BARRIOS

Una plaga de moscas en Siete Palmas incomoda a vecinos y comerciantes

La asociación vecinal Siete Palmas de Las Palmas de Gran Canaria protesta por la ubicación de las cubas de estiércol del campo de fútbol

El Estadio Gran Canaria renovó hace unos días el césped de verano por uno de invierno

Plaga de moscas en Siete Palmas

C. T.

Comerciantes y vecinos de la calle Fondos de Segura, en el barrio de Siete Palmas, se vieron afectados este fin de semana por una plaga de moscas que impidió abrir las ventanas de las viviendas y atender con comodidad a los clientes. Los más perjudicados fueron los restaurantes y negocios de comida, ya que los insectos espantaban a la clientela. Alguno de ellos incluso tuvo que cerrar ante la situación.

La aparición de los insectos comenzó el jueves, pero el fin de semana se incrementó el «mosquerío» hasta el lunes haciendo superincómodo la atención al público, según relataron algunos empresarios de la zona a este periódico el miércoles. La zona de la calle que más se vio afectada fue a la altura del número 13 de la vía, que se encuentra entre la calle Lomo San Lázaro y Matías Vega Guerra. 

El presidente de la Asociación vecinal Siete Palmas David Rodríguez declaró que el problema llegó con el estiércol utilizado para replantar el césped del Estadio de Gran Canaria y que está durante días en cubetas. «En otras ocasiones ha habido moscas y mosquitos, pero está semana ha sido insufrible», comentó el presidente de la asociación, que remitió una queja al Instituto Insular de Deportes del Cabildo de Gran Canaria al depender el Estadio de Gran Canaria de esta institución. 

«Llevo 23 años viviendo en Siete Palmas y nunca había visto esto. Pensé que se había muerto alguien en el edificio», apuntó Auxiliadora Sánchez, vecina de la calle

Las casas y los comercios se encuentran a escasos metros del estadio deportivo, que ha estado reponiendo su césped de verano por otra variedad más adaptada al invierno el martes y miércoles de la pasada semana de cara al partido con el Getafe el 1 de diciembre. 

Quejas desde el 2019

La asociación vecinal lleva desde 2019 quejándose de la ubicación de los recipientes de compostaje a la altura del campo de hockey, más cercano a las casas. El colectivo pide a la institución insular que no deje las cubas durante días en el complejo deportivo o que las reubique en otro lado, pero no «a 50 metros de los vecinos». «No me puedo creer que en otra urbe haya al lado de un estadio de fútbol depósitos de estiércol; que las suba a Barranco Seco que allí no molestan a nadie», señaló el presidente.

Restaurantes, peluquerías e incluso autoescuelas se vieron afectados por el problema. «Tuvimos clientes que se fueron enfadados porque vinieron a comer tranquilos y se pasaron el tiempo comiendo incómodos y espantando moscas. Había un mosquerío insoportable e incluso nos planteamos cerrar hoy si el problema persistía porque no es sano», declaró Ana Muñoz, empleada del local Bahía Negra, que no pudo cerrar las puertas para que los clientes comieran dentro por falta de aire acondicionado. 

La asociación asegura que otras veces han tenido el mismo problema, pero que en esta ocasión fue peor

Este miércoles se veían moscas en los locales, pero nada en comparación con los días de atrás, según contaron los empresarios y los vecinos. «Fue una pasada. Ahora mismo estábamos hablando con un proveedor y era imposible atenderle sin espantar moscas», declaró, Alberto Pérez, responsable de Peluquería Alberto Pérez, señalando a los insectos que aún se pegaban a las lámparas y al mostrador del local pese haber rociado el establecimiento con insecticida. «Echaba flip por la noche al cerrar y por la mañana parecía que se reproducían. Era asombroso», dijo. 

El dueño la parrilla La Mona, Sebastián Valencia, sí tuvo que cerrar el local el martes ante la situación. «El sábado y el domingo fue imposible, la gente se quejaba de las moscas y ayer decidimos cerrar», indicó.

Auxiliadora Sánchez, vecina del número 13 de la calle, tampoco pudo abrir la ventana de la cocina y del salón pese a vivir en un piso alto. «Llevo 23 años viviendo en Siete Palmas y nunca había visto esto. Pensé que se había muerto alguien en el edificio», apuntó.