Desde la Ciudad Arzobispal (XVIII)

Manolito Guerra, Sacristán Mayor

En el centro de Los Llanos de Telde existió desde finales del siglo XV o al comienzo del siglo XVI una pequeña ermita dedicada a San Gregorio Taumaturgo (El Milagroso o Milagrero) y Nuestra Señora del Buen Suceso (Patrona de mareantes o gentes de la mar). Tal construcción se debe a la familia Palencia o Palenzuela, que desde tierras burgalesas trajeron la advocación del Obispo Santo. Otras advocaciones se fueron sumando, así surge el culto a San José y a Santa Rosalía. Destacamos aquí los dedicados a Nuestra Señora del Carmen, De los Dolores, Del Rosario y la Purísima Inmaculada Concepción de María. La nómina sigue con San Antonio de Padua, el Sagrado Corazón, San Juan Evangelista, Santa Rosa de Lima, San Expedito, San Blas, Santa Margarita de la Coque y San Antonio María Claret. Asimismo, pero obra de los pinceles de José Arencibia Gil es un bello óleo que plasma el icono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Calificado de templo frío por aquellos que no entienden el neoclásico, su diseño se debe, sin duda alguna, a los magistrales trazos de don Diego Nicolas Eduardo y en ella laboró más de sesenta años su Sacristán Mayor don Manuel Guerra, más popularmente conocido por Manolito Guerra, quien cuidaba con esmero y verdadera devoción todo y cada rincón de la parroquial gregoriana.

Fue Manuel Guerra un hombre de mediana estatura, que al paso de los años fue menguando. Su vestimenta cotidiana era invariable, pues siempre utilizó chaqueta y pantalón del mismo color, fuera éste gris oscuro o marrón (canelo), acompañándolo de camisa impecablemente blanca o cruda y corbata negra. Su escaso pelo lo peinaba con raya y hacia atrás, añadiéndole una buena cantidad de fijador. Eso, unido al Barón Dundy que se administraba con generosidad, lo iban a delatar cuando caminaba por las naves o sacristía de su Iglesia. Y digo esto de su Iglesia porque él no se cansaba de advertir: Los curas son como las gaviotas, pasan, pero Manolito Guerra es como el Roque de Gando, ahí está dejándose batir por las olas. Conocedor de la Liturgia, no pasaba una, así, a diario le gustaba vestir de sotana y sobrepelliz, marcando su dignidad y respeto en misas, funerales y procesiones. Una estampa, que en estos días ha vuelto a ser rememorada es ver a Manolito Guerra portando sobre su cabeza la manga procesional, aquel elemento sobre el cual lucía nuestra hermosa Cruz de plata. Para concluir, una anécdota: Los días de bautizos, el buen sacristán acudía para ayudar al sacerdote y, cuando éste interrogaba sobre la voluntad de padres y padrinos para con el neófito, ante la frase ¿Renuncian a las obras y pompas de Satanás? Manolito Guerra a viva voz decía: ¡Arrenunciamos!