Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Y se formó la gozadera

Fue Rajoy quien lo confirmó. Sólo a media voz porque, qué quieren, la situación y el personaje tampoco dan para más fiesta. Pero sí, está en modo gozadera. Arrastrar al baile a Ciudadanos hizo que salsa y reguetón se unieran para dar suelta a la chispa que lleva dentro. Muy dentro.

El primer paso de una larga caminata según él, que camina deprisa. ¿Deprisa después de dos elecciones, una renuncia al Rey y siete meses mediante? Valeeee, adoptamos nueva modalidad de running si así se forma gobierno.

No me digan que, tras la reunión con Rivera, no les causó hasta ternura verle diciendo que ya podía negociar algo. Fue como remontarnos a los días de parvulario cuando alguien se acercaba al niño arrinconado para animarle con un "venga, que ahora sí te ajunto".

Tan entusiasmado está que, sin que le salgan aún los números para ser presidente, ya abre una negociación con C´s para los temas urgentes: el techo de gasto, los presupuestos y -supongo- por dónde van a meter tijera a los 15.000 millones de ajuste para 2017.

Alguien diría que se están saltando una fase del juego, pero otros que acaban de abrir, otra vez, el teatrillo. Es decir, que lo que cerró Rajoy con Rivera va más allá de lo que dijeron y que C´s evolucionará, cual Pokémon, de la abstención al sí de la investidura.

A cambio, silencio en la sala para que Rivera pueda vender a precio de oro sus votos y se justifique en el tiempo de descuento como el salvador de la patria que se ha sacrificado por España.

Y así, en esa última hora y como diría uno de los barones socialistas más cañeros, forzar al PSOE a mirar para otro lado porque a ver quién es el guapo que impide un gobierno y se responsabiliza de unas terceras elecciones.

De otra manera no se entiende la gozadera que se acaba de instalar en La Moncloa. Ni tampoco que, cuando el pescado de la abstención de Ciudadanos ya estaba comprado, se abran ahora negociaciones sobre futuribles de un gobierno que hoy, según lo que cuentan, sigue siendo imposible.

Si todo fuera de este modo, pues hasta nos vale la artimaña porque aquí, además de acostumbrados a esas malas artes, sobre todo estamos hasta la peineta.

Conspiren, oculten y hasta mientan. Pero sepan que no somos tontos. Sólo nos haremos los locos para superar uno de los episodios más impresentables que ha vivido este país.

Manos a la obra cuanto antes y a interiorizar que el mandato de las urnas, nos guste o no, fue diálogo, negociación y pacto. A unos se les acabó lo de gobernar porque yo lo valgo y el resto que deje las trincheras partidistas, los asaltos al cielo y los "sí, tal vez, depende".

Los que valemos como nadie aguantando estoicamente esta performance somos los ciudadanos. Los que estamos en las trincheras del día a día también somos nosotros. Y somos, además, los que nos merecemos el cielo bailando la gozadera en un país que pagamos para que, al menos, funcione.

Compartir el artículo

stats