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La escondida joya de Enrique Yánez

Culmina el plazo de alegaciones para que Lomo Riquiánez sea calificado Espacio Natural

Vista de uno de los antiguos senderos, hoy convertidos en pistas de hasta dos metros de ancho en Lomo Riquiánez.

Vista de uno de los antiguos senderos, hoy convertidos en pistas de hasta dos metros de ancho en Lomo Riquiánez.

Existe un lomo en la banda de naciente de Las Vegas de Arucas del que fue propietario tras la Conquista de Gran Canaria un señor llamado Enrique Yánez. Por corrupción fonética, el lugar terminó siendo denominado Lomo Riquiánez, un espacio en verde que ha quedado, tras cinco siglos de ocupación, al pairo de la urbanización a pesar de su temprana explotación.

Hasta esa cota lucían ejemplares de una laurisilva que se desparramaba hasta las medianías, cubriendo a partir de ahí Visvique, Los Portales, El Palmar, Teror… para expandirse luego por Firgas, Moya y los altos de Guía y Gáldar. La Arucas castellanizada es pronto mecanizada a todo vapor. Se deseca la laguna que se encontraba donde hoy Las Vegas es el sustrato de plataneras y caña de azúcar y para darle candela a los trapiches se van desbrozando los bosques, entre ellos el de Riquiánez, que conserva de aquella potencia natural toponimias como Lomo del Mocán, especie sin la que se entiende la laurisilva.

Una vez desertizado el lomo para candela del azúcar y otros trajines se ocupa para dos usos principales. El ganadero y el de la industria de la teja y el ladrillo. Lo explica Antonio Jiménez, técnico de la concejalía de Cultura y Patrimonio Histórico, quién ilustra que en el lugar se emplazaron desde muy antiguo muchos corrales, algunos con más de cien ovejas, que junto con las cabras era allí el ganado preferentemente. Además, y como el lomo es rico en arcillas expansivas, de ahí la toponomia del Maipez no muy lejos de allí, se emplazaron hornos de teja y ladrillo en los siglos XVIII y XIX, animados por la existencia de agua y leña en el mismo sitio. Y de hecho, a día de hoy se han conservado los vestigios de cinco de esos hornos.

El paisaje antropomorfo lo completan los estanques de barro, “construidos a finales del siglo XIX para abastecer a las fincas plataneras, tan característicos del norte de Gran Canaria y que poseen un gran valor cultural” y las eras, que datan de los siglos XIX y XX. Lomo Riquiánez también ofrecía un otero privilegiado para aventar el grano, de ahí que se sepa de la existencia de cuatro de ellas beneficiadas por un alisio en ascenso muy propicio para aventar el grano. Rematan el panorama viejas casas diseminadas, alpendres, un gran goro, gambuesas, acequias y corrales.

Pero incluso antes de la llegada de los europeos el lomo también fue un animado lugar para los canarios. Una de las teorías sobre la toponimia del cercano Santidad propone que el nombre no proviene de Antón de Santidad, sino de Antón, el de la santidad, que demostraría probablemente, según expone Jiménez, “que allí existía un lugar sagrado para la población indígena relacionado con el ganado y que practicaban ritos separando a las madres de sus crías para que balaran e imploraran para que lloviera”. En este aspecto asevera que existen datos que demuestran que allí se refugiaban los canarios, bajo la protección de un lugar sagrado cuando entraban en guerra entre ellos”.

Riquiánez, además, guarda en su lomo una rica fauna, sobre todo de aves, que acuden a las charcas y estanques de barro, de forma que es habitual encontrar garzas, garcetas y pollas de agua, además de todo tipo de insectos, con varias especies de arañas, además de reptiles como la lisa o el lagarto.

Pero en los últimos tiempos se ha prodigado otro tipo de fauna que va a dos ruedas, tanto en bicicletas como en motos y que en apenas unos diez o quince años han convertido los antiguos veredos de 75 centímetros de ancho en calzadas de hasta dos metros, además de abrir nuevas pistas.

Para regular su uso el Ayuntamiento lleva años intentando su protección, en una iniciativa que partió del entonces teniente de alcalde Ramón Díaz, el monitor Mario Marrero, de La Vinca, el geógrafo Manuel Martín Arencibia o el ingeniero Mauricio Falcón, y que se está materializando estos días con la tutela de la concejalía de Medio Ambiente que hoy gestiona José María González, con un procedimiento para incoar a Lomo Riquiánez la calificación de Espacio Natural Protegido, cuyo plazo de alegaciones ya ha culminado con la presentación de una veintena de alegaciones.

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