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Santa Brígida | Los bares y restaurantes durante la alerta 3

El negocio estaba en las barras

Los hosteleros de Santa Brígida lamentan que con las restricciones no cubren gastos | Muchos incorporan nuevas terrazas artificialmente

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Así afrontan la alerta 3 los restaurantes y terrazas de Santa Brígida Andrés Cruz

Para la mayoría de los bares, cafeterías o restaurantes del municipio de Santa Brígida las barras son el principal motor de su negocio ya que se trata del lugar donde el cliente tiene el hábito de consumir rápidamente. Pero, ahora, sólo con las terrazas, y a la mitad de su aforo, estos locales intentan encontrar métodos que, al menos, les sirvan para cubrir gastos. “Lo comido por lo servido”, como afirma el propietario de la cafetería Mallow, Sergio Alonso.

“En los pueblos, la barra del bar es muy importante, hasta el punto de ser el verdadero motor del negocio”. Son las palabras de Sergio Alonso, encargado de la cafetería Mallow, uno de los restaurantes más populares de Santa Brígida, que con esta frase resume perfectamente la incidencia negativa que en esta zona, en el nordeste de Gran Canaria, ha provocado el nivel de alerta 3 que se ha puesto en vigor desde el pasado lunes por el aumento de casos de covid.

Alonso añade que “la gente de este pueblo es muy de barra” y al no tenerla ahora, por cumplir las normas del decreto aprobado por el Gobierno el pasado sábado con las nuevas restricciones, “no se consume igual”. Y más aún al ser este restaurante, tradicionalmente, un lugar en el que desde hace 40 años “la gente está muy habituada a consumir dentro”.

A todo esto hay que añadir, además, que “el servir en las mesas ralentiza mucho el trabajo, ya que a veces se nos ocupa con un café solo y no se consume”, asegura. En estas circunstancias, el trabajo está al 50% de lo que era habitualmente en este local situado en pleno casco antiguo del pueblo. “Hacemos la mitad de la caja que hacíamos antes. Y aunque apuramos un poco a la gente que está fuera, el número de clientes es menor porque las mesas se llenan con chorradas como un cortado y un vaso de agua, y vemos diez mesas con diez cortados que antes los despachabas en la barra en tres minutos. Y eso era lo más habitual, que la gente pasara rápidamente. Pero ahora ni está viniendo ni tampoco esperando”.

“Lo compenso abriendo antes y echándole más horas”, afirma Laura González

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Alonso recuerda que “la crisis anterior fue muy dura y nos costó mucho superarla, pero esto es algo sin precedentes”. Por lo pronto, con estos tres días en que ha estado vigente el nivel 3 “con suerte aquí logramos cubrir gastos y lo comido por lo servido, conseguir dinero para pagar facturas, impuestos, etc”. En este punto, el encargado añade que, por lo pronto, los bancos “se están portando superbien, nos dicen que no tendremos problemas, que nos ayudan, nos financian, nos dan crédito, y fraccionando los impuestos que es más cómodo para nosotros”.

El encargado subraya que echa en falta muchas caras. “La gente mayor ha cogido miedo y los que seguimos trabajando hacemos una vida normal entre comillas, pero he tenido muchos clientes jubilados de los barrios que no veo desde hace tiempo”. Hasta el punto de que “tengo clientes que no los veo desde el primer confinamiento en abril pasado, que me mandan recados desde algún amigo, pero ahora mismo hace un año que no pasan por aquí y era gente que venía todos los días”.

Mallow tiene en estos momentos a tres camareros en ERTE y asegura el propietario que “no sé qué tipo de ayudas hay, lo único que conozco es el Expediente de Regulación Temporal del Empleo, pero lo demás nada, el día a día, el pagar agua, luz y alquiler, es muy apretado y echando horas”.

De una manera parecida se expresa Francisco Santamaría, encargado de la tasca El despacho, también en pleno centro del municipio, que señala que desde que comenzó la alerta 3 ha bajado entre un 80 o un 90 % de beneficios ya que no puede usar ni el bar ni el comedor. “Ahora tenemos doce comensales, cuando la terraza nos permitiría 24 y estamos trabajando al 50 % de su capacidad”. Desde que empezó la alerta 2 hasta el día de hoy en El despacho se trabaja sobre cuatro mesas en terraza en lugar de seis y a tres sillas en lugar de cuatro “para cuidarnos nosotros mismos, no solo nuestros clientes”. Santamaría subraya que “lo hemos ido manteniendo, pero una cosa es tener unas mesas, y otra la ocupación de las mismas ya que, desgraciadamente, hay un descenso paulatino de clientes y en estos días vienen menos”.

Se da la circunstancia, además, de que Francisco Santamaría tiene, desgraciadamente, a su suegro con coronavirus en el Negrín, un hombre de 80 años con problemas de pulmón y dentro por tanto de los grupo de máximo riesgo.

“Muchos clientes habituales piensan que hemos cerrado”, afirma Diana Ventura

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Por su parte, Diana Ventura es la encargado de Street Café, un local abierto desde hace ocho años también en la zona centro. “A nosotros nos afecta la medida de la alerta 3 más especialmente porque al no tener terraza de forma habitual muchos clientes se piensan que hemos cerrado”. En su caso, al igual que en el Mallow, la clientela acude por la barra.

Sin embargo, Ventura supo encontrar una solución provisional al problema. “Hablé con el Ayuntamiento, les expliqué mi situación y ellos, viendo que hay bastantes restauradores del pueblo afectados, tomaron la decisión de aceptar mi propuesta” que es poner una terraza en un estrecho espacio entre la acera y la carretera. “Gracias a Dios, estos días ha ayudado el tiempo, aunque estas terrazas provisionales no nos sirvan mucho. Es mejor que estar cerrado, pero no se terminan de cubrir los gastos necesarios”. Aún así, por el momento, conserva el 30 % de los ingresos. “Nos costó mucho remontar después del confinamiento, pero, afortunadamente, mi cafetería tiene una clientela fija de funcionarios, trabajadores del ayuntamiento y de banca y con eso podíamos cubrir gastos”.

La encargada también se queja de que “no ofrecen muchas ayudas porque el sector hostelero es el más afectado por la crisis y al que más se le machaca”, subraya, “aunque creo que es el que menos tiene la culpa, porque el contagio ha venido más de los centros comerciales, las guaguas, y las reuniones familiares cuando hay adolescentes en casa sobre todo”. Ella, por lo pronto, tiene a tres empleado también en un ERTE.

Sin embargo, y al contrario de los casos anteriores, Laura González Railton, propietaria del Café Railton, señala que “la gente está respondiendo muy bien, respeta estar un tiempo en mesa”. La responsable del negocio asegura que “me ha afectado mucho la medida porque tengo el interior cerrado, pero en lo demás el Ayuntamiento cedió para que pusiéramos más mesas y salir adelante”. Para ella, las consecuencias fueron “que tenía una empleada y la tuve que parar, estoy yo sola con una trabajadora por hora y no puedo dar tanto trabajo como me gustaría. Pero en general ahí voy”. Y aunque dos meses cerrada por el confinamiento influye, y ahora más con las medidas de la alerta 3, ella lo compensa “abriendo antes y echándoles más horas todavía”.

Laura González nos recuerda que el bar lo abrió hace tres años en homenaje a su madre que fue víctima de violencia de género en un suceso que conmocionó a la sociedad de este municipio en agosto de 2016.

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