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La ciudad que pudo ser y no fue

Iniciativas y proyectos para potenciar el turismo y mejorar la calidad de vida en Las Palmas de Gran Canaria que se vinieron abajo

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Las Palmas de Gran Canaria, la ciudad que pudo ser y no fue

La Asociación Cívico Cultural Fernando Guanarteme Rey Canario proponía el pasado marzo al Ayuntamiento y al Cabildo grancanario crear en el entorno del barrio de San Cristóbal un parque temático con jardines para ensalzar la figura del guanarteme Tenesor Semidán, último rey aborigen bautizado tras la Conquista de la Isla por los Reyes Católicos como Fernando Guanarteme. La instalación de ocio estaría ubicada sobre una plataforma de unos 25.000 o 50.000 metros cuadrados sobre el mar en el entorno de la torre de defensa dado que el barrio no dispone de terreno libre. El objetivo es que el parque temático sirva de puerta de entrada para los turistas que llegan a Las Palmas de Gran Canaria al mismo tiempo que sirva para revitalizar la historia de Canarias y al barrio marinero de la capital.

Se trata del último proyecto lanzado por un grupo de canarios para crear un nuevo foco de atracción turística en la ciudad, aunque no es el único. En las últimas décadas se han presentado diversas iniciativas, algunas de ellas extravagantes por su impacto económico, medioambiental o por su envergadura técnica, que planteaban un cambio importante en el paisaje urbano, aunque no imposibles de ser una realidad. Desde la instalación de un aeropuerto en lo que es Ciudad Alta en la década de los cincuenta hasta la instalación de un teleférico para subir a La Isleta.

La plataforma propuesta por la Asociación Cívico Cultural Fernando Guanarteme contaría con un punto de información turística, espacios de ocio, comercios, restaurantes y aparcamientos, que estaría costeada por la iniciativa privada dado el coste de la inversión que habría que hacer.

La propuesta es aparentemente factible ya que hay ejemplos en el mundo sobre este tipo de estructuras flotantes que amplían el litoral existente para recibir cruceros de mayor envergadura, dar servicio a la industria o utilizarse como espacio de ocio y entretenimiento.

Precisamente, una de las últimas que se han instalado en el mundo es la pasarela de más de cinco kilómetros del condado chino de Luodian sobre el río Hongshui. Aunque, sin ir más lejos, la plataforma científica conocida como Plocan fondea sin problemas frente al centro comercial Las Terrazas.

La plataforma de San Cristóbal no solo contaría con el handicap del coste, que la asociación no evaluó, sino también con estar en mar abierto. En su ejecución habría que contemplar el oleaje y las mareas que, en más de una ocasión, han llenado la avenida del barrio de los callaos de la playa.

Reclamo

La puerta de entrada a la ciudad desde el Sur, primera imagen con la que se topan las turistas tras bajar del aeropuerto, ha sido siempre motivo de especulación para proyectos de gran impacto. La prueba de ello es la colocación de la escultura del Tritón promovida en 2011 por el entonces alcalde Jerónima Saavedra y llevada a cabo por el escultor Manolo González como reclamo de una ciudad cosmopolita con motivo de la rehabilitación de la abandonada playa de La Laja.

Pero antes que el Tritón, el parque de atracciones Tivoli, promovido en 1974 por un grupo de inversores privados en el margen izquierdo de la carretera, a la altura de la mencionada escultura, fue quizás uno de los proyectos más mastodónticos pensados para este rincón y, por ende, para la ciudad y su proyección de cara al turismo en un momento en que estos parques de ocio eran todo un atractivo en Europa.

