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San Bartolomé de Tirajana San Bartolomé d e Tirajana

Una playa entera para Mateo y Lucas

El primer día con el litoral del Sur abierto para pasear y hacer deporte transcurre sin aglomeraciones

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Desescalada en Canarias | Reabren las playas del Sur y vuelve la actividad comercial

A sus cinco años, Mateo echa mucho de menos a sus amigos del colegio, a quienes no ve desde hace ya casi dos meses. Hasta ayer, cuando por una hora se olvidó de todos sus problemas y junto a su hermano Lucas, de dos años, disfrutó de los más de seis kilómetros de costa entre Playa del Inglés y Maspalomas para ellos solos. El arenal se abrió paso ante sus diminutos pies para saltar y correr, y su paseo era solo interrumpido por el rugido de las olas a su llegada a la orilla.

A las 13.30 horas de la tarde, Mateo y Lucas, junto a su padre Boris, eran prácticamente un oasis en medio del desierto, las únicas tres personas que caminaban a lo largo y ancho de la playa. "Los he traído para entretenerlos y hacer alguna actividad al aire libre", explica su padre, mientras los niños corren y se remojan los pies en el agua, "la cuarentena la han llevado muy bien, con pequeñas crisis y mini guerras, pero han sabido sobrellevarla". Y ahora toca la recompensa: una playa para ellos solos con la única vigilancia de la socorrista de Cruz Roja.

Los pequeños disfrutaron durante un tiempo de una playa completamente vacía pero que horas antes, entre las seis y las diez de la mañana, ya había recibido a los deportistas y paseantes más madrugadores. Y es que ayer fue la primera jornada en que el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana reabrió todas las playas del municipio tras someterlas a arduas tareas de limpieza aprovechando el confinamiento de la población. Una primera jornada que transcurrió con notable tránsito de personas, pero sin aglomeraciones, y también sin registrarse ninguna incidencia, según explicó Gustavo Verona, referente de la Comarca Sur de Cruz Roja. Durante las primeras horas del día al menos una veintena de surferos pudieron disfrutar de las olas en el entorno del Faro de Maspalomas.

Inversión en seguridad

En el área turística los comercios permanecen cerrados a cal y canto, pero en las zonas residenciales del municipio los pequeños negocios intentan impulsar nuevamente la economía. En San Fernando de Maspalomas, gran parte de los establecimientos del área comercial abierta de la Avenida de Gáldar permanecen aún con la persiana bajada. Otros, sin embargo, han abierto ya sus puertas con importantes medidas de seguridad, han optado por reforzar el servicio de envío de comidas a domicilio e incluso algunos han aprovechado la coyuntura para reformar sus negocios.

Alejandra Castro abrió su peluquería Life Center ayer porque no le llegaban los pedidos de material sanitario para protegerse ella, las trabajadoras y los clientes. "Ha sido un desastre, ahora entiendo cuando dicen que no hay material", afirmó a las puertas de su negocio. En su establecimiento ha tenido que habilitar varias mamparas de metacrilato para garantizar la seguridad de todas las personas, una en la recepción, otra en el área donde realiza las manicuras, con una pequeña ventana para que las clientas introduzcan sus manos, y una tercera portátil para colocarla entre los sillones. Abrió al tercer día de la desescalada, pero eso no ha supuesto un problema porque tiene ya la agenda llena para los próximos 15 días y más de 50 peticiones en espera.

A apenas unos metros, la empresaria Pilar Torres, propietaria de Ágora Óptica, ha tenido que realizar una importante inversión para adaptar su establecimiento a la nueva normativa, y más en un sector en que el contacto entre profesional y cliente es directo. Además de las medidas de seguridad generales para los clientes, este sector necesita además implementar medidas de desinfección sobre los equipos tecnológicos con los que revisa la visión.

