesgo mortal inminente, la gente ha dejado de utilizar preservativo. A eso se une que, hoy por hoy, la educación sexual de los jóvenes se está basando en la pornografía. Y el porno no solo no educa, sino que puede ser perjudicial, dado que muchos intentan imitarlo cuando acceden al sexo. En la pornografía no hay métodos anticonceptivos ni de protección contra las ITS. En definitiva, falla mucho la educación sexual desde muy abajo y se ha perdido el miedo.

«Hablar de educación sexual no puede ser algo que hagamos a partir de los 12 o 13 años»

Hasta hace no muchos años se hacían campañas, se acudía a los colegios... ¿qué ha ocurrido para que pasemos del todo a la nada?

Pasan dos cosas. Campañas icónicas como el Póntelo, pónselo tuvieron éxito porque se remarcaban los peligros del contagio en una época donde claramente se podía ver que la gente moría. Sin embargo, ese miedo ya no existe. Por otro lado, creo que hay ciertas ideologías que frenan la educación sexual en los colegios porque consideran que es una competencia única de los padres. Lo que esgrimen quienes se oponen a ello es que tienen miedo a que adoctrinen a sus hijos, cuando realmente los educadores sexuales con formación hablan desde la ciencia y trabajan para la salud. De esta forma dejan la educación sexual en manos de los padres, y como ellos tampoco hablan del tema, hemos dejado a la gente joven abandonada con un móvil.

Mencionaba que la campaña Póntelo, pónselo se hizo desde el peligro, ¿habría que repensar el mensaje para adaptar estas acciones de concienciación a la realidad actual?

Las campañas desde los peligros pueden tener su utilidad. No las veo como negativas, porque, de hecho, con el covid ha funcionado. Quizás las campañas podrían incorporar algún elemento más positivo o a lo mejor en clave de vivir la sexualidad de manera positiva. Pero insisto, el quid de la cuestión está en la educación sexual que se puede impartir desde el minuto cero. Hablar de educación sexual no puede ser algo que hagamos a partir de los 12 o 13 años; a los peques también hay que hablarles de sexualidad, siempre adaptada a su edad. El silencio también es educativo. Cuando no hablas creas un tabú. El mensaje tiene que darse desde mucho antes.

«Deberíamos cambiar el paradigma de la educación sexual para los chicos jóvenes en Atención Primaria»

¿Por qué cree que hay tanto temor a hablar de sexo a los niños?

El miedo surge del desconocimiento y viene de atrás. Tiene que ver con nuestra historia y con una mirada de lo sexual muy centrada en lo reproductivo, un acto que solo le iba a pasar a los mayores. También hay una mirada, muy ligada a la religión, que ve el sexo como pecado y como algo sucio. Además, hay gente que cree que cuando hablamos de sexo adelantamos etapas en la vida de los niños. Pero yo siempre pongo un símil. Cuando vas la calle con tu hijo de dos años, le enseñas a cómo debe cruzar la calle antes de que pueda hacerlo solo. A los niños hay que hablarles antes de que las cosas ocurran para estar informados. Está demostrado que la gente que tiene información en educación sexual asume menos riesgos, se entiende y cuida más, tiene relaciones más sanas y, ante dificultades, pide ayuda antes. La falta de educación sexual al final lo que genera es el efecto contrario.

¿En consulta y en los colegios cuáles son las dudas más habituales?

Sigue habiendo muchas dudas sobre cuándo se pueden quedar embarazadas, y mucha preocupación por cosas como el tamaño, la resistencia o el aguante. También por los mecanismo de transmisión de ITS o si es peligroso malo o bueno la masturbación.

«Seguimos relacionando que contraer una ITS tiene que ver con la promiscuidad y para nada»

¿Por qué cree que se da esa tendencia de abandonar el uso del preservativo?

Mi hipótesis es que, por un lado, hemos dejado de percibir el riesgo, y por otro, carecemos de educación sexual. Los chicos no saben cómo se transmiten las infecciones. Creen, por ejemplo, que si penetran solo un poco y luego se ponen el preservativo tienen menos riesgos. También creo se vive la sexualidad como un elemento de consumo. Hay gente preocupada por tener muchas o cambiar continuamente de pareja. Con determinados colectivos como la comunidad gay, por ejemplo, tenemos un problema importante con el uso del chemsex.

