El éxito del Tiguan no ha cogido por sorpresa a Volkswagen. Con los SUV y crossovers lanzados al estrellato, la marca alemana supo de su potencial y en unos pocos años ya es su coche más vendido. Más incluso que leyendas como el Golf o el Polo. Dado su protagonismo, todo cambio en un coche que es el ‘top ventas’ de un fabricante de este calibre siempre corre el riesgo de romper eso tan inefable que lo hace un fenómeno. Por ello, el Tiguan de 2021, el restyling de la segunda generación que tiende el puente hacia la tercera, no juega con fuego.

Los diseñadores han recopilado algunos de los rasgos y recursos de diseño empleados por algunos de los últimos lanzamientos, especialmente en el Golf VIII para dar un soplo de aire fresco a la austera línea de su todocamino compacto. Han afilado el lápiz, pero no han querido salirse del margen. De hecho, Volkswagen, una marca poco propensa a transformaciones, ha sido más audaz al renovar el Golf que el Tiguan. Otro detalle ilustrativo de esa reposansabilidad del SUV.

Es en la versión R-Line, la más deportiva al margen –claro está– del Tiguan R de 320 CV, donde la restilización saca el máximo partido a todos estos cambios. También, con el motor 1.5 TSI de 150 CV y el cambio DSG7, la que nos recuerda por qué el Tiguan es, hoy por hoy, lo que es: el Volkswagen más vendido.

Los bajos más poderosos de esta línea de acabado son el mejor entorno posible para que se aprecien todos los cambios del frontal. Como en el Allspace, el capó es más alto, se ensancha la parrilla y las ópticas, como en el Golf, se prolongan hacia los pasos de rueda, aunque mantienen una forma más rectangular que en el compacto. La toma de aire inferior tan característica de los R-Line, adquiere un diseño mucho más sofisticado no tanto en sus flancos –conserva la moldura en color negro brillante ahora ennoblecida con un junquillo cromado–, sino mediante una serie un labio inferior a modo del splitter de un coche de competición.

Con ese lifting del rostro, con pequeñas pinceladas –mínimas– en el lateral, la ubicación de la denominación Tiguan en la espalda, el uso del nuevo emblema de la marca y la R estilizada, este SUV se ve listo para seguir en primera línea del segmento más vivo e inquieto del sector de la automoción.

En cabina, el Tiguan mantiene el ‘hardware’ y perfecciona el ‘software’. El sistema de infoentretenimiento es una evolución, el MIB3 y, fundamentalmente, abre la puerta a nuevos servicios conectados, aplicaciones en streaming, conectividad sin cables para Apple CarPlay y Android Auto y un control por voz que permite comandos con lenguaje natural y que ya habíamos probado con anterioridad en otros modelos de la marca.

Lo más novedoso es el nuevo módulo táctil para el sistema de climatización que en este modelo es de tres zonas. Más o menos funcional según gustos, simplifica aún más el diseño de la consola central al sustituir botones y mandos por unos deslizadores táctiles con los que se regula la intensidad del ventilador y la temperatura. El acabado R-Line lleva implícito el cuadro de instrumentos digital, la iluminación ambiental personalizable y el tapizado que combina la tela en diseño ‘Sardegna’ y los laterales en un tejido que la marca llama ‘ArtVelours’.

Conducir el Tiguan es como reencontrarse con un viejo amigo. No importa el tiempo que lleves separado de él porque la conversación y la energía fluyen de inmediato. Si hay una palabra que define el comportamiento del todocamino compacto de Volkswagen es noble y aunque no sea el más dinámico o el más ágil –territorio del Tiguan R de 320 CV y gestión selectiva de par en cada rueda–, sí es un coche muy agradable, confortable y predecible.

El tándem que forman el motor 1.5 TSI (turbo de inyección directa) y el cambio automático de doble embrague y siete velocidades es, siempre, una apuesta acertada por el compromiso entre prestaciones, confort y economía de consumo. 150 CV son perfectos para un vehículo de 4,5 metros de largo.

Una conducción más confortable y segura

Como rutero, el nuevo Tiguan refuerza sus cualidades con los nuevos asistentes. Más allá del mayor o menor avance hacia la conducción autónoma, lo más importante del Travel Assist, el asistente que fusiona el control de crucero adaptativo (ACC) con el aviso de salida de carril (ahora más preciso en la lectura de los límites de la carretera), es su enorme utilidad. Pulsando un botón del volante, dirección, freno y acelerador se controlan automáticamente haciendo los trayectos por vías rápidas una delicia. El ACC predictivo también tiene en cuenta las indicaciones de límite de velocidad, tanto de las señales que lee la cámara frontal, como del GPS.


También hace más placentera y segura la conducción nocturna la iluminación IQ Light. Este sistema que estrenó el Touareg en Volkswagen emplea unos faros matriciales con 24 leds por módulo con distintas funciones que se encienden o apagan según las necesidades de iluminación. Junto al Light Assist que regula automáticamente las luces de carretera, conducir el Tiguan en una carretera de montaña en noche cerrada puede ser una experiencia de lo más agradable.

Volkswagen Tiguan