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Puerto

Diego Ron: del Arsenal a Brest contra la piratería

Después de varias experiencias en la capital Diego Ron es oficial de operaciones en la misión ‘Atalanta’ de la Armada enfocado en seguridad marítima en el Cuerno de África

Diego Ron, en su puesto como oficial de operaciones en el Centro de Seguridad Marítima para el Cuerno de África, en Brest. MSCHDA

Diego Ron es oficial de operaciones en la misión ‘Atalanta’ de la Armada. Tras pasar por el Estado Mayor del Mando Naval de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria, ahora ejerce en Francia, desde donde se muestra optimista sobre un futuro con mayor seguridad marítima en el Cuerno de África: «Los ataques se han reducido, pero un final prematuro del proyecto llevaría a la dramática situación de 2008».

Diego Ron cumple este año sus bodas de plata en la Armada española. Después de dos experiencias en Las Palmas de Gran Canaria, a sus 45 años se encuentra en comisión de servicio en el Centro de Seguridad Marítima para el Cuerno de África, situado en Brest (Francia) en el marco de la operación ‘Atalanta’ (EU NAVFOR). Sus misiones principales son, por un lado, proteger a los buques del Programa Mundial de Alimentos de la ONU que llevan ayuda humanitaria, a las zonas más afectadas por la hambruna en Somalia y otros países en esta zona del mundo; y prevenir la piratería y los actos armados en la mar; además de evitar la pesca ilegal en la zona de operaciones.

Los primeros destinos de este asturiano fueron embarcado. Llegó a Las Palmas de Gran Canaria en el patrullero ‘Tagomago’, con base en la capital; luego desempeñó funciones en el petrolero de flota ‘Marqués de la Ensenada’, con base en Rota; y en el patrullero de Altura ‘Cazadora’, con base también en la capital. Posteriormente pasó destinado al Estado Mayor del Mando Naval de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria.

En el ámbito internacional ha desempeñado despliegues bajo bandera de Naciones Unidas, Unión Europea y OTAN y en diversas comisiones en países del Golfo de Guinea relacionadas con la seguridad marítima en esta zona.

Ahora, destinado en Brest su ámbito de operación cubre buena parte del Océano Índico, incluyendo el golfo de Adén y el Mar Rojo y la misión está integrada en la estructura del Cuartel General de la Operación Atalanta, ubicado en la Base Naval de Rota (Cádiz), en el marco la lucha contra la piratería en Somalia y el Índico.

La Operación Atalanta tiene nivel estratégico, y al mando se encuentra el vicealmirante José M. Núñez Torrente. «En toda la zona de operaciones se pueden desarrollar ataques de piratería. Es evidente que en las más próximas a las costas de Somalia es donde habrá mayor riesgo de un ataque, pero también es posible el uso de buques nodriza que permitan un acto de piratería en alta mar. Se han registrado ataques e incidentes relacionados con la piratería no solo en las costas de Somalia, sino también en el Golfo de Adén, en el Estrecho de ‘Bab el Mandeb’ y en el Mar Rojo, así como en el mar Arábigo y en el Golfo de Omán.

Asegura Diego Ron que las tripulaciones «son muy variables, tanto si se refiere a los buques militares como a los buques mercantes. Los buques militares que actualmente están operando bajo bandera de la operación Atalanta son buques tipo fragata, con helicópteros y aeronaves no tripuladas (dron) a bordo y con una dotación aproximada de unas 250 personas. La tripulación de los buques mercantes es mucho más variable, dependiendo del tipo de ­buque».

Factores geoestratégicos

«Lo más destacable es que la zona de operaciones, especialmente el cuerno de África y la zona del Golfo de Adén, es una de las rutas comerciales más concurridas del mundo y principal vía de comunicación mercante entre Europa y Asia, con un tránsito aproximado de 20.000 buques anuales», relata el asturiano con pasado en la capital grancanaria. Incidentes como el bloqueo reciente del canal de Suez por el Mercante ‘Ever Given’ y las consecuencias económicas que ello supuso para Europa y los países del entorno demuestran la importancia geoestratégica de permitir una navegación libre en el área de operaciones de Atalanta. «Todo ello sin olvidar la protección de la navegación de los buques que el WFP (Programa Mundial de Alimentos de la ONU) opera para su envió de ayuda humanitaria, fundamental en algunas regiones de Somalia y su entono», señala.

