Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Valleseco.

San Vicente en rayos X

La muestra ‘SVF. Dando honor al tiempo’ disecciona desde la historia del pueblo de Valleseco hasta detalles ‘íntimos’ de la propia imagen

Una de las galerías del Museo Etnográfico con el gran cartel que simboliza la nueva muestra inaugurada con motivo de los  aniversarios de la imagen y la parroquia.

Una de las galerías del Museo Etnográfico con el gran cartel que simboliza la nueva muestra inaugurada con motivo de los aniversarios de la imagen y la parroquia. LP/DLP

El Museo Etnográfico de Valleseco ofrece hasta finales del mes de noviembre la muestra SVF. Dando honor al tiempo, con motivo del 275 aniversario de la llegada de la imagen del patrón y los 175 años de la creación de la parroquia, con sorprendentes detalles que retratan el origen de la localidad.

“San Vicente Ferrer es el protagonista del Valleseco que conocemos”. Iván Arencibia es el comisario de la exposición que hasta el próximo mes de noviembre se puede visitar en el centro museístico de la localidad de medianías, y que se vertebra en torno al 275 aniversario de la llegada de la imagen del patrón a la entonces ermita del pueblo y los 175 años de la creación de la parroquia.

Arencibia visibiliza en varias salas una muy seleccionada y contundente colección de objetos, documentos, tallas y pinturas que hablan de un Valleseco, que como ostenta el lema de la localidad, surge del trabajo en el agua y la tierra de unas medianías viradas al norte que brindan unos tesoros de memoria tan frondosos como la propia naturaleza que acoge al municipio.

El recorrido ofrece pinceladas sutiles pero de potente carga representativa, como lo son las agujas de los antiguos canarios localizadas en algunas de las incontables cuevas en las que habitaron los primeros isleños y que luego fueron sistemáticamente ocupadas por los europeos, o el facsímil de un antiquísimo libro de repartimientos en el que ya aparece la topografía del lugar, una de las más antiguas de la que se tiene constancia en Gran Canaria y que data en torno al año 1490.

Y en las vitrinas, piezas de la iconografía de San Vicente Ferrer, “una muestra para niños y jóvenes, presentadas a los más pequeños como si fueran emoticonos para explicarlo de una forma que puedan entenderlo”.

Una de las mejores sorpresas de la muestra se visualiza en la sala dos en forma de radiografía, la realizada a la antigua talla del patrón, “con la que queremos concienciar sobre el valor de preservar”. En ella se pueden observar clavos y hasta un gran tornillo en su interior, intervenciones que demuestran los cambios dimensionales que se le realizaron para colocarla en el nuevo retablo de la iglesia, y en el que ganó altura, 55 centímetros, con el trampantojo de alargar la peana de nubes sobre la se erige en pie.

En otra imagen se observa la brutal restauración que sufrió en 1972, “en el que la lijaron como una silla, sin los criterios actuales que se aplican a las obras de arte, expuesta como una forma de dar a comprender que los bienes deben ser tratados por especialistas”.

Iván Arencibia explica los detalles de las radiografías realizadas a la imagen de San Vicente Ferrer. LP/DLP

Y es que la talla, en el caso de Valleseco, es algo más que su significado artístico e incluso religioso, ya que cuando en 1736 llega a Valleseco, y con ello la fábrica de la ermita y la creación de la parroquia, el mismo pueblo es el que crece a su alrededor, de forma que es imposible explicar el urbanismo actual de la localidad sin ese eje vertebrador.

De alguna manera se simboliza en la exposición con una planta baja que guarda la parte etnográfica, tal cual el cuarto trastero de cualquier casa, con los viejos carburos de los pozos, la trilla, el yugo, los molinos de mano, los cascos de botellas de Clipper en una suerte de mostrador, festoneado por sacos de papas quinegüas, balanzas, flises antiguos, molinillos “y demás atarecos de una casa de Valleseco”, que figuran así como el mundo de la tierra y el agua con la creció esa sociedad, y gracias a ello las posteriores advocaciones que se exhiben en la parte alta, algunas de ellas desaparecidas como la que se le otorgaba a Santa Bárbara, que luce en la muestra con una copia de Zurbarán, o un San Juan Niño atribuido a Mena.

Otros objetos dibujan los tiempos vividos, los buenos y los de las desdichas, como el rosario de oro y coral robado durante los años calamitosos, en vísperas de 1847, cuando el cólera, una etapa en la que no había ni agua ni cosechas en el que comienza la emigración a América. Una señora sin dinero, desesperada por no poder alimentar a su familia hace noche en la ermita para robar el rosario. Pero cuando amanece cae en el error y al abrirse la ermita lo devuelve. “Da entender”, resalta Arencibia, “las penalidades que pasaban las gentes de un lugar, Valleseco, que hasta 1930 no tiene carretera, y el que hasta entonces se vivían bastantes complicaciones para poder subsistir”.

Todo ello, y muchas otras sorpresas más, en esta gran radiografía en tres dimensiones, titulada SVF. Dando honor al tiempo.

Compartir el artículo

stats