Así, Pilar ha tenido que adquirir un foróptero computerizado que le permita graduar la vista a distancia. "La cabeza del aparato se pone sobre el cliente, y luego lo desinfectamos, y el profesional opera a distancia desde un mini ordenador", explicó ayer. Además ha instalado mamparas en los sistemas de observación para evitar el contacto, ya que se trabaja a apenas 20 centímetros de distancia del cliente. "Hemos hecho una inversión importante, y todo eso a ingresos cero, porque el volumen de negocio que tenemos ahora es tan escaso que genera pérdidas", lamenta.

En el sector de la restauración la situación es bien distinta entre unos y otros negocios. Establecimientos como Good Food han impulsado desde el lunes el reparto de comida a domicilio. "Estamos arrancando y la iniciativa ha tenido buena acogida", explica Alfredo Gamarra, empleado del local, "dependemos mucho del turismo, pero estamos en una zona privilegiada porque es residencial; hay buena aceptación como para que el intento salga rentable".

Otros empresarios como Gregorio Muza son más optimistas aún. Esta semana está poniendo a punto su local El Trapiche de la calle Partera Leonorita, limpiando, inventariando, realizando los pedidos y adecentando las máquinas para abrir de nuevo sus puertas el próximo lunes. "Creo que va a salir bien, tengo un negocio pequeño que llevo yo solo, sin carga de empleados y con pocos gastos", explica. Con la aplicación del 50% del aforo en la terraza, Gregorio podrá atender solamente a 12 comensales de los 24 que podría atender simultáneamente en una situación normal en su negocio.

"Creo que podrá ser rentable; es verdad que con un 50% de capacidad no se puede vivir, pero hay que entender que ningún local está al 100% de su capacidad en los tres servicios todos los días, ojalá", asevera. "Con un 50% deberíamos ir escapando y frenar un poco la sangría a las arcas del Estado", añade.

En esta misma avenida, el empresario Mustafa Khanfur, propietario del restaurante árabe Marhaba, tiene su negocio ahora mismo patas arriba. Y es que no hay mal que por bien no venga porque ha aprovechado esta grave circunstancia provocada por la propagación del coronavirus para hacer reformas en su establecimiento.

Así, esta realizando las obras necesarias para ampliar el tamaño de la cocina. "Es algo que no podemos hacer cuando estamos trabajando y he aprovechado estos dos meses de parálisis de la economía", señala en mitad de las labores de remodelación de su negocio. Con su terraza al 50% solo podrá atender cinco mesas. "Sé que rentable seguramente no va a ser, pero tenemos que hacer algo ya; no tendré grandes beneficios, pero al menos me servirá para amortiguar las pérdidas económicas", apunta, "porque con las ayudas que ofrece el Estado no nos da para nada". Él, concretamente, no abrirá al público el lunes, sino que retrasará su vuelta hasta el día 15, para tener algo de margen y pueda terminar la obra en el negocio.

En el entorno de la zona comercial abierta de San Fernando de Maspalomas son numerosos los negocios que todavía no están operando al no ser rentable abrir sus puertas. Otros, están aún en negociaciones para decidir si abren al público o no el próximo día 11 de mayo.

Es el caso del bar italiano Do Re Mi, regentado por la empresaria Romina Gazzaroli. Los propietarios del establecimiento donde tiene ubicado su bar le han suspendido el pago del alquiler durante el tiempo en que su negocio ha estado cerrado al público tras la declaración del estado de alarma, pero desconoce cuánto tiempo más podrá seguir disfrutando de ello. Así, está a la espera de que le informen sobre su situación, porque si no le perdonan al menos un mes más decidirá no abrir su negocio el próximo lunes y esperar a una próxima fase que le permita gozar de un mayor aforo y con ello de más ingresos.

"Si no logro que los propietarios del local me ayuden, no abriré por ahora, no me conviene, es demasiado gasto; en una situación normal tengo siete mesas en la calle, pero al 50% solo podré poner tres, muy poco", recuerda. En su caso, el varapalo ha sido mayor porque abrió su negocio en octubre y en el invirtió 50.000 euros. "Cinco meses después he tenido que cerrar, no me dio tiempo n a empezar, ha sido como tirar todo mi dinero a la basura", sentencia.

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