El proyecto, sobre una parcela de 100.000 metros cuadrados de La Caja de Canarias y con un coste de 1.500 millones de pesetas de la época - más de nueve millones de euros-, estaba previsto inaugurarse en 1976. Entre las atracciones más importantes figuraban "la noria gigante, la montaña rusa, el pulpo, el telecombate, la ola, las cestas voladoras, el gusano loco, la casa de los espejos, el laberinto, el túnel del tiempo, la casa del miedo, el túnel del amor, la casa magnética, los rotores, las tómbolas, los tiros al blanco, las pruebas de fuerza, los salones tragaperras y otros muchos". Así rezaba la publicidad que se insertó el 30 de diciembre de 1973 en Costa canaria : revista de información turística, que se puede ver en el archivo de prensa digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Algunas de aquellas atracciones se llegaron a construir pero el coste económico que supuso el desmonte y acondicionamiento de las tres parcelas en las que se planeaba el parque -se llegaron a mover más de dos millones de metros cúbicos de tierra para acondicionar 70.000 metros cuadrados- acabaron con el presupuesto inicial por lo que la obra se paró. Hubo dos nuevos intentos de construir el espacio de ocio en 1985 y 1990, pero ninguna llegó a buen puerto.

En 2013, los últimos restos del parque - las pagodas y el nombre del recinto- eran retirados por el Ayuntamiento para regenerar paisajísticamente la zona después de que en 2014 las viejas estructuras intentaran camuflarse bajo flores de plástico recicladas para que los comisarios que evaluarían la ciudad para ser sede de la Capitalidad Cultural 2014 no vieran aquel esqueleto que se había mimetizado ya con la entrada de la ciudad.

El Tren vertebrado fue otro de los proyectos de los años 70 de una ciudad y de una Isla entregada ya al turismo de masas. El ferrocarril aéreo eléctrico promovido por la inmobiliaria Transeuropea S.A. y construido por la SATV (Sociedad Anónima de Trenes Vertebrados), bajo la dirección técnica de Alejandro Goicoechea -inventor del Talgo-, pretendía unir Las Palmas de Gran Canaria con Maspalomas. El tren llegó a ser una realidad sobre el horizonte de la ciudad cuando en 1972 se colocaron los primeros carriles de hormigón por la acera naciente de la avenida marítima de lo que sería el prototipo para comprobar su seguridad. Hasta el propio noticiero documental y oficial de la época, el popular Nodo, realizó en 1974 un reportaje sobre el nuevo transporte que uniría el Sur con la capital.

La empresa construyó un kilómetro y medio de vía para poner en marcha el prototipo de tren de vía única, que podía circular hasta180 Km/h y que solventaría también los problemas de tráfico de la capital grancanaria. La iniciativa contaba con el visto bueno del Gobierno de España y con el ejecutivo municipal de Jesús Pérez Alonso. La empresa llegó incluso a promover títulos a seis euros para que los ciudadanos se convirtieran en accionistas del nuevo medio de transporte público.

Pero el tren nunca se puso en marcha. Una campaña mediática en contra del proyecto por romper la vista de la bahía provocaron que el proyecto, con una inversión de más de 12 millones de euros de la época, tuviese las críticas necesarias para que no terminase de arrancar pese a que se modificó en varias ocasiones para tratar de solventar los obstáculos. La empresa además no tenía la concesión de la explotación y debía esperar al visto bueno del ministerio de Obras Públicas.

Finalmente, el proyecto se abandonó para el bien del skyline de la ciudad, aunque se perdió la oportunidad de haber planteado alguna otra iniciativa para solventar el transporte público entre Las Palmas de Gran Canaria y el Sur.

La idea de disponer un tren en la Isla que una Las Palmas de Gran Canaria con Maspalomas volvió a retomarse en 2004 de la mano de l Cabildo Gran Canaria, pero tampoco consiguió instalarse ni una vía por el coste del proyecto y por las críticas al ir en superficie y romper la imagen del litoral.

Otra de las ideas fue la creación de parque marítimo-terrestre en El Confital, diseñado por el escultor lanzaroteño César Manrique, a imagen y semejanza del existente en Puerto de la Cruz.

La propuesta vino de la mano del alcalde Emilio Mayoral a principios de los 90 como un modo de regenerar tanto El Confital, plagada de chabolas usadas como viviendas y como casetas de verano, y la zona de El Rincón.

