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Con mucho geito (4) | Ángel Tomás Domínguez Ponce

Ángel Tomás llega a la luna

El aruquense empezó de muy pequeño a trabajar como cobrador de guaguas y ha terminado de mayor asombrando al mundo de la sidra

Ángel Tomás llega a la luna La Provincia

El aruquense Ángel Tomás Domínguez Ponce, afincado en Valleseco, produce una sidra de tal calibre que se ha llevado por delante a especialistas de ocho países en el último certamen celebrado en Asturias. Contable, agricultor, taxista y hasta cobrador de viajes de guagua, Ángel llegó a la luna.

Ángel Tomás Domínguez Ponce de pollillo era desinquieto. Nacido en 1959 en el Lomo San Pedro, Arucas, cuando llegó a cursar el octavo de la antigua EGB, lo dejó por la mitad. Se fue de clase y no volvió, al menos a esa clase.

Se enfundó una carterilla de cuero para meter los tiques y el dinero y se hizo cobrador de las guaguas de Cardona, ahí tendría pues 13 o 14 años. Luego se sacó el carnet de conducir, se hizo un curso de mecanografía de mucho más de 400 pulsaciones por minuto con Sor Gerarda en el colegio de las monjas y con ese bagaje se alistó en la mili. Allí recaló en la aviación, en la Segunda Sección del Estado Mayor, un lugar «de alto secreto», donde bregaba de secretario del comandante Ortega, piloto de aviones, y el comandante Domínguez, que a su vez eran ayudantes del general. Es decir, «yo estaba a tres pasos del MACAN», que ya es lo máximo en este archipiélago oceánico.

Fue ahí donde hincó los codos. Se pone a estudiar banca en la Academia Comercial de la calle Perojo. Y se presenta a unas oposiciones, en las que pugnaba con otro aspirante «de ilustre apellido». Entró el del apellido, y él con el Domínguez Ponce, pues se quedó comiendo millo chavetudo.

No hay mal que por bien no venga porque lo cogen en Tránsitos Canarias, que estrenaban un plan general de contabilidad en esos momentos y se queda como contable de la consignataria y agencia de aduanas.

El otrora cobrador de guaguas se percata de un fallo en la facturación con Trasmediterranea. Dos fletes cobrados por un único camión y viaje. Sale pitando para la naviera a pedir explicaciones. «Fue un simple error de ellos, lo de los fletes», pero de allí no volvería a salir en los siguientes 27 años. Fichado. Empezó en la sección de Pasajes, pasó por la de Mecanización, y vuelta a estudiar. Esta vez Informática. Y de nuevo con Sor Gerarda, pero ahora para aprender inglés. El inglés lo perfecciona luego con Radio Ecca, otros tres años. Y luego se matricula en Derecho. Esto no le impide, entre una cosa y otra a figurar por último como responsable de la Estación Marítima del jet foil como coordinador de embarque.

¿Y eso no es mucho lío, don Ángel Tomás? «No es difícil. Solo hay que ponerle voluntad porque aquí cualquiera tira un cohete a la luna, pero para que llegue hay que ponerle interés. Otros con más, han hecho menos».

Llega el año 1993 y Ángel Tomás se pone a escuchar un programa de radio de Mercocanarias. «Me pongo a oír sobre agricultura ecológica y me pongo en contacto con ellos. Ahí ya estaba yo que si con Trasmediterranea, fabricando la casa, atendiendo la finca y a mis dos hijos Marcos y Jesús así que, total, dejo Derecho. Me gustaba más la finca», afirma sin quitarle un ojo a los mil trajines en los que sigue mientras se explica con su bata blanca de alquimista.

Ángel Tomás llega a la luna

Ángel Tomás llega a la luna La Provincia

Como todo es poco apareció un muchacho «que vendía una finca. La vendía muy cara, y yo se la compré muy cara porque me dio el olfato». Así es como se convierte en ‘hotelero’, restaurando dos casas y convirtiéndolas en unas de las primeras viviendas rurales de la isla para alquilar.

Entre todo ello, cuando acaba en la naviera, «me voy al taxi y conozco a un amigo, Mundo, que tiene la Bodega Pantaleón en Firgas y hablando y hablando en la parada con el mismo alegato de manzaneras y tijeras de podar, forjamos una amistad».

En 2010 está Mundo visitando los cachos de Ángel Tomás en el camino de Pico de Osorio, donde tiene un panorama que, si no fuera por la curvatura de la tierra, se verían las Antillas.

Mundo mira para el suelo cargado de manzanas. «Me pregunta qué que hacía con ellas. No mucho caso, le respondo. Pues vámonos al lagar. Cogimos la prensa que pesa una tonelada, las tablas y nos pusimos varios a lavar y picar manzanas. Así hicimos 200 litros en un bidón prestado de Mundo, y en un par de fiestillas nos los bebimos. Una bestialidad».

En su línea habitual de trabajo, «empiezo a hacer cursos con el Cabildo, a aprender con Mundo, y comienza una relación muy buena con la Granja Experimental del Cabildo, con el servicio de Enología. Así se inicia mi periplo en esto, a hacer cositas y algo de I+D, y ayudando a desarrollar la normativa con el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria con retales de Asturias y lo que se hacía aquí».

«Vi el certamen por streaming, con los camareros con sus pajaritas y un tío alto con una gaita»

Ángel Domínguez - Taxista y sidrero

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Así se fue montando su propio lagar, y ahora «aquí hay todo lo preciso», afirma entre un surtido catálogo de chismes que incluyen botellas isobáricas, frigoríficos invertidos y botellas que soportan presiones de cinco bares, que viene a ser lo que soporta una rueda de guagua, «para hacer sidra natural espumosa de dos variedades, simiesco y brut». A eso se añaden 800 manzanos más en sus tierras.

En esas anda enfajinado el señor Ángel Tomás hasta que llega octubre de 2020. «Me hacen una invitación para un certamen en Asturias. Me dije, bueno, el no ya va por delant, así que no esperaba nada. Y menos conociendo el nivel que habría, con productores de Letonia, Estonia, Lituania, España, Portugal, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Ocho países, 250 sidras».

«Yo vi el certamen por streaming, con los camareros con sus corbatas pajaritas y un tío altísimo con una gaita». Un sábado «me llaman cerca de la una de la tarde, yo con mi cuñado echándonos una sidra, y me dicen en asturiano: canario, me cago en la h…, que te hasss llevado tresss medallasss. Esto nunca se ha visto. Qué contentosss estamosss aquí».

Ahí fue cuando Ángel Tomás llegó a la luna. Medalla de oro a la sidra espumosa. Medalla de plata a la espumosa brut, y de remate, otra plata a la espumosa semiseca.

El proceso para elaborar la sidra lleva otro previo de años, el de conocer todos los mecanismos físicos y químicos de convertir la manzana en la sustancia embotellada. Son fermentaciones asustadas con frío, decantaciones y un sin fin de apuntes para lograr embotellar algo que merezca el nombre, a lo que se suma el jarabe, una ‘pócima’ propia y de muy alto secreto que es la clave de su éxito o fracaso. |

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