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Dos veces breve

Hay que frenar el salvajismo

Los animales salvajes tienen la fea costumbre de vivir y comportarse como salvajes.

Los jabalíes que llegan a los parques o se meten en jardines de las urbanizaciones hacen destrozos, en lugar de hozar con cuidado.

Los venados sorprendidos por la invernada mueren atrapados en la nieve, en lugar de llamar a emergencias para que les mande un helicóptero para salvar su situación.

Los lobos matan ovejas, sin tomarse al menos la molestia de preavisar al pastor para que suba al puerto.

Los osos a veces devoran a sus propias crías, sin pararse a pensar en lo mal que casa semejante acción con la paternidad responsable.

Y hasta las nutrias tienen la desfachatez de acabar con las especies ornamentales que han metido los humanos en los arroyos que eran su hábitat natural.

Ante la imposibilidad de reeducarlos e imponer un mínimo sentido humanitario a semejantes salvajes sólo queda actuar como los americanos con los indios.

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