En la operación Atalanta se encuentran integrados en torno a 600 militares y personal civil distribuidos en los diferentes cuarteles generales. Actualmente cuentan con hasta dos buques de guerra desplegados en apoyo directo, y uno en apoyo asociado, compartiendo actividades e información. También cuentan con una aeronave de reconocimiento marítimo, un helicóptero y un dron embarcado en la fragata Victoria junto a un equipo de protección embarcado en el buque del WFP Spiekeroog, que es el que actualmente opera en ayuda humanitaria en las costas de Somalia. «Durante estos años, más de 2.700 buques han sido auxiliados y más de 1.500 buques del WFP han sido protegidos, ayudando a la entrega de más de dos millones de toneladas de ayuda humanitaria en Somalia y países del entorno», indica.

Hay numerosos grupoes de piratas armados en el Índico. «La situación estructural de Somalia como nación ha facilitado que durante años haya sido un caldo de cultivo para actividades ilegales, siendo la piratería una de las más fáciles y rentables de ejecutar por la nula presencia de seguridad en las aguas circundantes. Gracias a la creación de las estructuras regionales y gubernamentales se ha logrado suprimir la piratería hasta lograr que sea una actividad residual. El riesgo aún persiste y nuestra presencia, así como la del resto de fuerzas, es fundamental para mantener contenida esta lacra así como evitar que las mafias que la controlan puedan diversificar sus actividades ilícitas, por ejemplo, en el tráfico de armas, drogas o carbón».

Los equipos de protección embarcados en los buques del WFP tienen la misión de proteger al mismo de cualquier tipo de acción hostil, abordaje o agresión. Llevan armamento y material para ello, además de un entrenamiento específico enfocado a esta misión. Normalmente el equipo suele contar con entre doce y quince militares a bordo. En la actualidad, un equipo serbio es el que cubre esta misión.

La ayuda humanitaria en África tras la pandemia es un condicionante ya que «ha ahondado los problemas humanitarios que existen no solo en Somalia, sino en muchos países del entorno, por lo que la ayuda humanitaria se considera fundamental. Pero hay que destacar que la protección de los buques del WFP, así como el resto de buques vulnerables que transitan el aérea de operaciones, siempre ha sido una de las máximas prioridades de esta operación».

Ataques

Pero el covid también influye en la Armada. «Los buques han tenido que permanecer entre cuatro y cinco meses desplegados sin poder desembarcar su personal en ningún puerto y manteniendo todas las medidas anticovid a bordo, hasta que finalmente se ha logrado vacunar a todas las tripulaciones que despliega. La misión no ha visto limitada su capacidad en ningún momento, cumpliendo con todas sus misiones y demostrando así la altísima profesionalidad y compromiso de todos sus componentes con la operación. Un gran éxito que en tiempos de pandemia hay que remarcar y enorgullecerse de ello».

Durante todo el periodo en el que la operación ‘Atalanta’ ha estado activa, desde 2008 hasta hoy, se han producido más de 700 ataques en el área de operaciones, de los cuales unos 150 están directamente relacionados con la piratería. «En el último año, gracias a la acción conjunta de EU NAVFOR Atalanta y el resto de fuerzas internacionales que operamos conjuntamente, estos ataques se han reducido a tres, de los cuales ninguno está relacionado con acciones de piratería. Estos resultados nos hacen ser muy optimistas con un futuro cercano en el que la piratería esté erradicada, pero actualmente no se dan las condiciones necesarias para garantizarlo, ni en el territorio somalí, ni en el de los países de su entorno. Una finalización prematura de las operaciones en la zona, provocará un resurgimiento casi inmediato de la piratería y la vuelta a la dramática situación que se mantuvo especialmente durante los años 2008 a 2015», concluye.

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