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Juan José Cobo Plana Magistrado

«Canarias fue la primera en sufrir los efectos de la crisis»

Juan José Cobo Plana.

El magistrado Juan José Cobo Plana, presidente de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Las Palmas, especializada en material mercantil, es responsable de la web www.diarioconcursalpremium.com y autor de una docena de libros y ensayos sobre derecho.

¿Cómo vivió como titular del juzgado de lo Mercantil la década de los 2000 y las consecuencias de la crisis generada por la burbuja inmobiliaria?

En septiembre del año 2004 tomé posesión del recién creado Juzgado de lo Mercantil de la provincia de Las Palmas y fui el encargado de aplicar la nueva Ley Concursal. En ese momento no había comenzado la crisis pero tuve que afrontar concursos de acreedores tan llamativos como el de la Unión Deportiva Las Palmas que fue el primero de decenas y decenas de concursos de clubes de fútbol de primera y segunda división. 

¿Tuvo Canarias alguna peculiaridad con respecto al resto de regiones españolas?

Sí. Debido al tremendo impacto de la crisis y la abrumadora tasa de desempleo que provocó en todo el mundo, el turismo, que es la principal fuente de ingresos de la economía canaria, al no ser un servicio esencial se vio inmediatamente afectado y por ello Canarias fue la región de España que primero sufrió sus consecuencias de la crisis. También es cierto que, por los motivos opuestos, fue la primera en salir. 

¿Qué sectores fueron los más afectados?

Sin duda la construcción. Tanto grandes empresas, como Mazzotti, como pequeños constructores y promotores. Y junto con esas empresas fueron cayendo, como si se tratara de un dominó, todas las demás que viven de las subcontratas (electricidad, cemento, saneamientos, ferrallas, aluminios, etcétera). También muchas empresas turísticas y de servicios. 

¿Cuántas fueron las empresas que pasaron por su juzgado en aquella época?

Hasta el año 2007 no muchas. En el año 2006 pedí una excedencia y ejercí durante cinco años como abogado concursalista. En ese periodo llegué a llevar casi 60 empresas en concurso. En los dos juzgados de lo mercantil entraban esos años cerca de 150 empresas en concurso cada año.  

¿Qué motivos esgrimían las entidades que llegaban a concurso de acreedores?

Las empresas de la construcción no podían vender las casas que habían construido o no podían terminarlas porque los bancos ya no les prestaban dinero. 

Y todas las empresas del sector entraban en concurso porque no podían cobrar los trabajos que habían hecho y tampoco tenían nuevos encargos. Y las empresas de servicios cerraban porque los ciudadanos no tenían dinero para comprar lo que no fuera esencial. 

Los datos de la época reflejan que la tasa de paro alcanzó un 29%, más de 310.000 personas desempleadas. ¿Se corresponde esta cifra con lo que usted percibió entre tanta empresa en concurso de acreedores?

Por supuesto. El panorama fue desolador durante cinco o seis años. El 99% de las empresas que solicitaban el concurso de acreedores terminó en liquidación sin que nadie o casi nadie cobrara un euro. 

Hay quien dice que esa década es la década perdida de las islas. Desde su experiencia, ¿está de acuerdo con esa definición?

Creo que fue una década perdida en todo el mundo occidental. 

¿Cree que hemos aprendido algo de toda aquella situación?

Me temo que muy poco. El ser humano tiene muy poca memoria y tiende a cometer una y otra vez los mismos errores. En cuanto vuelva a haber otro periodo de falsa euforia creo que volveremos a construir otra burbuja como la inmobiliaria de entonces y de nuevo la situación volverá a explotarnos en la cara. 

¿Hubo tiempo de remontar o la actual crisis económica derivada de la pandemia ha frenado ese crecimiento?

Se ha estado remontando durante años hasta llegar a una situación económica similar a la que había antes de la crisis. Pero, sin duda, la pandemia ha frenado esa tendencia y nos ha sumido en una nueva crisis. 

Esperemos que gracias a las vacunas la recuperación sea esta vez más rápida y que en el año 2022 o 2023 lo sucedido desde marzo de 2020 sea solo una horrible pesadilla de la que ya hayamos despertado. 

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