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Arqueología militar

La isla de sangre y fuego

La historia de la capital y de las islas se refleja en el valioso patrimonio militar legado durante siglos

Antigua postal de la capital grancanaria con parte de la muralla que la rodeaba desde el castillo de Santa Ana al del Rey, con la catedral a la derecha. | | LP/DLP

El arqueólogo Artemi Alejandro-Medina retrata la historia de la capital grancanaria, y por extensión la del archipiélago, a partir de un patrimonio militar por resaltar, y sobre todo, preservar.

Gran Canaria, pero sobre todo su capital, esconden todo un arcano militar tan rico como desconocido que trasluce la importancia que ostenta el archipiélago, especialmente por su situación geográfica, a lo largo de los siglos.

Un territorio muy limitado, en un espacio muy pequeño en el que se superponen los elementos militares a través de los cuáles se pueden leer las distintas estrategias, la evolución de las defensas e incluso el armamento.

El Real de Las Palmas fue la última ciudad amurallada que construye el Reino de Castilla

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Artemi Alejandro-Medina, arqueólogo, desgrana en un relato conciso cómo la impronta militar tiene un papel fundamental en el desarrollo de su historia desde incluso unos cien años antes de la Conquista, un periodo en el que la visita de normandos, portugueses o mallorquines, entre otros, en sus recurrentes incursiones tanto amigables como hostiles permiten que con la llegada de los castellanos «los canarios ya tengan aprendidas las tácticas y estrategias militares europeas», tras un siglo enfrentándose a las continuas escaramuzas.

Recreación del ataque de Van der Does a la capital grancanaria en 1598, con La Isleta al fondo. | | LP/DLP

Alejandro-Medina asevera que «solemos hablar a nivel teórico de dos contingentes que son pares, que se conocen a la hora de hacer la guerra. La diferencia está en que los castellanos tienen un armamento superior, ya que cuentan con el hierro y la pólvora, mientras que los isleños tenían la ventaja del conocimiento del territorio, algo que lo compensaba, por eso vemos que si bien pierden las batallas en costas y llanos, donde el caballo y las maniobras castellanas tienen ventaja, los canarios ganaban en el interior. A pesar de ello pierden la guerra porque era un desgaste que no podían asumir».

Una vez ocupada la isla se funda el Real de Las Palmas, en 1478, y la primera decisión que se toma es la de diseñar su defensa.

A mediados del siglo XVI, y conforme Castilla se hace fuerte en América, Canarias comienza a llamar la atención al resto de las naciones europeas como un elemento transcendental para controlar la ruta al Nuevo Continente, «y por tanto se convierte en objetivo, unas veces como un elemento punitivo, donde llegar y golpear, y otras como para intentar su posible ocupación».

Un suceso ocurrido en el Pacífico con las islas Carolinas blinda a finales del XIX el litoral de la capital insular

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Así es como, «tras una serie de incidentes», explica el arqueólogo, «a finales del XVI estas acometidas comienzan a ser objeto de una gran preocupación para su defensa, con dos soluciones antagónicas. Detener al invasor mediante murallas, algo que obligaría a disponer de un ejército para defenderlas de tamaño superior a la propia población, que por tanto queda descartada, y otra corrientes que habla de defender la ciudad en la costa, con un sistema de avisos que permitiera acudir allí para impedir el desembarco».

Esta última propuesta se va a testar con dos ataques, los de los holandeses Drake, en 1595 y el de Van der Does en 1598. Para Alejandro-Medina, el primero supone una suerte de «primer día D de la historia, porque es su germen. Dentro de la filosofía Sea Dogs (perros del mar) de la reina Isabel I de Inglaterra, se empieza a gestar la necesidad de crear un sistema de desembarco en territorio hostil, algo en lo que nadie había pensado antes. Empieza en esa época por parte de los ingleses, pero la culminan los norteamericanos en Normandía durante la II Guerra Mundial».

Antiguo mapa con las distintas fortificaciones de los primeros años de ocupación europea. | | LP/DLP

Pero lo relevante de estos ataques de finales del XVI es que eran protagonizados por corsarios, y por tanto con la patentes de sus respectivos países, lo que implica que constituían auténticos ejércitos por su número de efectivos, lo que da cuenta de «la importancia de Gran Canaria en el contexto internacional, influyendo decisivamente en la evolución posterior del archipiélago y particularmente en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria”.

La dinámica de los vientos

Indican que las islas se encuentran, por tanto, dentro de las estrategias políticas europeas, en el que «cualquier conflicto con España nos influye no tanto por nuestra dependencia directa de la metrópolis en aquél entonces, sino de Europa, por estar en un lugar de paso que por la dinámica de los vientos llevan a América».

Esto va dejando un legado militar «importantísimo en la construcción de baterías y fortificaciones, hasta que después de estos dos ataques Gran Canaria sufre un declive por quedar patente la gran dificultad que representa su defensa», entre otras por el gran abrigo natural que representa la bahía de La Luz y de Las Palmas.

Así es como a principios del XVII la mirada se vuelve a Tenerife, «una isla más defendible por su geografía. La ausencia de playas hace de su costa una barrera más difícil para el desembarco, y su capital, La Laguna, al encontrarse en el interior, obligaría a los potenciales enemigos a subir la loma, mientras que ya en su momento, el Real de Las Palmas, más vulnerable, se vio en la necesidad de convertirse en la última ciudad amurallada que construye Castilla».

