Fiestas de Jinámar, jolgorio entre tradiciones y potaje de berros

Jinámar continúa celebrando sus fiestas en honor a la Concepción y la caña dulce

La actuación de Los Gofiones hoy jueves en la plaza anuncia el día grande 

Jinámar disfruta de sus fiestas de la Concepción y la Caña Dulce

T. M. R.

José A. Neketan

José A. Neketan

Las hermanas Attenya y Sibisa Vega repartían leche con gofio en la escalera del parque, frente a la iglesia de Jinámar, a modo de bienvenida para las personas que iban llegando para disfrutar de la jornada no laborable de las fiestas de la Concepción y la Caña Dulce, que se celebran hasta este sábado.

Con traje típico y mucha amabilidad, cuentan que este día está dedicado a la artesanía y a las tradiciones, aunque hay muchas cosas que ese están perdiendo, entre ellas dinero y colaboración para hacer unas fiestas más grandes, «somos de aquí y queremos participar para que no se pierdan las tradiciones que siempre han tenido estas fiestas, como el potaje de los peregrinos y la caña dulce».

Y elaborando ese potaje de berros de los peregrinos estaban pegadas a los calderos desde las siete de la mañana María Medina, Mari Carmen, Dolores e Inocencia, mientras Pancho revolvía con una paleta grande de madera los ingredientes de dos grandes ollas que tienen que alcanzar por lo menos para 300 personas que llegaron anoche hasta la iglesia para ver a la Virgen de la Concepción.

Entre la gente que pasea por el lugar está Ana Medina, quien recuerda que cuando era niña «estas fiestas eran espectaculares, con un ambiente increíble y llena de puestos de caña de azúcar». La mujer destaca que la gente llegaba hasta aquí por fervor, «ahora se viene solo a pasarlo bien, a beber». También aporta el dato de que antes todo lo que se ofrecía en las fiestas de Jinámar ya era de kilómetro cero, «con aceitunas, pan de puño, naranjas y otras frutas. Todo producto de la tierra, y venía mucha más gente».

Ese dato lo corrobora Ángel Álvarez desde su puesto de caña de azúcar que él mismo planta y donde también ofrece naranjas de la Higuera Canaria y aguacates. Todo de la zona. «Antes tirabas una naranja al aire y no tocaba el suelo de la gente que había en la fiesta de Jinámar, pero yo sigo viniendo por tradición», afirmó mientras señalaba con su dedo que todas esas calles estaban antes llenas de cucañas de cala de azúcar. En su memoria mantiene aún el recuerdo cómo venía con sus tíos Juan y Manolo y su abuelo Paquito Torres. También venían a vender otras familias como ‘Los Barranquera’ o ‘Los Machangos’, «porque aquí nos conocíamos todos por los apodos».

La gente pasea por las fiestas de Jinámar en un día dedicado a la artesanía y las tradiciones

La gente pasea por las fiestas de Jinámar en un día dedicado a la artesanía y las tradiciones / Juan Castro

Caña para vestir el puesto

Álvarez está presente con su puesto en estas fiestas desde el año 1991. «Traigo naranjas pero sinceramente la naranja no da negocio. Si la caña se vendiera como se vendía antiguamente, la caña da mucho más dinero que la naranja. La pones por vestir un poco el puesto, pero la que da dinero es la caña si se vendiera como se hacía antiguamente, pero ya no sale como antes». El agricultor dijo que ha llegado a recoger hasta 37 mil kilos, y como dato histórico recuerda que la caña de azúcar fue llevada a Cuba desde las Islas Canarias.

Cerca del puesto de Ángel Álvarez otros dedicados a la artesanía se repartían entre el parque y a lo largo de la carretera que une el pueblo de Jinámar con Telde, cerrada al tráfico para la ocasión con el objetivo de facilitar el trasiego de gente que estos días se acercan hasta el pueblo, bien por devoción o por tradición.

María Eloisa Peña está detrás de la mesa donde exhibe, entre otras piezas, sus gorros conocidos como ‘robanovios’ o ‘robaparejas’. Sus manos tejen cestería de palma a la vista de la gente. Mujer de Tenteniguada, lleva desde los siete años dedicada a la artesanía y ya sopló los 72. También hace piezas con fibra de centeno que ella misma cultiva.

Ángel Álvarez en su puesto de caña de azúcar.

Ángel Álvarez en su puesto de caña de azúcar. / Juan Castro

Eloísa es la cuarta generación de artesanas, dedicadas al telar, los bordados canarios y el ganchillo, y mis hijas hacen la quinta generación. Entre las siguientes citas que tiene anotadas en el calendario del nuevo año está las Fiestas del Almendro en Flor de Tenteniguada.

Un poco más allá, Ángel Rosario Hernández, tallista de piedra, esculpe con martillo y cincel una gárgola que tiene que salir de un trozo de piedra de la cantera de Arucas, a la que le tiene mucha fe «porque es muy buena para trabajar y elaborar piezas». Cuenta con 15 años trabajando en la cantera de Arucas y otros 20 como autónomo. Viene desde Valleseco a participar en esta jornada de las fiestas de Jinámar dedicada a la artesanía.

También se ha animado el herrero de Teror Domingo Alemán, que también muestra cómo se trabaja el oficio. Antes el trabajo del herrero era una necesidad y la gente venía a repararlo. Hoy en día lo tiran o van a la ferretería. «En estas ferias lo hacemos para que la gente vea que el oficio sigue vivo, porque las ventas no son muchas».

La Asociación Santo Domingo de República Dominicana, Simpa, también tiene un puesto donde mostrar la artesanía de su isla, aunque ahora residan en Gran Canaria.

Supervisando que todo está en orden, Ana Zara Robaina, vicepresidenta del Patronato de Fiestas de La Concepción y la Caña Dulce. Explicó que la nueva directiva lleva solo un mes y medio. Tras el relevo generacional ahora son un grupo de jóvenes que trabaja por mantener vivas las fiestas. «En los últimos años, ha decaído un poco el movimiento de gente, pero ahora queremos darle un impulso. Hemos conservado las tradiciones de siempre y estamos intentando, otra vez, reforzarlas para que se vuelvan a ver las fiestas de antes». También espera que el nuevo Gobierno de Telde los tengan más en cuenta y los apoyen por la labor que hacen, «pero vamos, que la gente que está superluchadora. El pueblo es el que ayuda, como siempre, y es el pueblo el que saca adelante las fiestas».

Entre aromas de potaje de berros, artesanos trabajando y gente de paseo disfrutando de la jornada festiva, la Escuela de Juego del Garrote Canario de Maestro Paquito Santana muestra esta tradición para transmitirla y conservarla, y el equipo de lucha Castro Morales se faja en bregas, las mismas que tiene Jinámar por mantener la esencia de sus fiestas.