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Aprendiendo de nuestros errores

Manipulaciones

Vaya año! De nuevo se aproximan elecciones; para pasado mañana, las autonómicas catalanas, y a la vuelta de la esquina, las generales. Hemos de prepararnos para sufrir un incremento de la manipulación que, habitualmente, nos rodea. Utilizo aquí el término manipulación en el sentido que le da el filósofo Harry Frankfurt, profesor emérito de la Universidad de Princeton, en su obra On Bullshit.

Como pretendo escribir sobre cuestiones económicas, me referiré, exclusivamente, a las manipulaciones que retuercen los hechos y las realidades económicas.

Seguro que recuerdan ustedes que las dificultades económicas a las que han tenido que enfrentarse muchos países, y particularmente el nuestro, se debían fundamentalmente al hecho de que sus gobiernos se habían endeudado demasiado. ¿Cómo no van a recordarlo, si nos lo han repetido día tras día durante mucho tiempo? Pues bien, eso es lo que Frankfurt calificaría como una "manipulación". No es importante que sea o que no sea cierto, lo importante es repetirlo muchas veces porque al final, ¿quién va a extrañarse de que la mayor parte de la gente se lo crea?

Esa ha sido la "versión oficial europea", y por supuesto también la española: la crisis se ha debido, ante todo, a un problema de irresponsabilidad fiscal, ya que ha habido países que han incurrido en déficits presupuestarios "excesivos" y, como consecuencia de ello, se han endeudado demasiado.

Dos datos: primero; cuando estalló la crisis financiera internacional y la economía española empezó su particular calvario, en un entorno muy complicado, la proporción del stock de deuda pública española sobre el PIB era muy baja, en el entorno del 35%, claramente inferior a la que registraban la inmensa mayoría de los países europeos, incluida Alemania. Con ese dato, es difícil sostener que la crisis tiene su origen en un problema de irresponsabilidad fiscal; pero cuando no te importa la verdad, consiste en repetir una y mil veces tu "interpretación" de los hechos, hasta convencer, manipulando, al conjunto de la opinión pública.

Segundo; hoy, ocho años después y casi cuatro desde que gobiernan quienes, al menos teóricamente, "idolatran" la lucha contra el déficit, como si este fuera la peste, la ratio de deuda sobre PIB se ha elevado hasta prácticamente el 100 por cien, habiendo crecido año a año. Hoy, la situación económica, con más deuda pública, es, sin duda, mejor que la de hace cuatro años, sin que ello signifique, como algunos pretenden vendernos que hemos dejado la crisis. No es tan evidente, pues, que el problema fundamental sea el déficit y la subsiguiente deuda que el mismo genera; como tampoco significa que se pueda mantener un elevado déficit de forma indefinida. Simplemente, el déficit es un instrumento más de política económica, para usarlo cuando conviene para minimizar los efectos negativos de una recesión.

Los manipuladores, dando por supuesto que la mayoría de la población no tiene la formación suficiente para entenderlo, no tienen el más mínimo rubor en utilizar el "sentido común". Ya saben: uno no debe gastarse lo que no tiene. ¿Les suena? Los manipuladores han venido invocando analogías extremadamente simples, como la citada un poco más arriba, entre el comportamiento de los gobiernos y el de las familias, apelando a razones de moralidad y de buena administración, para justificar sus injustificables planteamientos. Pero, en primer lugar, todo economista sabe que un gobierno no es, en absoluto, homologable a una familia; y, en segundo, si, por ejemplo, no fuera a través del endeudamiento, ¿cómo podrían la inmensa mayoría de las familias adquirir una vivienda? ¿Es, necesariamente, irresponsable recurrir al crédito? Si fuera así, ¿por qué, al mismo tiempo, nos ha preocupado tanto que no fluyera? Es muy sencillo: si el crédito no jugara un papel esencial en la economía, no existiría el sistema financiero. La manipulación es rechazable, pero luchar contra ella a través de la "verdad" no suele funcionar. Por ello, en ocasiones comprobamos que, no solamente en política, pero también en ella, se suele recurrir a una manipulación para luchar contra otra. Los "bullshitters" (manipuladores o charlatanes) son auténticos farsantes, a los que les resulta absolutamente indiferente que lo que digan sea verdadero o falso, lo único que les importa es influir en los demás, en la dirección que a ellos les interesa; y cuantos más mejor. Hace unos días escuché a un miembro muy destacado del gobierno afirmar que las cosas han cambiado tanto que, ahora, el crédito ya está creciendo; e incluso ha citado un porcentaje que, si no recuerdo mal, lo situaba sobre el 12 por ciento. Eso no es cierto. Al menos no lo es si nos fiamos de las estadísticas que publica mensualmente el Banco de España. El crédito a los sectores privados residentes de la economía española todavía está retrocediendo: ha caído más de 65.000 millones de euros en los últimos doce meses (mayo 2014, contra mayo 2015, que es el último dato oficial publicado) y también se ha reducido durante los primeros cinco meses de este año. Quiero pensar, con buenas intenciones, que pretendía referirse al flujo de nuevo crédito, aunque, bien intencionadamente, bien por desconocimiento de las diferencias entre los flujos y los stocks, el resultado es que transmite incorrectamente a la opinión pública una información que supone le beneficia.

También por ello, dentro de la filosofía de que "lo único que es serio es ser serio" -una de las tautologías preferidas de nuestro presidente- se están tramitando unos presupuestos generales del Estado que sus autores saben que no van a poder aplicar, sea cual sea el resultado de las elecciones, de entre los varios razonablemente previsibles. Desde mi perspectiva, al menos aparentemente, la misión de este proyecto de presupuesto es decirles a los españoles que, aunque en el pasado no han tenido más remedio que hacer cosas desagradables para poder arreglar el desastre que heredaron, ahora que han podido arreglarlo van a ser mucho más buenos. Así están las cosas y en las semanas y meses que quedan solamente pueden ir a peor.

(*) Economista

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