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De nuevo, apuesta por el futuro

«Un periódico tiene tantos frentes abiertos como problemas enfrenta la sociedad a la que se dirige»

El final de mi paso por LA PROVINCIA, no por breve menos sustancioso e inolvidable para mí, quedó marcado por el acontecimiento del estreno de una rotativa, la cuarta en la historia de un periódico que en 1923 se había convertido en el primero de Canarias en poder autodenominarse rotativo con toda propiedad, pues dejaba de imprimirse en una máquina plana para pasar a hacerlo en una dotada de grandes rodillos que ofrecían unas prestaciones muy superiores en todos los aspectos.

La Uniman 4/2, fabricada por la casa alemana Man Roland, que entró en servicio en la noche del 13 de septiembre de 1990 representaba en el plano tecnológico un salto más, pero tan grande que situaba a los periódicos de Prensa Canaria en la vanguardia tecnológica mundial, como lo eran también otros avances técnicos que se utilizaban en la confección del periódico. Ante esa realidad, no pasó de ser una anécdota que a quienes teníamos responsabilidades se nos hiciera poco menos que eterna la carrerilla que precedió a ese gran salto. Más que anecdótica fue un acontecimiento la llegada de un veterano mecánico, herr Tillik se llamaba, que en tres días resolvió con sabiduría y autoridad los problemas que, pese a mil pruebas, venían impidiendo que la máquina alcanzara la velocidad punta y pudiera entrar en servicio. Y el periódico pudo estrenar al fin, a efectos prácticos, su nueva máquina, instalada en en el no menos nuevo edificio que, para albergarla, había diseñado Joserromán Mora y que se construyó en las instalaciones de El Sebadal. El periódico compareció, por cierto, con un nuevo aspecto, al adoptar el formato tabloide, que se había convertido en el preferido por los lectores españoles.

La Uniman 4/2 en funcionamiento en El Sebadal. Melchor Fernández Díaz

Para conmemorar el acontecimiento ese ejemplar de LA PROVINCIA incluía un suplemento de 24 páginas titulado Apuesta por el futuro. Como conservo ese periódico, me pareció interesante echarle una ojeada al suplemento antes de escribir este artículo. De ojeada, nada: me atrapó desde la primera línea y acabé leyéndolo entero. Y lo hice con una mezcla de admiración, satisfacción y, por qué no decirlo, orgullo. Cuando yo había llegado a LA PROVINCIA, para asumir su dirección, tras una de las decisiones de confianza en mí –no sería la última– del presidente de Prensa Ibérica, Javier Moll, que nunca agradeceré suficientemente, en seguida me percaté de la gran calidad profesional de la plantilla, comenzando por los responsables de la Redacción. Cierto que todos ellos tenían en el Director General, Guillermo García-Alcalde, excepcional periodista, un espejo en quien mirarse y sin duda habían sabido hacerlo. Desde esa calidad profesional Apuesta por el futuro se convertía en una espléndida síntesis del relato de una aventura periodística que en cada momento, y pese a lo diferente de las circunstancias, había tratado de ser fiel a su idea fundacional.

Esa idea no era otra que la identificación con los intereses de las Islas Orientales y de Gran Canaria especial. Si apareció en el mercado con un título inequívocamente combativo, pues reivindicaba la emancipación del hegemonismo tinerfeño para reclamar la creación de otra provincia, el logro de ese objetivo en 1927 estuvo lejos de agotar el compromiso del periódico con su territorio. Por el contrario, más bien lo estimularía, aunque la defensa de los intereses canarios en general pasara a ocupar un lugar preferente de modo casi exclusivo. Cuando surgieron casos de abierta confrontación con Tenerife, el planteamiento de LA PROVINCIA los afrontaría desde una óptica diametralmente alejada del cainismo que inspiró los peores momentos del pleito insular.

Me tocó vivir el final de uno de esos episodios, con la lucha de Gran Canaria por tener en Las Palmas una Universidad completa, una aspiración de la inmensa mayoría de la sociedad grancanaria, como habían reflejado las gigantescas manifestaciones de julio de 1982 y mayo de 1988. Si para saber que LA PROVINCIA y su hermano el Diario de Las Palmas habían añadido a la movilización social de 1982 la campaña de recogida de «boletines circunstanciados» que se entregarían al presidente de la comunidad autónoma, hube de atenerme al relato de quienes lo habían protagonizado, en cambio pude participar personalmente de la gran satisfacción que supuso la creación, al fin, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria el 26 de abril de 1989.

A cada objetivo que se alcanza suceden otros que permanecen o que surgen. Ahora mismo estamos asistiendo al gravísimo problema de la inmigración incontrolada, cuya solución se inscribe en la lucha por lograr un adecuado estatus canario en Europa que tenga en cuanta la peculiaridad de las Islas. Pero un periódico tiene tantos frentes abiertos como problemas enfrenta la sociedad a la que se dirige y en la que se implica. Y todos merecen atención, porque si es lógico preocuparse hasta la obsesión por la calidad de vida en sus múltiples facetas –desde la lucha contra la especulación a la seguridad ciudadana–, sería suicida no conceder toda la atención que merece la situación de la Unión Deportiva Las Palmas, acomodada en una lamentable mediocridad.

La realidad es un reto infinito porque a los problemas permanentes se añaden los sucesos que no por efímeros son menos interesantes y de todo hay que dar cuenta. Periodismo es poner un espejo fiel a todo lo que pasa. Han transcurrido 110 años desde que LA PROVINCIA comenzó a intentar hacerlo. Aquel periódico de cuatro hojas se convertiría con el tiempo no solo en un gran rotativo sino en la base de un gran grupo periodístico español que desde las Islas Canarias expandió un modelo de comportamiento empresarial y profesional. En los últimos años ese instrumento profesional, ese espejo, ha cambiado mucho y seguro que continuará haciéndolo. Al papel se le han añadido otros formatos, que le desplazarán según algunas teorías o no llegarán a hacerlo según otras. Pero el periodismo no desaparecerá. LA PROVINCIA añadirá muchos años a los 110 que ahora cumple. Seguro que sigue apostando por el futuro.

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