Bartolo Rodríguez, un arquitecto visionario

El empresario innovador, de 95 años, surgió de lo más humilde y trabajó dese niño en Guayadeque

Bartolo Rodríguez y su mujer Francisca Bordón, este viernes, en la casa en Montaña las Tierras.

Bartolo Rodríguez y su mujer Francisca Bordón, este viernes, en la casa en Montaña las Tierras. / Juan Carlos Castro

Marcos Álvarez Morice

Bartolomé Rodríguez López, llamado Bartolo, de 95 años, tiene cuerda para rato, aunque ya con problemas de movilidad. Fue un pionero con el turismo y con la arquitectura en Guayadeque.

«Estoy orgulloso de haber sacado a la familia adelante. Lo que he hecho en mi vida ha sido trabajar, y trabajar duro desde niño. Hoy en día, incluso a mi edad, sigo controlando y vigilando lo que se hace en el restaurante», manifiesta [entre risas] Bartolomé Rodríguez López, conocido como Bartolo, que cumplió durante este mes de marzo 95 años de edad. 

Conserva una memoria muy buena y se encuentra por lo general bien de salud, aunque es cierto que tiene dificultades de movilidad, problemas en las rodillas y en circulación en sus piernas. «Me caí durante la etapa dura de esta pandemia del covid-19 y tuve una lesión en la cadera», comenta Bartolo, quien agrega que «lo que más me gusta ahora es estar con la familia y descansar», asegura.

Para muchos Bartolo Rodríguez López, un trabajador durante toda su vida, es un hombre «honesto», «un emprendedor fundido con la naturaleza» y «un arquitecto visionario». Muchos lo recuerdan por su creación del restaurante cueva Tagoror en el corazón de la montaña, aunque otros muchos defienden que es «mucho más» que esa construcción.

Bartolo Rodríguez nació en 1927 en una casa cueva que hizo el padre en Montaña de las Tierras, en el barranco de Guayadeque, en el municipio de Ingenio. Prácticamente toda su vida ha estado ligada al citado barranco, y siempre se mostró como un luchador en defensa de la conservación de Guayadeque.

Con pico y pala, y con alpargatas, hizo las cuevas del restaurante Tagoror, que sigue en activo 40 años después

Rodríguez López estuvo predestinado por su condición social, su humildad y por la falta de recursos. Sin embargo, tuvo el sueño, el objetivo de «hacer algo trascendente, original y diferente». Así, con pico y pala, y con alpargatas, construyó en la década de los años 70 del siglo pasado primero la cueva de lo que fue el primer bar, partiendo de la casa cueva que hizo de soltero. Después, fue ampliando el bar, y así convertirlo en el restaurante cueva Tagoror, que inauguró oficialmente el 2 de junio de 1976, «con la presencia del párroco de la Candelaria, de Ingenio, Don Andrés, que había venido con dos guaguas llenas de gente». En 1984, amplió el restaurante y quedó como está en la actualidad, con una superficie de 1.500 metros cuadrados.

Los progenitores de Bartolo Rodríguez López fueron: Felipe Rodríguez Díaz, el apodado El Bernardino, y natural de Telde; y Francisca López López, natural de Cueva Bermeja [también en el barranco de Guayadeque, en el término municipal de Agüimes], que era «dulce» y «recia» a la vez. Bartolo tuvo nueve hermanos, cinco varones y cuatro mujeres.

«No había escuela en Guayadeque cuando yo era pequeño. Había que ir caminando hasta el pueblo de Ingenio. Empecé a trabajar desde niño», manifiesta.

«Mi padre se dedicaba, como todos en esa época, a la labranza», recuerda el que luego se convirtió en un empresario. «Nuestros hijos sí fueron a la escuela, que se construyó después en Cueva Bermeja», añadió. Bartolo atendía y trabajaba de niño con los cabras, junto a sus hermanos, e hizo muchas labores siempre ligadas al campo como todos los vecinos porque era la única opción durante ese tiempo en Guayadeque.

«Hubo una época en la que yo tenía un mulo, cogía en el barranco tunos, higos, ciruelas y almendras, que luego llevaba con el mulo a los pueblos de Ingenio y de Agüimes. Lo vendía en la calle», declara. Otra forma que tuvo para ganarse la vida era «segar el monte», que se trataba de recoger hierba y retama, que «luego vendía o intercambiaba a otros para hacer las camas de los animales», señala su hija Pilar Rodríguez.

«Entre mis principios: no estafar nunca al turista, aunque algunos me aconsejan que les cobre más», afirma

A los 18 años se presentó de voluntario en el cuartel e hizo el servicio militar. «Serví en la base de Gando. Estuve en transmisiones, y en varios sitios, como en Las Palmas de Gran Canaria y después en Tenerife, en Los Rodeos y en Izaña». Ya licenciado, volvió a Guayadeque, hizo su casa cueva en la Montaña de las Tierras y se casó en 1950 con Francisca Bordón Markel, que tiene ahora 88 años y Alzheimer. «Estoy orgulloso por lo que hice, pero con tristeza y dolor por cómo está mi mujer, como por mi falta de movilidad y tener que depender en parte de los demás», manifiesta Bartolo.

Francisca y Bartolo tuvieron cinco hijos: Francisco; Virginia, fallecida; Bartolomé, llamado Benedo, también fallecido; Pilar; y Cándida, conocida como Candi, Rodríguez Bordón. Cuentan con 12 nietos y 10 biznietos, y con tres más de camino.

«Fui de los primeros en traer y atender a los turistas en los años 70, primero, al bar y al restaurante después. Yo tenía muy claro en tener los productos locales y de calidad. Además, yo tenía muy buena relación con los otros empresarios y las agencias de viajes», afirma.

A la hora de hablar de sus principios, resalta que «uno era no estafar nunca a los turistas, aunque algunos me decían que les cobrase más a ellos. Era el mismo precio para el extranjero, que para el vecino». Bartolo Rodríguez recibió numerosos premios y reconocimientos como empresario y por su trabajo, y los últimos fueron el Premio de Calidad Turística 2020 y 2022 . El restaurante Tagoror, en el que trabajan sus dos hijas y dos nietos, sigue en plena actividad. 

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