El artista isleño diseñó un esbozo de lo que podrían ser aquellas instalaciones en el único espacio virgen que quedaba en la ciudad y de gran valor paisajístico por ser un ejemplo de las erupciones volcánicas que han formado la Isla. Se proponían lagos, cascadas, un restaurantes panorámico, instalaciones deportivas e incluso un pequeño campo de golf sobre el terreno.

El parque marítimo El Confital, que se había incluido en la memoria del avance del Plan General Municipal de Ordenación deLas Palmas de Gran Canaria (PGMO), se presentó incluso en sociedad como así demuestra la foto que ilustra este reportaje. La idea para su financiación era crear una empresa mixta entre los propietarios del suelo -Confital Internacional-, inversores particulares y el Ayuntamiento para su explotación.

La muerte prematura de César Manrique en un accidente de tráfico en 1992 y la llegada al poder del Partido Popular por mayoría absoluta del PP en 1995 impidieron el cambio de uso de este espacio, hoy Paisaje natural protegido de La Isleta, que cuenta con uno de los únicos yacimientos aborígenes que hay en la ciudad. El nuevo gobierno municipal se concentró en restaurar la zona de El Rincón y en edificar el que iba a ser el nuevo icono del skyline de Las Palmas de Gran Canaria: el Auditorio Alfredo Kraus.

Sobre la playa se planteó más tarde -durante el mandato de Pepa Luzardo- la construcción de un hotel y para ello Confital Internacional firmó en 2004 un convenio con el Ayuntamiento por el que cedía una parcela de 450.000 metros cuadrados a cambio de un solar en la calle Pavía. El convenio terminó en los tribunales y cuando los socialistas llegaron al gobierno municipal la idea de levantar un hotel se vino abajo en pro de la protección del espacio.

La regeneración de El Confital sería una realidad en 2008 pese a las críticas de los ecologistas y de los habituales de la playa, que querían mantener el espacio tal y como estaba. Pese al impacto mínimo que ha supuesto la adecuación de un sendero y la instalación de una pasarela de madera entre el Ayuntamiento y Costas, la imagen de El Confital ya no es la misma.

De la época de Pepa Luzardo como alcaldesa -2003/ 2007- también hay que destacar el proyecto de la Gran Marina, por la que se pretendía regenerar con edificios y viviendas el istmo portuario aprovechando el impulso de otras ciudades con el mismo perfil que la capital. La iniciativa fue paralizada por el siguiente gobierno municipal del socialista Jerónimo Saavedra.

Penúltima iniciativa

La penúltima iniciativa para crear un nuevo icono turístico en la ciudad con repercusión mundial llegó en 2012. Un grupo de inversores noruegos presentó al Ayuntamiento y a la Autoridad Portuaria de Las Palmas el proyecto de instalar un teleférico que recorriese desde el Puerto de La Luz -a la altura de la Fundación Puertos- hasta el faro de La Isleta, situado a 247 metros de altura.

La propuesta se incluía dentro de la reordenación de todo el área entre el muelle Santa Catalina y el mercado del Puerto. La idea no prosperó pero en 2016 vuelve a retomarse, aunque esta vez es propuesto por un grupo de empresarios canarios y con vistas a que el trayecto turístico se hiciera entre el Puerto y la montaña el Vigía.

El ingeniero industrial Rafael Cabrera, promotor del proyecto que tendría 18 cabinas suspendidas a una altura entre los 8 y los 15 metros, ya lo había intentando con instalar una estructura similar para subir al Roque Nublo.

La polémica ciudadana suscitada por el proyecto por romper con la imagen de La Isleta, dejó el asunto en el olvido. La instalación contaba con varios obstáculos. Por un lago, la montaña se encuentra en terrenos del ministerio de Defensa por lo que tendría que tener su visto bueno antes de ponerse en marcha, y, por otro, el espacio está catalogado como Paisaje Protegido de La Isleta.

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