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El espejismo de Tamaraceite

Esteban Santana cree que el barrio intensificará los niveles de segregación social por los proyectos de vivienda social ‘llave en mano’

El espejismo de Tamaraceite

El espejismo de Tamaraceite Esteban Santana

El proceso de crecimiento de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en los últimos años no difiere en gran medida de la política urbanística realizada en muchas ciudades latinoamericanas. La ausencia de suelo urbano dentro de la ciudad para realizar políticas de regeneración urbana, invita a los vecinos y vecinas de toda la vida a que tengan que salir de sus barrios de origen y marcharse a barrios periféricos. Así ocurrió a lo largo de los años 70, 80 y 90 en España y concretamente en nuestra ciudad. En la actualidad se está dando otro fenómeno, que paralelo a este, y por la proliferación de áreas comerciales atractivas, hacen que genere un polo de atracción al inversor privado que se ve beneficiado por la ausencia de suelo en el centro y, sobre todo jóvenes, están abocados a salir al extrarradio por los altos precios del poco suelo urbano, libre para la construcción.

El espejismo de Tamaraceite

Tamaraceite desde los años 50 hasta los 80, es un claro ejemplo de subdesarrollo urbanístico, con una alta especulación parcelaria, donde no existen zonas verdes, no se reservan áreas para equipamiento y se parcela en función de la demanda del suelo. Desde finales de los años 40 hasta la actualidad, se produce en este barrio una profunda transformación del paisaje urbano con respecto a otras zonas del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, ya que hasta estos años, el poblamiento se caracterizaba por un lento crecimiento. En más de 250 años sólo aumenta en 700 habitantes.

El espejismo de Tamaraceite

El espejismo de Tamaraceite Esteban Santana

La razón de este crecimiento es el masivo éxodo rural que se produce en esta época. Tamaraceite se constituye en una zona de asentamiento barato, sin planificación, cerca de la ciudad y a la vez cerca de los núcleos rurales de procedencia de los nuevos vecinos que proceden de Artenara, Teror, Valleseco o La Aldea. El Nomenclator de 1950 cifra en 2.712 habitantes de derecho y 2.673 habitantes de hecho. Muchos de estos asentamientos o barrios surgen en zonas donde las actividades agrarias comienzan a caer en desuso, ya que van abandonando los bancales y los embalses.

En los últimos años se está construyendo con cierta ‘planificación’ aunque creemos que en apariencia, ya que no está siendo equivalente el crecimiento con la creación de infraestructura deportiva, sanitaria, etc. En el artículo desarrollado por Marengo, María Cecilia, & Elorza, Ana Laura. (2016). Vivienda social en Córdoba: efectos en la segregación residencial y el crecimiento urbano (1991-2008). Revista INVI, 31(86), 119-144 profundiza sobre las relaciones entre las políticas de vivienda social y la producción de la segregación residencial socioeconómica. La hipótesis que defienden es que los proyectos de vivienda social ‘llave en mano’ han intensificado el fenómeno de segregación social, donde hay áreas urbanas que se constituyen en sectores críticos, donde se reproducen condiciones de pobreza y marginación.

El espejismo de Tamaraceite

Este artículo que está basado en un estudio de una ciudad Latinoamericana, Córdoba, bien podría extrapolarse al crecimiento que se está produciendo en Las Palmas de Gran Canaria en los últimos años. El Distrito Tamaraceite San Lorenzo Tenoya es un claro ejemplo de la relación entre políticas de vivienda social, localización y segregación residencial. Marengo y Elorza afirman que el incremento de la cantidad de población que vive en los suburbios, la descentralización de actividades hacia la periferia y la materialización de grandes proyectos comerciales, recreativos y residenciales en los bordes de la ciudad, producen un desarrollo con mayor dispersión física y funcional en la estructura urbana. La expansión significativa de la forma urbana (comparativamente con la etapa de industrialización) se atribuye a la menor intervención del Estado en la regulación del crecimiento, la flexibilización en las normativas para facilitar la inversión privada y la creciente polarización en la estructura social.

Tamaraceite es una muestra de ello. Están construyendo un espacio comercial y residencial diferenciado pero simultáneamente, están creando áreas empobrecidas que concentran población con alta vulnerabilidad social y bajos niveles de inversión pública en equipamiento urbano y obras de infraestructura. Este cambio y mejora de las viviendas es solo un espejismo porque la población de ’llave en mano’, que la están trasladando de una zona a otra del barrio, le mejoran las viviendas pero su población es la que demanda más infraestructuras y servicios que esa otra masa social que ‘convive’ y que utiliza Tamaraceite como barrio dormitorio y donde no hace vida. Se continúa concentrando a la población con más necesidades en el mismo lugar, pero sin ofrecerle más servicios. Todo esto conlleva a que dentro del distrito nos encontremos con barrios de primera y barrios de segunda, a pesar de los centros comerciales que ubiquen en su territorio para ‘difuminar’ la problemática social del entorno. En los últimos años se ha producido en Tamaraceite y en general en toda España, si obviamos la crisis del COVID, un boom económico, con una bajada importante de los tipos de interés, lo que ha originado una gran demanda de viviendas. Tamaraceite y todo el Distrito se ha visto muy afectado por este fenómeno, estimándose la población en más de 50 mil habitantes, aumentando en casi 20 mil en 20 años donde tenía 34.319 habitantes en el año 2000.

El espejismo de Tamaraceite Esteban Santana

Quiero concluir que este artículo de Marengo y Elorza al que he hecho referencia a lo largo de esta reflexión ha manejado estudios sobre segregación en ciudades norteamericanas y llegan a la conclusión que aquellas áreas con altos niveles de segregación social como es el caso de Tamaraceite (específicamente cuando la concentración de población pobre alcanza el 30%) evolucionan en su desarrollo, intensificando esta condición. Como resultado, la situación urbana en dichas áreas no es sustentable en términos económicos (localización de inversiones, acceso a condiciones de trabajo, valorización de las propiedades) ni sociales (mayores niveles de violencia urbana y conflictos). En definitiva, nuevas viviendas no van a hacer desaparecer los problemas sociales de estos núcleos de población, y me atrevería a decir que casi contribuyen a aumentar.

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