Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Fiestas Fundacionales Hijo Predilecto

El genio de los retratos

El pintor Alejandro Reino retrató desde la familia real marroquí hasta a Yves Saint Laurent

Alejandro Reino en su última exposición en el Fundación Mapfre Guanarteme.

Alejandro Reino en su última exposición en el Fundación Mapfre Guanarteme. Andrés Cruz

Nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1935, pero su arte y genialidad traspasaron fronteras desde un principio. Con tan solo 20 años Alejandro Reino se embarcó en el trasatlántico Alcantara rumbo a la Península junto a Manolo Millares, Martín Chirino y Manuel Padorno, quienes se convertirían en las grandes promesas de la cultura canaria con proyección internacional. El viaje cambiaría su vida por completo, pues sería en Madrid donde aprendió a pintar, una experiencia que le convirtió en uno de los retratistas de mayor renombre de las últimas décadas en España. El Ayuntamiento de su ciudad natal ha querido otorgarle el título de hijo predilecto a título póstumo, tras su fallecimiento el pasado enero del presente año.

Segundo de siete hermanos, Reino vivió parte de su infancia y adolescencia en el barrio de Vegueta, aunque siempre presumió de nacer en el Hotel Parque, según destaca su hijo. También residió por aquel entonces en Santiago de Compostela, aunque no por mucho tiempo. Sería en 1955 cuando un joven Alejandro decidió cruzar una vez más el Atlántico, pero en esta ocasión para buscarse su propio camino. Aquella invitación para ir hasta la capital rodeado de una tropa de artistas vino de casualidad prácticamente, según Alejandro Reino hijo. "Mi padre tenía un programa de radio, Chirino lo escuchó un día y así empezó todo", recalca.

Lo cierto es que el retratista llegó a la villa y corte sin saber nada de pintura. Nunca había recibido ese tipo de formación. Pero Reino aprendió de una manera autodidacta a captar la esencia de las personas. En menos de dos años inauguró su primera exposición de figurines en la casa madrileña de César Manrique. En aquellos años, el joven pintor se relacionó con algunas de las figuras más importantes del mundo de la moda. Entre ellos Cristóbal Balenciaga, del que fue estrecho colaborador.

A partir de entonces comenzó una carrera imparable por medio mundo. "Era muy bohemio, muy de otra época, decía que el dinero era para aprovecharlo y por eso no paró", señala Reino hijo. París fue una de las primeras ciudades que visitó en esta etapa, donde conoció al icónico Ives Saint Laurent. A la ciudad de la luz le siguieron otras tantas. Paseó su obra por galerías de Barcelona o Nueva York, y participó en las bienales de París, Oslo y Tokio.

En los sesenta formó parte del Grupo Zaj, un movimiento artístico vanguardista de renombre dentro del panorama español. Un espacio en el que convivió con creadores de la talla del grancanario Juan Hidalgo, Walter Marchetti y Ramón Barce. Un colectivo bohemio que fundó el Museo de Arte Abstracto de Cuenca en las conocidas como Casas Colgantes.

Llegó al culmen de su carrera en Marrakech, donde fijó su residencia en los ochenta tras un largo periplo por diferentes ciudades europeas. Reino se convirtió entonces en el retratista oficial de la familia real del país alauita. Su hijo, quien vivió allí entre los cuatro y los diez años, recuerda ir de recepción en recepción. Pasar por embajadas y palacios. "Jugué con los nietos del rey Hassan II, esas cosas impensables que no haría un niño, pero para mí era una vida normal, porque era lo que conocía", destaca.

Como gran retratista, el rey Hassan II de Marruecos, su sucesor, Mohamed VI; o el rey Fahd de Arabia Saudita posaron para Reino. Sus pinceles retrataron a grandes personalidades del mundo árabe, principalmente embajadores, sultanes y príncipes, tales como los sauditas ben Abdul Aziz o Abdullah. También recibió encargos del rey Simeón de Bulgaria.

Las amistades que forjó en sus comienzos con el mundo de la moda, le llevaron a tener buena relación con figuras importantes del arte, desde Fernando Zóbel a Yves Saint Laurent, a quien retrató en más de una ocasión. Fue asiduo de la casa de este último en Marrakech. Lugar que le llevó a pintar a caras tan conocidas como el diseñador italiano Francesco Smalto o una de las parejas de moda entre la prensa del corazón de los años setenta, Thalita y Paul Getty II.

A principios de los noventa decide fijar definitivamente en Gran Canaria, en su tierra natal. "Decidió que ya no tenía edad para seguir de trotamundos", señala su hijo. Reino también mantuvo buena relación con la sociedad canaria y con el mundo de la cultura en las Islas. No obstante, realizó retratos oficiales a los presidentes del Gobierno de Canarias y del Cabildo de Gran Canaria.

Sus obras se han expuesto en los principales museos y galerías de la capital grancanaria. Desde el Centro de Atlántico de Arte Moderno (CAAM), al Centro de Arte La Regenta, la Galería de Saro León y el Centro de Iniciativas de La Caja de Canarias (CICCA). También en los últimos años se atrevió con las nuevas tecnologías y realizó trabajos utilizando el Photoshop.

Los amigos y particulares fueron los protagonistas de su última exposición. Las salas de la Fundación Mapfre Guanarteme acogieron la muestra en 2015. Los retratos del pintor Pepe Dámaso o su viuda, Teresa Brechist, dieron luz y carisma a una muestra alejada de los formalismos de las pinturas a miembros de la realeza y de la clase política. "Ejercicios de mano".

Reino hijo recuerda a su padre como "un tipo tranquilo, un gran filósofo, que le encantaba reflexionar". Un carisma que se apagó definitivamente hace escasos meses. De los cuatro artistas que se embarcaron en el Alcantara en 1955, solo sigue vivo Chirino, pero el legado artístico de todos ellos quedará para la posteridad. Al fin y al cabo, el genio de los retratos consiguió captar las profundas miradas de aquellos a los que cincelaba con el pincel.

Compartir el artículo

stats