Batería defensiva de San Juan, en Las Palmas de Gran Canaria. | | LP/DLP

Así es como se desplaza el poder político y económico a Tenerife, subraya el especialista, a lo que se une el hecho de que entre los siglos XVII al XIX exista una fuerte disminución de los ataques a Canarias, salvo excepciones como la Nelson en la isla vecina en 1805, que falla en el intento por los mismos motivos que fracasó Drake, en un mixturado de malentendidos con sus oficiales a la hora de ejecutar el desembarco y la incidencia de corrientes marítimas, lo cual da tiempo de reacción para parar el ataque. Pero en el caso de Gran Canaria, esos ataques desaparecen prácticamente.

No es hasta el último tercio del siglo XIX cuando la isla redonda recupera su protagonismo, que lo hace de la mano de la construcción del puerto de La Luz y de Las Palmas, lo que a la postre la convierte de nuevo en un punto estratégico militar. «En aquél entonces no se podía llegar al continente americano sin parar aquí, el último puerto donde poder repostar carbón».

A eso se añade un suceso que ocurre entre 1885 y 1886 a miles de kilómetros del archipiélago, el conocido como Affaire de las islas Carolinas. Descubiertas el 22 de agosto de 1526 por los exploradores españoles Toribio Alonso de Salazar​ y Diego de Saavedra, en el que Alemania arrebata esas islas del Pacífico al Gobierno español, dejando clara la imperiosa necesidad de defender todas las costas del país.

El arqueólogo Artemi Alejandro-Medina en la batería y búnker militar de Arinaga. | | LP/DLP

Así es como comienza un proyecto de defensa y artillado en el litoral de Canarias, como ocurre con la construcción de dos baterías nuevas en Santa Cruz de Tenerife, la de San Francisco y la del Bufadero, como reacción primera a esos hechos, que coinciden con la construcción del puerto grancanario, lo que canaliza a su vez las principales inversiones militares a Gran Canaria. Es el momento en el que se militariza La Isleta, con el trasfondo de la crisis de Cuba, lo que insufla una dinámica mayor para la construcción de baterías en Gran Canaria, que es cuando se levantan, entre otras, las ubicadas también en La Isleta y en San Juan, que data de 1901, o el inicio de la de Los Giles, que nunca se llegará a finalizar.

Por mar..., y aire

Por delante queda aún un convulso siglo XX, que en términos bélicos da comienzo con la I Guerra Mundial, de la que Canarias queda indemne por la neutralidad de España. Será en la segunda contienda mundial cuando sí le influye sobremanera. «España es una dictadura de corte franquista», subraya Alejandro-Medina, «con vinculación con el régimen nazi y con un deseo real de Franco de entrar en el conflicto. Con esta idea encontramos que concurren en Gran Canaria, una isla industrializada, con su puerto y sus depósitos de combustible, y dos aeropuertos, el de Gando y el de Sardina del Sur, que se convierte en objetivo principal con riesgo de invasión por parte de Reino Unido».

Se trata de un elemento nuevo en el objetivo de los contendientes «que obliga a repensar su defensa, en el que irrumpen también como una gran innovación las fuerzas aéreas, lo que implica crear una red de defensa en la que aparece un nuevo patrimonio vinculado a la red de antiaéreos de la isla, como son los proyectores de luz que se ubican en El Confital o el curioso puesto de observación escondido en el punto de información turística de Bandama, en realidad pensado para lo primero, como demuestra que guarda un búnker en sus sótanos».

A eso se añade un nuevo artillado de Gran Canaria, mejorando y completando las baterías de San Juan, entonces obsoletas, y ampliadas con la Mesa de San Juan, justo al lado, así como las levantadas en Taliarte y Arinaga.

Identificación de aeronaves ante la amenaza británica en la II Guerra Mundial  . | | LP/DLP

Todo este entramado permite concluir a Artemi Alejandro-Medina, que «vivimos en un territorio pequeño pero tremendamente rico en este tipo de patrimonio que aún está sin estudiar como corresponden, y que nos ubica en el contexto nacional e internacional porque estamos vinculados a cada hito de su historia».

El arqueólogo considera que su comprensión y análisis «nos ofrece una oportunidad única de desarrollar la evolución de la historia insular desde el siglo XV hasta la actualidad, y comprender cómo se defiende un territorio, especialmente en un municipio tan pequeño como Las Palmas de Gran Canaria».

Además añade que muchos de estos elementos, al encontrarse en sitios de complicada orografía o en zonas militares de paso restringido se han podido preservar, pero otros muchos, «han desaparecido con el crecimiento urbano, como las baterías y torres de Santa Ana, la ya citada muralla de la capital insular, los sistemas de trinchera trazados para la defensa de los dos holandeses, o las también trincheras de la II Guerra Mundial excavadas en Paseo de Chil o el barrio de Guanarteme, ya perdidas porque el crecimiento urbano se ha superpuesto a la antigua infraestructura militar, de ahí la importancia de destacar el enorme valor de las que se conservan y la relevancia de aplicar una eficaz política de preservación de todos esos elementos».

Cuatro etapas principales

Preconquista

Graneros fortificados

  • Los antiguos canarios aprendieron técnicas militares durante el siglo anterior a la conquista, debido a las incursiones esporádicas a las islas, previas a la ocupación, pero también disponían de elementos defensivos como los graneros fortificados de los que El Álamo, en Acusa es uno de los mejores ejemplos. 

Primer asentamiento

Murallas del Real

  • Tras la fundación del Real de Las Palmas los castellanos crean su última capital amurallada, desde el castillo de San Ana al castillo del Rey.

Objetivo estratégico

Puerto de La Luz

  • La construcción del puerto de La Luz convierte a la capital en un objetivo estratégico que obliga a crear un proyecto de defensa y artillado de la ciudad, que es cuando se militariza La Isleta.

II Guerra Mundial

La aviación

  • La irrupción de la II GM, y el creciente protagonismo de la aviación, deja en la isla sistemas como el observatorio aéreo camuflado en oficina de turismo de la caldera de Bandam

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