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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Anfitriones del turismo

Los anfitriones del turismo (X): Señorío de Cabrera, la bodega más acogedora de Gran Canaria

Sus propietarios, Agustín y Felisa, producen vino de forma artesanal en lo más profundo del barranco García Ruiz de Telde

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Bodega Señorío de Cabrera Andrés Cruz

Agustín Cabrera (Agüimes, 1953) y Felisa Vega (Agüimes, 1954), propietarios de la bodega Señorío de Cabrera, dedican su tiempo a cultivar viñedos en una de las laderas del barranco teldense de García Ruiz, a solamente dos kilómetros del cráter del volcán Bandama. El matrimonio ha hecho de su bodega un lugar con encanto en el que poder degustar vinos artesanales y café de producción propia.

El barranco de García Ruiz, en el municipio de Telde, acoge diferentes fincas con vegetación, árboles frutales y plantaciones de diversos tipos, que se diseminan a medida que se asciende por su angosto cauce. Llegados a un punto, aparece un gran muro de color vino tinto en el que se atisba un cartel en el que se puede leer 'Señorío de Cabrera'. Una verja de color verde deja paso a una rampa cubierta por una extensa parra que cuelga sobre varios arcos para dar sombra. Es la entrada a la finca regentada por Agustín Cabrera y Felisa Vega desde 1986. Ambos, naturales de Agüimes y vecinos del Cruce de Arinaga, decidieron adquirir este terreno a mediados de los años 80 por su gusto por el medio rural y el cultivo de la tierra.

En un comienzo todo el recinto estaba invadido por piteras, tabaibas y vinagreras. «Lo primero que hicimos fue limpiar toda la finca y hacer el estanque. A partir de ahí nos dedicamos a plantar todo de naranjeros, unos 350», detalla Agustín. Para mediados de los años 90 empezaron a plantar vides en la extensión de terreno que discurre por la ladera del barranco, zona propicia para este tipo de de cultivo por su tierra apiconada. Sin embargo, las primeras cosechas no fueron del todo bien, ya que el producto «era más vinagre que vino». Con el paso de los años, tanto Agustín como Felisa se fueron interesando cada vez más por el cultivo vitivinícola y en el año 2010 decidieron iniciar seriamente el proyecto de la bodega. «El enólogo Luis Delfín Molina nos ayudó muchísimo, ya que me sugirió montar una bodega de forma conjunta y esto fue el impulso para dedicarnos más profesionalmente a la producción de vino», explica el viticultor, añadiendo que su producción se enmarca dentro de la Denominación de Origen Gran Canaria.

Agustín y Felisa en el interior de la bodega donde almacenan las barricas en las que reposan los vinos de Señorío de Cabrera. | ANDRÉS CRUZ

Señorío de Cabrera cultiva actualmente cuatro variedades de uva: malvasía volcánica y moscatel de Alejandría para el vino blanco; y tintilla y listán negro para el tinto. El viñedo comprende una raya de terreno en ladera con orientación norte-sur y está plantado transversalmente por líneas de espalderas sobre terrazas superpuestas. Esta particularidad permite dar provecho por igual a todas filas de viñas con la luz del día, evitando que las hileras ensombrezcan a las contiguas. «La malvasía volcánica es lo mejor que tenemos en nuestra bodega, da una gran calidad» destaca Agustín, a la vez que puntualiza que su producción es pequeña y no la comercializan en grandes superficies. Para ellos, conservar su esencia familiar y particular es lo primero, por ello, únicamente surten de vino a cuatro pequeño comercios del norte de Gran Canaria y a dos restaurantes de Fuerteventura. El resto de la producción es ofrecido a los particulares que se acercan a su finca para comprobar la suavidad y el aroma que caracteriza a sus productos. Además de viñedos, en la finca se pueden encontrar diferentes frutas como naranjas, aguacates, papayas o plátanos, entre otras. Asimismo, la bodega cuenta con una pequeña producción de café solamente destinada al consumo propio y a la degustación de los visitantes, ya que se necesita mucho trabajo y varios procesos diferentes para producir el grano de café tostado.

Parada enoturística

Esta bodega se ha convertido en parada obligatoria para aquellos que deciden emprender la Ruta del Vino de Gran Canaria, compuesta por diez bodegas de la Isla, así como para grupos de periodistas y turistas extranjeros organizados por Turismo de Gran Canaria —antiguo Patronato de Turismo—. Gracias a la intercesión de una guía de la institución, Señorío de Cabrera comenzó una fructífera relación con el turismo que acude a la Isla y busca conocer otro tipo de experiencias, más allá del clásico sol y playa. «El Patronato organiza rutas turísticas y nos incluyen como una de sus paradas. Recibimos sobre todo extranjeros, pero de vez en cuando también vienen peninsulares», explica Agustín. El objetivo del matrimonio es inculcar al viajero que Canarias no es solo hoteles y costa, sino que hay zonas de interior que les aportan experiencias realmente enriquecedoras. «El turismo ya tiene su sol y playa en el sur; lo que nosotros queremos es darle algo bonito en el campo, algo más auténtico».

Esta coqueta bodega atrapa desde el primer minuto en que te encuentras en ella, rodeado de vegetación y decoraciones muy cuidadas, que producen un ambiente muy acogedor. A Felisa le llama mucho la atención que a los visitantes les guste tanto una bodega tan pequeña y sencilla, sin embargo, son precisamente estas características las que hacen al sitio ser tan particular. «Nos planteamos que cada persona que viene no es un cliente, sino un amigo y ese trato familiar es el que hace que vuelvan o nos recomienden a sus conocidos», explica la propietaria. El matrimonio descarta proyectos de crecimiento y expansión porque, a su parecer, solo significaría la pérdida de la esencia coqueta del lugar y su masificación, algo que rechazan frontalmente. «Lo que queremos es mantener nuestro ambiente familiar y cercano, recibiendo a grupos pequeños que puedan disfrutar la experiencia al máximo y nosotros compartirla con ellos».

El enoturismo es un segmento cada vez más potente en Canarias. La calidad de los vinos de la región atrae a viajeros de todo el globo e incentiva el turismo rural del Archipiélago. Más allá de sus costas, Canarias ofrece pequeños rincones en los que desconectar con una copa de vino y productos de kilómetro cero, como bien saben en Señorío de Cabrera. 

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