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Análisis

Tsipras y Zapatero, un juego de espejos

El firme arranque del primer ministro griego frente a la UE desborda aquel debut contundente del español, al subir un 30% el salario mínimo e ignorar la paridad

El arranque del nuevo Gobierno griego ha levantado ampollas en la Unión Europea. Con inusual firmeza, el primer ministro, Alexis Tsipras, ha comenzado a impulsar las primeras medidas prometidas por la coalición izquierdista Syriza para poner fin a cinco años de política de austeridad en un país empobrecido, en el que el desempleo se ha disparado al 25 por ciento a la vez que el producto interior bruto se ha reducido una cuarta parte.

Al Gobierno de la izquierda radical trufado de excomunistas no le ha temblado el pulso para subir un 30 por ciento el salario mínimo, de 580 euros a 751 euros. Ante el castigo de los mercados, que no le han concedido ni un minuto de gracia, Tsipras ha decidido pisar a fondo el acelerador para dar electricidad gratis a 300.000 hogares, paralizar la privatización del sector, renacionalizar puertos y aeropuertos, revocar los despidos "inconstitucionales" de funcionarios, suprimir el copago y restablecer el acceso universal a la sanidad, del que está excluido el 30 por ciento de la población.

El primer ministro busca que esas medidas calen entre los griegos y con ello ganar tiempo frente al desplome con el que la Bolsa ha saludado su toma de posesión, la remontada de la prima de riesgo y el agravamiento de la fuga de capitales. Sin embargo, es la contundencia con que Tsipras ha desafiado a la Unión Europa lo que más ha llamado la atención.

La amenaza de las autoridades griegas de bloquear las sanciones a Rusia, precedida de la decisión de Tsipras de romper con la tradición y recibir al embajador de Moscú antes que al de EE UU, ha abierto una brecha con la UE. En Atenas se interpreta este movimiento como una maniobra para reforzar la posición helena en el pulso negociador sobre la deuda. Como réplica, el espionaje de varios socios europeos rastrea las conexiones con Moscú de varios ministros griegos procedentes del Partido Comunista, después de que el ministro de Defensa, Kamenos, de la derecha nacionalista, abogara por una mayor colaboración con Vladimir Putin en la compra de armamento.

El gran golpe de efecto ha sido sin duda el anuncio del ministro de Finanzas, Varoufakis, de que Grecia no reconoce a la "troika" (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario) y su negativa a negociar con ella. Bruselas descartó una quita para la deuda griega, a cambio de una ampliación de plazos y una reducción de intereses. Pero su disposición a disolver la terna se topó con el rechazo alemán; para Berlín, esa decisión no puede ser unilateral.

¿Son los primeros pasos de Tsipras similares a la contundencia de Zapatero cuando nada más llegar al Gobierno decidió sacar a las tropas españolas de Irak para cumplir su promesa electoral? En su programa el ahora expresidente aseguraba que las retiraría si antes de junio de 2004 no conseguía una resolución de la ONU que lo apoyara. Sin embargo, al día siguiente de tomar posesión, el 17 de abril, anunció inesperadamente la decisión, que indignó a George

W. Bush. Aquellas prisas parecen obedecer al convencimiento de que con más tiempo el nuevo Gobierno quizá no hubiera aguantado las presiones de Washington y sus más fieles aliados.

Aquel movimiento de Zapatero, amparándose en el abrumador rechazo de la ciudadanía a la ­guerra, tuvo más de ejercicio de urgencia que de alarde de firmeza. Cabe recordar que Bush II no atendió su llamada para felicitarle y su relación fue tan fría que únicamente coincidieron para saludarse durante ocho segundos en una cena en septiembre de 2007. Posteriormente España envió tropas a Afganistán con la bendición de la ONU y se involucró en la intervención en Libia.

En líneas generales, los paralelismos que se creen ver entre Tsipras y Zapatero resultan complicados y no van más allá de un ocioso juego de espejos. A ambos les separa casi todo, desde el fuerte carácter del griego hasta las corbatas que no usa. El español es socialista, el heleno un excomunista, como el núcleo duro de su Gobierno, donde no hay ni una mujer, todo lo contrario que ZP, el primer presidente español con un Ejecutivo paritario y una vicepresidenta.

El programa del exgobernante del PSOE estaba más centrado en cuestiones sociales y de derechos, como la legalización del matrimonio gay. A modo de ejemplo ilustrativo: Tsipras sólo ha necesitado días para subir el salario mínimo a 751 euros, 103 más que el vigente en nuestro país. Tras casi ocho años en el poder, Zapatero acabó renunciando a situarlo en los 800 euros, como había prometido.Cuesta imaginar al expresidente socialista echándole un pulso griego a la UE de Merkel como el que está protagonizando Tsipras. Y conviene no olvidar que Zapatero acabó su segundo mandato con dos reformas laborales, el retraso de la jubilación y la ampliación de los años de cotización, el recorte del salarial a los funcionarios y la congelación de las pensiones. Forzado por la 'troika', el exlíder del PSOE cedió al mayor ajuste económico de la democracia para salvar de la intervención a un país que dejó con más de cinco millones de parados y a merced de las políticas de austeridad con sello alemán.

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