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Papel vegetal

Entrevistadores

Mostró La Sexta hace una semana en el programa del Gran Wyoming unas imágenes de entrevistas realizadas a políticos tanto del Gobierno como de la oposición del Reino Unido en la BBC por un conocido periodista de ese país: Jeremy Paxman. Es el suyo un estilo directo y muy agresivo. Paxman no se deja amilanar por ningún político, por poderoso que sea, y considera su labor acorralar al entrevistado que tiene delante hasta que responda a las preguntas que le formula. En las imágenes que se nos mostraron, vimos cómo hacía la misma pregunta varias veces a políticos como el actual primer ministro, el conservador David Cameron, o al actual jefe de la oposición, el laborista Ed Miliband. Cameron, con su característica voz chillona, y Miliband, que parece tener siempre patatas en la boca cuando habla, trataron de escurrir el bulto una y otra vez ante el insistente interrogatorio de Paxman.

El periodista, consciente en todo momento de estar preguntado por cosas que interesaban al ciudadano de su país, no cejó hasta conseguir que el político que tenía delante terminara respondiendo o bien tuviera que mostrar su ignorancia. Acabó el programa y eché de menos sólo una cosa: que se nos hubiera presentado a los espectadores como contraste alguna entrevista hecha a nuestros políticos del bipartidismo por cualquier canal público bien de todo el Estado, bien autonómico. Habríamos visto inmediatamente la diferencia: aquí muchas veces el entrevistador o hace preguntas retóricas para mayor lucimiento del entrevistado o, cuando hace alguna molesta, se da por satisfecho con la primera respuesta del político aunque este se haya salido por la tangente.

Muchas veces da la impresión de que el periodista teme que la mínima insistencia o incluso una cierta insolencia que se permita con el político que tiene delante como la que exhibe siempre Paxman en el canal público británico puedan costarle el puesto.

Aquí permitimos además que un jefe de Gobierno convoque a los periodistas y que se dirija luego a ellos desde una sala distinta y a través de una pantalla sin admitir una sola pregunta.

Eso no puede en ningún caso llamarse "rueda de prensa", sino un "acto de propaganda política". Es la diferencia entre nuestra democracia y, por ejemplo, la británica.

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