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Honores y distinciones: Joaquín ‘Quino’ Sagaseta, un referente en la lucha social

Joaquín ‘Quino’ Sagaseta recibe la distinción de Hijo Predilecto de la Ciudada título póstumo | Su hijo Miguel ensalza su capacidad analítica y su humor

Quino Sagaseta en una imagen de 2010. | | ADOLFO MARRERO

No se puede entender la historia de la izquierda canaria en el último medio siglo sin tener en cuenta la figura de Joaquín 'Quino' Sagaseta (1953-2021), abogado laboralista y mítico militante de formaciones progresistas en el Archipiélago, a quien la Ciudad le va a nombrar Hijo Predilecto con motivo de las Fiestas Fundacionales de este año. Luchador incansable y firme defensor de los derechos de los trabajadores, Sagaseta se ganó una reputación a lo largo de toda su trayectoria como gran conversador, una persona reflexiva con la que se podía hablar largas horas, y que siempre tuvo claras las inquietudes que perseguía. Tras más de 50 años dedicado a combatir las desigualdades, primero durante la dictadura franquista y luego en democracia, Las Palmas de Gran Canaria, urbe que le vio nacer, le concederá la mayor distinción posible a título póstumo.

Quienes le conocieron, destacan de Quino Sagaseta su coherencia ideológica, que le hizo llevar siempre por bandera su pensamiento comunista, sin esconderse en ningún momento. «Fue un comunista de los pies a la cabeza, con una extraordinaria fidelidad a los principios ideológicos y políticos del marxismo leninismo, de una gran habilidad política, tanto táctica como estratégica», describió el historiador Sergio Millares, quien igualmente se congratuló de que la ciudad haya decidido rendirle homenaje tras luchar «por la justicia social, tratando de cambiar una realidad compleja» como era la de Canarias. De hecho, el magistrado Arcadio Díaz Tejera, quien también formó parte del despacho León y Castillo, 139, durante una época, afirmó que es la propia urbe la que se «autohonra» al nombrar Hijo Predilecto «a uno de sus más insignes nativos».

El actual juez del CIE de Barranco Seco lamentó que muchos referentes como Quino Sagaseta se están yendo en los últimos tiempos -este mismo fin de semana falleció Pedro Limiñana- «que solo hicieron el bien y no se lo supimos expresar con suficiente intensidad mientras estaban vivos». En ese sentido, apuntó que sería necesario «aprender a testimoniarlo como se merecen en vida y aprender a despedirnos». Un reconocimiento el de la ciudad que llega quizás un poco tarde, si bien Millares aseguró que los Sagaseta, que el domingo recibieron, también a título póstumo, la Medalla de Oro de Canarias, «no eran muy partidarios de las gratificaciones ni de los premios». «No sé si la ciudad le debe, no sé si hay que plantearlo de esa manera, pero la sociedad, los trabajadores y la gente más humilde tienen una gran deuda con los Sagaseta, tanto con Fernando como con Quino», señaló el magistrado.

Para la familia, en palabras de uno de sus hijos, Miguel Sagaseta, este premio es «más que merecido por una vida entera de lucha política, social, laboral en defensa de la clase trabajadora y de los excluidos, en pro de lograr mejoras en la sociedad de Canarias, y en particular, de Las Palmas de Gran Canaria». Por ello, los suyos se sienten «muy orgullosos» por el nombramiento de Hijo Predilecto de esa ciudad por la que tanto peleó, sobre todo porque pasarán los años y quien busque información sobre su padre «verá una vida de coherencia, de defensa de las libertades».

Miguel Sagaseta también comentó de su progenitor que tenía capacidad analítica, que era una persona «capaz de, ante cualquier fenómeno social, sacar una reflexión certera». «Mi padre me decía que era importante saber lo que pasa, pero que lo decisivo era saber por qué pasa», recordó. Y, además de ello, ensalzó su «sentido del humor y su ironía», lo que le llevaba a ser un gran orador en sus mítines, en las salas de juicio y en cualquier reunión social en la que participara. Lo que se sumaba al hecho de que siempre estaba disponible para todo el que le necesitara, con las puertas de su despacho abiertas las 24 horas del día.

Pero más allá del infatigable abogado laboralista y el incisivo político, a Quino Sagaseta le gustaba también leer, y tenía una vena literaria que no llegó a explotar, pero que era muy interesante, en opinión de Arcadio Díaz Tejera, quien agregó que solía hacer «un discurso literario muy creativo, que incluso en su lenguaje oral era muy plástico». En este sentido, su hijo Miguel apuntó que su progenitor tenía «una ambición cultural tremenda», que iba más allá de la literatura para adentrarse en todas las artes, en general, y en el cine y la música en particular. «Por luchar, mi padre luchaba hasta contra Morfeo, le quitaba horas al sueño para poder leer», bromeó. Y es que, alguien a quien le preocupaban tanto las desigualdades e injusticias, no tenía mucho tiempo para dedicarse a sí mismo.

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