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Cada cosa en su sitio

Javier Doreste ha sido engañado

Javier Doreste encabeza el grupo de "LPGC Puede" en el Ayuntamiento de la capital y será vicealcalde si sus bases aprueban la distribución de responsabilidades corporativas negociada con el PSOE y NC. Bien están las alianzas para asentar la estabilidad político-administrativa del municipio, pero preocupa muy en serio la insistencia de Doreste contra lo actuado por el gobierno cesante en relación con la Fundación Martín Chirino de Arte y Pensamiento, así como el Castillo de La Luz dedicado -admirablemente, por cierto- a su vertiente expositiva. En actos públicos y en informaciones periodísticas repite falsedades que son groseras mentiras de quien le haya informado. Es penoso que su promesa de "revisar los tratos con la Fundación Chirino" se anticipe al conocimiento personal y directo de dichos tratos: y mucho más lamentable, el que sus alegatos omitan por sistema el valor cultural y artístico de la entidad, su importancia en el prestigio interior y exterior de Las Palmas y el gesto tributado al más universal de los artistas vivos de Canarias.

Cuando lea los documentos, verá que el Castillo de La Luz no ha sido privatizado sino rescatado para rendir a la colectividad un servicio mucho más valioso que el de ruina abandonada; que la retribución del director general, el mayor experto actual en la obra de Chirino, no llega ni a la mitad de la que cita Doreste; que esta persona tiene además, entre sus funciones, la de programar las iniciativas de cultura viva que cualificarán la proyección cultural de la ciudad y sus ciudadanos; que el presupuesto atribuido por el Ayuntamiento es reembolsable en parte; que no existe un "gerente" sino el citado director general, que carece de toda vinculación familiar con el artista; que de las veinticinco obras depositadas por Chirino, una es regalada y las restantes podrán ser adquiridas por el municipio en un periodo muy largo y al 50% de su valor de mercado (fácilmente constatable en las subastas internacionales); y que el conjunto depositado reúne la mayor parte de lo que el escultor retuvo para sí mismo y sus herederos en una larga vida de creatividad que debería llenarnos de orgullo.

Las fundaciones de arte, públicas en su inmensa mayoría, revisten formas administrativas diversas, pero la titularizada por el más grande de los escultores canarios y uno de los mejores del mundo, destaca como muy generosa a poco que se estudien las existentes. Decepciona el cuestionamiento desinformado de las facetas menos valorativas de su enorme significación cultural, apetecida por otras ciudades peninsulares frente a la elección personal del artista nacido en Las Palmas. Y antes de que nadie atribuya estos criterios a mi condición de patrono de la Fundación (junto a Pepa Luzardo, Hilda Mauricio y Lalo Azcona), la reafirmo con el orgullo de serlo y de haber luchado durante lustros por que el primero y mejor museo permanente de Chirino esté en su ciudad natal y en el marco que lo merece.

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