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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Premios Puertos de Las Palmas | Galardón a la vida profesional en el entorno portuario

El comisario de los accidentes en el mar

La Luz reconoce la trayectoria del ingeniero Jesús Alarcón, director de VB Averías durante 25 años

Jesús Alarcón, en la pasarela Onda Atlántica que conecta el Puerto de Las Palmas con la ciudad. | | Andrés Cruz

Los galardones Puertos de Las Palmas premian la vida en el entorno profesional del hombre que más incidentes marítimos ha investigado en las Islas en las últimas décadas.

Cuando hay un problema en el Puerto de Las Palmas, todos llaman a Jesús Alarcón para conocer su opinión profesional. Este ingeniero naval y oceánico es una referencia en el recinto de la capital grancanaria tras más de cuatro décadas como perito y comisario de averías, tiempo durante el que ha llevado a cabo la investigación de innumerables accidentes y ha participado en algunas de las operaciones de salvamento y rescate más recordadas de las Islas. Director de VB Comisarios y Averías y agente de Lloyd’s para Canarias y el norte de África durante más de dos décadas, la Fundación Puertos de Las Palmas reconoce este año su «contribución en el desarrollo de la excelencia del puerto a través de su experiencia laboral y humana» con un galardón a la vida profesional en el entorno portuario.

«Estoy encadenado al mar desde los siete años», bromea Alarcón. Su padre, notario de profesión y conquense de nacimiento, era un apasionado del mar que sacaba al pequeño Jesús, por entonces solo con siete años, a empujar la barca con la que salían a pescar por la costa gaditana. La familia había recorrido buena parte Andalucía siguiendo al patriarca en su periplo laboral -él, de hecho, nació en Almería- y el destino los acabó trayendo a Las Palmas de Gran Canaria en 1973.

Aquellas jornadas de pesca hicieron mella en él. Cuando llegó el momento de ir a la universidad, descartó la tradición legal que le venía de familia y optó por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales y Oceánicos de la Universidad Politécnica de Madrid. Completó sus estudios en 1979 y un año después, tras finalizar el servicio militar, comenzó una singular andadura en la que ha combinado el trabajo profesional con la docencia: fue profesor de las promociones iniciales de Ingenieria Técnica Naval de la Isla, primero a través de la Universidad de La Laguna hasta que por fin tuvo lugar la creación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. «Todos esos alumnos de los primeros años son los que están mandando ahora en los talleres, o en Astican y Repnaval», destaca con orgullo.

Ha conocido de cerca algunos de los siniestros marítimos más relevantes de las últimas décadas

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Alarcón ha continuado vinculado a la formación naval durante todos estos años -sigue siendo profesor del máster en Reparación de Buques de la ULPGC y ofrece cursos en el Puerto sobre contingencia o contaminación marítima-, pero la mayor parte de su vida profesional ha estado dedicada al campo de la ingeniería forense en el transporte marítimo. «He tenido varias líneas de trabajo», detalla: aunque ha trabajado en astilleros, el grueso de su tiempo ha estado enfocado al sector de los seguros como perito, comisario de averías y otros roles con los que ha recorrido medio planeta.

En 1981 comenzó a trabajar para Mapfre Servicios Marítimos (Sermap) como comisario de avería para intereses de casco y máquinas y carga. La compañía acababa de crear su división marítima y confió en él para dirigir la oficina de Canarias. Alarcón aportó sus conocimientos técnicos a la aseguradora durante 13 años, hasta que recibió una llamada para incorporarse a la corporación marítima Boluda. El grupo acababa de adquirir la histórica consignataria Miller y Cía y le proponía ocupar la representación del mercado de seguros marítimos Lloyd’s como agente y llevar un club de protección e indemnización, otra fórmula de cobertura para responsabilidades en el ámbito marítimo.

«El Lloyd’s creó una red de informadores que le daba apoyo, una auténtica red global de representantes en cada puerto relevante», explica Alarcón. Estos agentes «eran sus ojos, su vista, sus oídos» repartidos por todo el mundo, atentos a cada barco que entraba o salía, y Alarcón se tenía que encargar de «informar de todos los movimientos portuarios del día para alimentar sus bases de datos». La red funcionaba como Internet antes de que Internet existiera: se comunicaban constantemente con Londres a través de fax, telex o la herramienta tecnológica del momento -por su vinculación con Lloyd’s, él fue el primer empleado de Boluda con dirección de correo electrónico- y todo «funcionaba como un reloj».

El papel de Alarcón en Lloyd’s era «darle relevancia y nivel, y aportar experiencia técnica» a la oficina de Las Palmas de Gran Canaria. Ostentar la agencia de seguros también suponía «un balcón muy bueno para estar en el mercado», ya que se encargaban de cualquier siniestro de barcos extranjeros que hubiera en Canarias, así como de los percances de la flota española fuera de las aguas del país.

A ello se sumaron, además, los clubs de protección e indemnización (P&I), que suponían aún más carga de trabajo por el fuerte componente de comercio internacional que había en el Archipiélago incluso antes de la globalización económica de los últimos 20 años. «En la península no se veían tanto, pero en Canarias eran fundamentales, porque había mucho comercio internacional». El equipo, compuesto por media decena de personas, podía llegar a resolver hasta 4.000 siniestros -algunos de ellos menores, aclara Alarcón- en los años más intensos: «Realmente trabajábamos a destajo».

Participó en los accidentes de los buques ‘Chesire’, ‘Volcán de Tamasite’ u ‘Oleg Naydenov’

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Alarcón, que continúa desarrollando su pasión marítima a través de la empresa de ingeniería y consultoría naval LRL fundada junto a Luis Rodríguez Ramos en 1993, ha conocido de cerca algunos de los siniestros más relevantes ocurriodos cerca de Canarias en los últimos 20 años. Participó, por ejemplo, en el suceso del MSC Carla, que se partió en dos mientras navegaba cerca de Azores en 1997, o en los incendios del Oleg Naydenov y del Admiral Shabalin. También se encargó de la colisión del ferri Volcán de Tamasite contra el dique Nelson Mandela del Puerto de Las Palmas, de la crisis del Chesire -el mercante británico cuya carga de fertilizantes entró en combustión poniendo en riesgo su integridad- o de la embarrancada del Bentago Express en el Puerto de Las nieves. Todos esos encargos le obligaban a tener siempre la maleta preparada para poder salir corriendo ante una urgencia en trabajos que le obligaban a mantenerse temporadas alejado de su casa y de su mujer, Cecilia.

En su dilatado haber profesional también figuran proyectos no relacionados con sucesos marítimos, como la reconstrucción del Correíllo La Palma en los astilleros Nuvasa de Santa Cruz de Tenerife o la instalación de la Plataforma Oceánica de Canarias (Plocan) en aguas de la bahía capitalina y su posterior conexión por cable con tierra. Cuatro décadas después de comenzar su andadura en el Puerto de Las Palmas, continúa viéndolo cada día desde su oficina de Eduardo Benot. La misma comunidad portuaria que lo acogió entonces le rendirá homenaje el próximo 24 de noviembre en Las Palmas de Gran Canaria.

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