¿Qué está ocurriendo con el chemsex?

El chemsex son quedadas de fines de semana o de varios días para tener relaciones sexuales entre distintas personas mientras se consume droga. Se empezó viendo en grupos de hombres que tienen sexo con hombres pero ya se está viendo también en heterosexuales. El consumo de droga cambia la percepción de riesgo y se deja de usar preservativo.

Muchas personas siguen sintiendo pudor a la hora de comunicar que han tenido o padecen una infección, ¿por qué cree que sigue siendo tabú?

Con las ITS ocurre una cosa muy curiosa. Contraer una infección de transmisión sexual es algo que avergüenza, y no debería. En realidad has cogido esa infección haciendo algo que hacemos las personas humanas. Lo que es cierto es que no te has protegido. Pero en realidad la vergüenza no suele venir de no haberse protegido si no de haberlo contraído. Como sigue habiendo un tabú alrededor del sexo, seguimos relacionando que tener una ITS tiene que ver con la promiscuidad y para nada. Por ejemplo, hoy por hoy el 80% de la población sexualmente activa va a entrar en contacto con el VPH. Y no es algo de lo que vivir con horror o miedo. Está ahí y tenemos que cuidarnos para evitarlo. Pero además, hay mucho silencio alrededor de esto, lo que genera que no se visibilice y que parezca que no existe. Es posible que, en realidad, no lo estemos contando a quienes tendríamos que hacerlo.

«La gente con información en educación sexual asume menos riesgos y se entiende y cuida más»

¿Se deberían reformular los métodos de barrera o crear algunos nuevos?

No sé si crear un nuevo método de barrera es la solución. Si la industria se pone a ello, fantástico. Pero igual sí hay que reformularlos y darles un nuevo valor. Y esto también abarca otros métodos de barrera como el cuadro de látex, porque es un método para las prácticas de sexo oral que funciona pero la gente no lo conoce.

Me da la impresión de que a las mujeres se les responsabiliza más de protegerse durante el sexo que a los hombres.

Es bastante posible, porque tenemos más riesgo de embarazarnos y de desarrollar cáncer de cuello de útero. Además, lamentablemente, muchas de las ITS dan más síntomas en mujeres que en varones.

De hecho, a las mujeres se nos recomienda acudir a la consulta de la matrona desde muy jóvenes. Cosa que no ocurre en el caso de los hombres.

Sí. A ellos no se les ha educado para eso, pero tampoco hay un perfil sanitario que se encargue de educar. Tenemos enfermería, medicina, pediatría y consultas de enfermería. Pero la gente joven no va al médico y, cuando se empieza a tener actividad sexual, somos las mujeres las que empezamos a percibir que tenemos que empezar a cuidarnos.

«El peligro del ‘chemsex’ es que el consumo de droga cambia la percepción del riesgo»

¿Se debería propiciar una asistencia individualizada para los hombres en los centros de salud?

Ese campo lo hemos llevado las matronas. Pero la realidad es que atendemos a mujeres fundamentalmente e intervenimos con varones en los centros educativos o los centros jóvenes. Fuera de ahí, no solemos tener más contacto. Quizás deberíamos cambiar el paradigma de cómo se contempla la educación sexual para los varones jóvenes en Atención Primaria. Es curioso porque los chicos heterosexuales parece que esto es una historia que no va con ellos. En los hombres, además, hay una vivencia de los sexual que es más impulsiva, más conectada con la parte genital e instintiva. Las mujeres somos más reflexivas, aunque en ambos casos hay de todo. No sé si es un tema educado, social o innato, pero lo que está claro es que eso, unido a la carencia de herramientas adecuadas para educar a los chicos heterosexuales, es el caldo de cultivo perfecto para que se encuentren en tierra de nadie y piensen que esto no va con ello. Es una autocrítica que nos tenemos que hacer los sanitarios.