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José Miguel Bravo de Laguna Bermúdez Político

«En los 80 el Estado estuvo más a la altura con Canarias»

José Miguel Bravo de Laguna. José Carlos Guerra

El político y licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid José Miguel Bravo de Laguna fue presidente del Cabildo de Gran Canaria con el Partido Popular, además de diputado en Cortes Generales y en el Parlamento canario. Actualmente preside el partido Unidos por Gran Canaria.

¿En qué marco social, político y económico se aprueba el Estatuto de Autonomía de Canarias?

En España, después de aprobarse la Constitución de 1978, se inicia por todas las CC.AA. la carrera por dotarse de un Estatuto de Autonomía, si bien antes se inicia un avance con el establecimiento de unos órganos preautonómicos provisionales. Esa carrera en Canarias empezó mal cuando se produjo la encerrona en Las Cañadas del Teide que rompió la disciplina de voto en la UCD para elegir como primer presidente de Canarias a un tinerfeño, Alfonso Soriano, cuando la propuesta por UCD era el grancanario Fernando Bergasa. Como es fácil comprender, los únicos legitimados inicialmente como avalados por las urnas para discutir y aprobar esos pasos preautonómicos y preparatorios del Estatuto éramos los diputados y senadores elegidos en Canarias en las Elecciones Constituyentes de 1977. En aquellas elecciones se produjo un éxito impresionante de la UCD liderada por el presidente Adolfo Suárez.

¿Cómo era la gestión desde Península de una región con tantas peculiaridades como la canaria?

Hay que decir con toda justicia que en esa etapa Constituyente y en los Gobiernos de UCD hasta octubre de 1982, Canarias tuvo un trato especial y para eso luchamos, sobre todo, los parlamentarios entonces de la UCD. Por eso conseguimos que por primera vez en la historia del Constitucionalismo español, se reconociese a ese nivel el Régimen Económico y Fiscal de las islas en la Disposición Adicional Tercera de la Constitución de 1978; pero además en distintos artículos del texto constitucional se recogen singularidades canarias: en el artículo 69, los Senadores por isla; en el artículo 138, El hecho insular como elemento a tener en cuenta al aplicar la solidaridad nacional; y en el 141, que Canarias cuenta con una Administración propia en forma de Cabildos. 

Además, el Gobierno de Adolfo Suárez celebró un Consejo de Ministros especial sobre Canarias, en Moncloa, y el presidente recorrió luego las siete islas, promoviendo inversiones por 30.000 millones de pesetas, en infraestructuras básicas como puertos y aeropuertos, refugios pesqueros, carretera... 

En la práctica, ¿aquello que supuso para la ciudadanía?

La ciudadanía entendió que había un Gobierno sensible con Canarias. Y tengo que decir también que esa sensibilidad se prolongó luego por el Gobierno socialista de Felipe González, cuando España entró en 1986 en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea), con un Protocolo número 2 que reconocía nuestras singularidades, sobre todo en materia fiscal y aduanera y manteniendo el tradicional régimen de Puertos Francos y de libertad comercial, vigente desde el Decreto de Bravo Murillo de 1852. Es verdad que ese Protocolo se alteró en 1989, entrando en la Unión Aduanera, pero mantuvimos singularidades fiscales (tenemos un IGIC equivalente a un IVA reducido) y ganamos el reconocimiento en Europa como Región Ultraperiférica (RUP), que respeta muchas de nuestras especificidades derivadas de nuestra lejanía e insularidad. 

¿Era una necesidad o una manera de reivindicar la canariedad o como queramos definir la identidad?

Creo que en aquella etapa, y me estoy refiriendo en conjunto a la década de los ochenta, no había nacido aún un nacionalismo político en Canarias, salvo el más radical del independentismo del MPAIAC, que tuvo su traducción más moderada en Gran Canaria en la Unión del Pueblo Canario, con nombres como Sagaseta, Bermejo, etcétera. Recordemos que el nacionalismo de Coalición Canaria, surge a partir de 1993. Pero debo decir además que en aquella década de los ochenta y desde las elecciones constituyentes, la defensa de lo canario en la propia Constitución, en las distintas leyes, en la propia aprobación del Estatuto de Autonomía en agosto de 1982, y en la gestión de los Gobiernos, la hicimos en especial los miembros de la UCD (bastantes de ellos ya fallecidos desgraciadamente), algunos de los cuales sobrevivimos al hundimiento de este partido en 1982 (yo continué como diputado en las Cortes en dos legislaturas más, 1982 - 1986 y 1986 - 1989), otros se retiraron de la política o siguieron en responsabilidades autonómicas Por ejemplo, Fernando Jiménez fue el primer presidente democrático del Cabildo Insular de Gran Canaria y con el auge del PSOE, a partir de 1983, Jerónimo Saavedra fue el primer presidente autonómico canario. No es fácil definir lo que es identidad canaria, pero en mi opinión es un sentimiento, supone el amor a la Patria Chica, que como dijo el grancanario Pérez Galdós, es compatible, a mi juicio también, con el amor a la Patria Grande. 

¿Hubo consenso entre la clase política de entonces para determinar las prioridades?

Sí, un consenso relativo, en lo fundamental. Por ejemplo, en la necesidad de contar con un Estatuto de Autonomía que recogiese nuestro REF, la singularidad de los Cabildos Insulares... En cuestiones más concretas sí hubo discrepancias, por supuesto, entre los partidos políticos sobre sedes de Gobierno, capitalidad, sistema electoral, papel de los propios Cabildos... 

De hecho, el Estatuto de Autonomía de Canarias nos llevó un par de años largos de debate y fue bastante tardío en su aprobación, que lo fue por Ley Orgánica 10/1982 de 10 de agosto.  

Como toda obra humana, se pudieron hacer las cosas mejor, pero creo que el Estatuto de Autonomía de 1982, como balance general, ha sido muy positivo para el desarrollo político, social y económico de Canarias. 

Como uno de las personas que trabajó en aquellas demandas, ¿ahora desde la distancia cree que el Estado estuvo a la altura?

Cuando analizas las cosas con perspectiva de tiempo, de décadas, llegas a la conclusión, como ya dije antes, de que todo pudo hacerse mejor. Es cuestión de balance. También pudo salir peor. ¿Eso es conformismo? No, en absoluto. Para mí no cabe duda de que Canarias en estos cuarenta y pico años ha cambiado y mejorado muchísimo en su nivel de vida y en su bienestar social, y que conste que hago esta afirmación con el hándicap actual, atroz, de la pandemia de la COVID-19 que nos está haciendo retroceder muchísimo en lo social y económico. Pero no cabe duda de que contar con una Autonomía sólida, con recursos propios de nuestro REF, con la solidaridad económica de Europa a través de los Fondos de Cohesión, con los Convenios del Estado en carreteras, empleo, obras hidráulicas, etc, ha sido muy positivo y todo ello hará posible seguir contando con instrumentos que permitan una recuperación lo antes posible. 

Y con todo, lo más importante es el propio carácter y esfuerzo de los canarios, que somos por naturaleza tenaces y trabajadores, sin tanto aspaviento como algunos que vienen de fuera a salvarnos, pero constantes en nuestra lucha por defender y levantar a nuestras islas. El Estado, debo decir, estuvo más a la altura con Canarias en las décadas de los 70, 80 y 90, que actualmente. Éste es, al menos, mi criterio. 

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