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Crimen de Guanarteme: Miguel Ángel ‘El Rubio’, vida y muerte a patadas

Miguel Ángel García Dávila, de 60 años, falleció por un traumatismo cervical que le ocasionó un joven de 22 años en medio de una reyerta en Guanarteme

Flores en el lugar del suceso. | | ANDRÉS CRUZ

Flores en el lugar del suceso. | | ANDRÉS CRUZ

La vida, aunque suene a cliché, puede dar giros drásticos. Una discusión, un insulto, un golpe mal dado puede cambiar todo en unos segundos e incluso derivar en la muerte de una persona. Y fue precisamente un altercado entre unos jóvenes y Miguel Ángel García Dávila, de 60 años, lo que terminó con la vida de este último.

Bajo las sábanas yace el cuerpo sin vida de Miguel Ángel García. | | LP/DLP

Miguel Ángel, El Rubio, como era conocido en el barrio de Guanarteme, llegó a la zona a principios de verano. No tenía un hogar donde cobijarse así que optó por pasar las frías noches en un solar abandonado. Poco a poco fue ganando el cariño de algunos vecinos que no entendían cómo alguien tan educado había terminado viviendo en las calles de Las Palmas de Gran Canaria.

Todos los días se levantaba, recogía los cartones y las alfombras que utilizaba como cama. Sacudía su blanco edredón que, para «sorpresa» de quienes le veían, nunca lucía sucio aunque estaba rodeado de tierra. Después, se aseaba e incluso «tendía unas cuerdas para secar bajo el sol la ropa que lavaba», apostilló una vecina. Su carisma y educación le llevaron a conocer a la dueña del hotel Olympia donde se alojaba una vez al mes, cuando cobraba la paga de unos 400 euros que tenía asignada, dinero que también utilizaba para cortarse el pelo.

Además de pasar una noche en el hospedaje, cuando podía, también se duchaba allí con frecuencia, ya que «era una persona muy limpia a la que le gustaba el orden». El Rubio le pedía a la propietaria que le guardase sus pertenencias allí debido a que le decía que en la calle se «las robaban» mientras dormía. El políglota había acabado de conseguir un trabajo como freganchín los fines de semana en un restaurante de Playa Chica. El resto del tiempo lo pasaba en la plazoleta de Farray tomando café con un amigo y conversando con las personas que paraban allí. «Era muy amable, siempre que me veía me besaba la mano», apuntó otra mujer que coincidió varias veces con él en la plazoleta al tiempo que indicó que «no se metía, ni molestaba a nadie».

La noche del pasado domingo 19, unos vecinos le vieron muy tomado ya que «le gustaba beber cerveza y siempre tenía una en la mano». Un residente le vio pasar sobre las 20.00 horas con sentido al parque de Pino Apolinario entre las calles Portugal, Arístides Briand y Kant, y le saludó sin imaginar que sería la última vez que vería con vida a El Rubio.

En el parque familiar se encontraban unos jóvenes compartiendo. El Rubio, según fuentes cercanas a la investigación, se acercó al grupo de veinteañeros y tocó a una mujer que estaba con ellos. El novio de la joven se molestó y le reclamó a Miguel Ángel por lo que las demás personas le pidieron que se retirase del lugar. Y así fue, el políglota se alejó pero cuando estaba a unos siete metros de ellos empezó a espetarle diversos insultos al grupo de veinteañeros. En ese momento uno de los chicos se le acercó e iniciaron una reyerta dentro del parque y otro joven tomó la decisión de separarlos. En un momento dado, El Rubio pierde el equilibrio y es cuando el hombre que peleaba con él aprovechó para darle una patada entre el cuello y la cabeza lo que le ocasionó una hemorragia interna.

Cuando la víctima yacía inerte en el suelo, su agresor le dio una cachetada, además, fue grabado por unos testigos cuando le quitaba algunas pertenencias y le echaba una cerveza en todo el cuerpo. Los vecinos alertaron al Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad (Cecoes) 1-1-2 de lo que estaba sucediendo por lo que tanto los agentes de la Policía Nacional como las dos ambulancias -una medicalizada y otra de soporte vital básico- del Servicio de Urgencias Canario (SUC) acudieron al lugar de los hechos. Sin embargo, los sanitarios sólo pudieron confirmar su fallecimiento.

Miguel Ángel García Dávila falleció el 19 de septiembre a causa de un traumatismo cervical a menos de tres meses de cumplir 61 años. En las imágenes difundidas por las redes sociales donde se ve el cuerpo de ‘El Rubio’ tendido en el césped, se observa a su presunto homicida acercarse dos veces, a paso tranquilo, le zarandea, recoge unas pertenencias que lleva hacia una esquina del parque donde estaban sus amigos, todo esto sin que se le vea la intención de socorrerle o llamar a emergencias.

La «frialdad» con la que actuó este joven ha conmocionado al barrio y es que el parque Pino Apolinario es una zona «tranquila y familiar» a la que suelen acudir niños y niñas a jugar. Además, pese a que Miguel Ángel era una persona nueva en esta zona de Guanarteme, «era muy tranquilo, aunque le gustaba beber mucho». «Él saludaba a todo el mundo como si los conociese de toda la vida», matizó otro vecino.

Flores para Miguel Ángel C. G.

El presunto homicida de 22 años (que cuenta con antecedentes policiales) fue puesto junto a su amigo de la misma edad -quien intentó separar la pelea- a disposición judicial el pasado miércoles tras ser detenidos el lunes por los agentes de la Policía Nacional. Este se acogió a su derecho a no declarar por lo que el magistrado Alberto Puebla del Juzgado de Instrucción número 1 de Las Palmas de Gran Canaria ordenó su ingreso en prisión preventiva incondicional como presunto autor de un delito de homicidio. El otro joven implicado -que se fue del lugar después de que Miguel Ángel García cayese al césped- fue puesto en libertad provisional como supuesto colaborador en el crimen. Por tanto, este último investigado deberá comparecer los días 1 y 15 de cada mes en sede judicial.

Ambos investigados son de nacionalidad española al igual que lo era la víctima. Fue precisamente el joven que ha sido puesto en libertad provisional quien en su versión de los hechos alegó que él sólo había intentado evitar la pelea pero que, cuando El Rubio estaba cayendo, el presunto homicida le propinó la patada mortal. A este investigado tampoco se le observa en el vídeo grabado por los testigos y carece de antecedentes policiales y penales.

Los vecinos de Guanarteme dejaron unas flores amarillas de hibisco en el lugar donde soltó su último aliento el políglota, al que recordarán siempre por lo «educado y amable» que fue en vida, sin saber aún qué le llevó a ser un sin techo. La investigación, por su parte, seguirá su curso.

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